Sin personas trans no hay Orgullo: la deuda del movimiento con su historia
Cada junio, el Mes del Orgullo LGBTQ+ inunda las calles con banderas arcoíris, celebraciones, marchas y campañas. Pero entre los brillos, las consignas y las fotos virales, una pregunta crucial emerge: ¿dónde están las personas trans en esta narrativa? ¿Están siendo celebradas o simplemente toleradas? ¿Sus luchas están al centro del orgullo o relegadas a los márgenes?
Recordar la historia del movimiento LGBTQ+ sin reconocer el papel protagónico de las personas trans es contar solo la mitad del relato. Desde los disturbios de Stonewall, donde figuras como Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera enfrentaron a la policía y al sistema, hasta las actuales movilizaciones por derechos laborales, acceso a salud y reconocimiento legal, la comunidad trans ha estado siempre al frente. Sin embargo, también ha sido la más violentada, la más invisibilizada y, muchas veces, la más olvidada incluso dentro de sus propios espacios.
Las cifras lo confirman: según el informe más reciente de Transgender Europe (TGEU), en el último año se registraron 375 asesinatos de personas trans y género-diversas en todo el mundo. América Latina, y en especial México, encabeza la lista de regiones más letales para vivir con identidad trans. Organizaciones como Letra S han documentado múltiples casos de violencia extrema, lo que demuestra que la celebración del orgullo no puede ser un espectáculo de marketing vacío si no se acompaña de justicia y memoria.
El orgullo debe ser, ante todo, político. Y para las personas trans, esto significa exigir el fin de la transfobia estructural, visibilizar las violencias cotidianas y luchar por condiciones de vida dignas. No basta con representaciones simbólicas; se necesitan políticas públicas con enfoque de género, leyes que garanticen el acceso a la salud integral, reconocimiento de identidades no binarias y seguridad ante los constantes crímenes de odio.
Por eso, en lugar de limitar las conmemoraciones a un solo día como el 20 de noviembre —Día de la Memoria Trans, que recuerda a quienes han sido asesinadxs por ser quienes son— el Mes del Orgullo debe ser también un tiempo para levantar sus nombres, sus luchas, sus conquistas y sus demandas.
¿Qué implica reivindicar el orgullo trans?
- Reconocer la historia: Honrar a quienes construyeron los cimientos del movimiento desde las esquinas de la marginalidad y la resistencia.
- Visibilizar las violencias: Señalar las estructuras que siguen violentando a las personas trans, desde la policía hasta los servicios de salud excluyentes.
- Impulsar educación con enfoque de género: Enseñar desde la infancia que hay muchas maneras de habitar el cuerpo, el deseo y la identidad.
- Promover leyes justas: Garantizar el derecho a la identidad, la salud, el trabajo digno y una vida libre de discriminación y violencia.
- Crear redes de apoyo reales: Desde lo comunitario, generar espacios seguros donde las personas trans puedan desarrollarse con plenitud.
Este junio, que el orgullo no se quede en el arcoíris: que abrace la T, la visibilice, la escuche y la defienda. Porque sin justicia trans, no hay orgullo posible. Porque celebrar la diversidad también significa luchar por quienes aún no pueden caminar seguras por la calle. Porque cada persona trans viva, feliz y respetada, es una victoria de todos.