La élite y su poco compromiso con la democracia


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El documental “La democracia en peligro” que se encuentra en Netflix, narra la coyuntura política que vivió, vive y vivirá Brasil y concluye con una frase lapidaria: “las élites de vez en cuando se cansan de la democracia”. Y esa sentencia no me ha dejado de dar vueltas en la cabeza. Hace unas semanas también escuché a Flavia Freidenberg afirmar que la élite debe comprometerse con la democracia y que si no lo hacía ponía en peligro todo. 

En Brasil, el golpe de Estado a Dilma Rousseff fue una evidencia del poco compromiso de la élite económica, política y mediática hacia la democracia. Estoy convencido que ese es el gran dilema de nuestras sociedades; parece que la élite no está comprometida con la democracia o quizá nunca lo estuvo y cuando pareció estar más cerca y la conocieron al fin se cansaron de ella; me parece que algo así sucede en países como Brasil, Estados Unidos o no muy lejano con México. 

Por ejemplo, en nuestro país, parece no haber compromiso con la democracia en las cámaras parlamentarias, en ese lugar donde incide la élite política, no hay compromiso ni con la más mínima elección de una comisionada y no parece haberlo con otros temas de mayor relevancia nacional. El presidente y su relación con sociedad civil y medios de comunicación también podría ser una evidencia de eso. Pero no solo se trata de él, sino de esa élite económica, de intereses y facciones que se mueve en las tinieblas y en el manejo de los medios de comunicación o la economía: cuando la democracia se convierte en romper estructuras y acuerdos antes pactados, entonces la democracia no me sirve, porque la élite suele moverse con la vieja lógica de que se haga justicia en los bueyes de mi compadre y no en los míos, o en otras palabras: que se haga democracia con mi compadre, no conmigo. 


Por eso me parece criticable que quienes hicieron comentarios alarmistas desde su posición de líder de opinión o de la élite empresarial, paralizando los capitales dando incertidumbre fueron irresponsables: no solo mostraron su bajo compromiso con la democracia sino su estatura moral. También lo ha hecho el presidente, quien entre líneas en más de alguna frase o en muchas, demuestra su poco compromiso con la democracia. 

Esto también se refleja en lo local, diría yo, que ahí es donde es más evidente, cuando hay esfuerzos de grupos locales por democratizar una ciudad y esto implica mover ciertas tendencias o inercias, la élite reacciona y moviliza a medios de comunicación u opinadores para poner un freno de mano a la democracia; si vamos estado por estado, podemos listar casos donde la élite local mostró poco compromiso con la democracia; desde mi visión me parece más regular eso que sí mostrar un  compromiso con la democracia. La élite solo muestra compromiso con la democracia cuando es su democracia. 

El poco compromiso de la élite con la democracia se ve en el poco respaldo que hay a medios de comunicación en crisis o al movimiento feminista, causas verdaderamente democráticas; o también al poco compromiso que existe por hacer esfuerzos intersectoriales para reducir la desigualdad en todas las personas; o para terminar con la polarización, la élite hoy está más comprometida con alimentar la polarización que terminarla, esto solo para poner una muestra del poco compromiso con la democracia. Es fundamental que la élite juegue su rol e invierta sus recursos a favor de la democracia, de lo contrario estamos más cerca de un escenario que describe el mismo documental: nuestro futuro se parece más a nuestro pasado más oscuro.


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