Por qué escojo la poesía

Escribir poesía es mi manera de conocerme a mí mismo. Me provoca mucho placer encarnar en un puñado de líneas mis descubrimientos existenciales: lo que aprendo del amor, de la naturaleza, de la existencia humana, de quienes me rodean, de los miedos y esperanzas compartidas; escribir poesía es compactar complejidades en palabras que les hagan justicia, y es mi manera preferida para registrar y metabolizar mis experiencias fundamentales. La elijo como vehículo expresivo porque sacia mi hambre de sentido y de belleza.

 

Tengo la práctica de escribir un diario, pero hay años completos en que el único registro son mis cuadernos de poesía. A través de esos versos incompletos, tachonados, vivos —escritos con la presión de la tinta en furia sobre el papel, o con frases que exhiben la lentitud de la depresión— puedo reconstruir el delicado entramado emocional de fragmentos importantes de mi vida. Por ejemplo, no tengo diario del 2018 —uno de los peores años de mi existencia— pero hay un poema escrito en ese año que me traslada de inmediato a ese paisaje emocional:

 

“Pienso en el universo y me siento enfermo:

no dejo de considerar que el ser humano enferma a la tierra

y la tierra enferma al sistema solar

y el sistema solar enferma a la galaxia

y la galaxia enferma al universo

que a su vez, ME ENFERMA…”

 

También hay etapas excitantes, ambiguas y contradictorias, en las que la poesía ha sido el archivo de mis pasiones. Por ejemplo, puedo contar los más desquiciados aspectos de un complicado affaire en treinta segundos de lectura:

 

Tu mente es un sol negro y lo sabe mi piel púrpura

Tu mente –¡ah, tu mente!– tu mente es salvaje y sublime

tu mente es un cigarro que le susurra al fuego: ¡cógeme, cógeme!

tu mente me excita tu mente es hermafrodita tu mente es bisexual tu mente es mi timbre del diablo tu mente es un pezón lamido por tres gatitos tu mente estalla, baila, se sacude tu mente es un niño borracho de pastel

tu mente explora mis resquicios, me desnuda como una mandarina y me come gajo a gajo

tu mente me ha poseído mil veces antes de este encuentro con tu cuerpo,

en el que tu mente, para mí, ha muerto

 

Period.

 

Lo que más me emociona de este momento de mi vida es comenzar un registro vital expandido, en el que la poesía no solo sea mi diálogo íntimo, sino también una oportunidad para compartir mi búsqueda de la verdad y la belleza en el lenguaje más preciso y vívido posible. Me seduce pensar que alguien, en algún lugar inesperado, lo leerá, activando así entre nosotros una intrincada red de encuentros y complicidades. Me emociona saber que allá afuera todavía existe alguien.

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