Anfibios y malaria: Otro ejemplo del vínculo entre biodiversidad y salud

Mientras se busca culpables a la profunda crisis que vivimos y viviremos por los efectos del Covid-19, más evidencia se suma para asumir que, más allá del papel que juegan gobiernos y sociedades en la contención sanitaria y económica que nos aqueja en estos momentos, existe un vínculo entre nuestros actos y la naturaleza.

Muchas de las enfermedades que nos afectan en la actualidad, pueden entenderse como un efecto lógico de los dramáticos efectos de la historia de explotación contra la Madre Tierra; hoy agravados más que nunca, por la continuidad de un sistema que mantiene una idea de progreso medida por acumulación de capital frente al deterioro ambiental.*

Un ejemplo de esto es el incremento en los índices de malaria en Centroamérica, por culpa del dramático descenso en las poblaciones de anfibios de la zona.


La propagación mundial de Batrachochytrium dendrobatidis, causante de la quitridriomicosis, ha sido responsable de la muerte masiva de anfibios en todo el planeta desde la década de los 80. Un estudio de 2019 encontró que esta enfermedad fúngica ha desempeñado un papel clave en el declive de más de 500 especies de anfibios en las últimas décadas y que presumiblemente originó la extinción de 90 especies.

En Costa Rica y Panamá, esta enfermedad circuló desde principios de la década de los 80 hasta la década de 2000. Paralelamente, ambos países experimentaron importantes aumentos en los casos de malaria.

Los efectos de romper las cadenas alimenticias

Crédito: Robert Freckleton

En un nuevo estudio, aún sin revisar, presentado hace unos días en la reunión anual de la Unión Geofísica Americana por parte de Joakim Weill, economista ambiental de la Universidad de California, los investigadores analizaron si estos brotes de malaria estaban relacionados con la disminución de los anfibios, ya que estos se nutren de los mosquitos que transmiten la enfermedad. Así, compararon el momento y la extensión espacial de la muerte de anfibios con los casos de malaria en Costa Rica y Panamá, en cada condado desde 1976 hasta 2016.

Los investigadores encontraron un aumento significativo en los casos de malaria en estos países que comenzó inmediatamente después de que empezarán las muertes de anfibios y alcanzó su punto máximo 5 o 6 años después. En 1980, había menos de 1.000 casos de malaria en los dos países, pero estos comenzaron a aumentar en 1990 y alcanzaron su punto máximo de 7.000 en Costa Rica a mediados de la década de 1990, y de 5.000 en Panamá a mediados de la década de 2000.

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Los casos de malaria volvieron a bajar después de este pico, y los científicos sospechan que esto se debe a intervenciones locales de salud pública como la fumigación con insecticidas.

La pérdida de biodiversidad afecta a la salud

Ningún otro factor tuvo tanto impacto en los casos de malaria como la disminución de los anfibios

Los resultados presentan las primeras pruebas de que la extinción de especies y la pérdida de biodiversidad pueden afectar directamente la salud humana. Otros factores ambientales como la deforestación también desempeñaron un papel en la exacerbación de los brotes, pero ningún otro factor tuvo tanto impacto en los casos de malaria como la disminución de los anfibios, según el estudio.

“Este trabajo interdisciplinario es como un pequeño bloque de construcción que muestra que podría haber consecuencias no deseadas para la salud humana debidas al colapso de los anfibios, por lo que realmente deberíamos estar dándonos cuenta de estos impactos”, afirma Weill. “Vemos el trabajo como un primer paso importante para desentrañar la relación causal entre el cambio ambiental y la salud humana”, añade.

La Covid-19, que hoy en día acapara las noticias, es solo una de las muchas enfermedades que se habrían evitado y que se podrían controlar transformando de fondo nuestra relación con la Naturaleza; algo que se antoja lejano debido a la incapacidad de imaginar y/o adoptar esquemas sociales que sustituyan el progreso por una visión común de vida digna; solo posible si aprendemos a vivir en comunión con la totalidad de la biósfera.*

Con información de MedRxiv y Agencia SINC | Edición y *comentarios del Colectivo Alterius


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