Ya se acabó ‘Luis Miguel’ y nos volvió comentaristas culturales a todos

No veo la serie Luis Miguel en Netflix. Suelo decir que no le entiendo, pero la sigo de oídas porque todos hablan de ella al día siguiente. Realizan memes e incluso, lo impensable, su memoria trasciende a contenido escrito a las horas de haberse liberado el episodio. Es curioso, porque apenas hasta Breaking Bad (y en la quinta temporada, 2012) los mexicanos como masa abrazaron el concepto de series, temporadas y generar una conversación alrededor de un evento cultural efímero.

En ese tiempo, eran poquísimos los que hablaban o generaban contenidos sobre cultura pop, muchos menos los que lo hacían profesionalmente. Y más bien bastantes fuimos consumidores pasivos de estos intercambios, incluso leyendo los famosos recaps o análisis en inglés como los de Todd Vanderweff en AV Club. En corto: México aún no charlaba en forma de series, pero es que -sin engañarnos- antes de la adopción masiva de Netflix siempre fueron un gusto adquirido de un nicho.

Con Luis Miguel todo cambia. En primera, porque es un fenómeno cultural que sí apela a los mexicanos. Pasa que por más buenas que sean Mad MenSopranosVeepWalking Dead o House of Cards, las emociones humanas con las que nos identificamos no alcanzan a hacer clic con el grueso de las audiencias (o al cien, con estas) por el contexto cultural completo.

Luis Miguel, hasta eso, quiere tener un ancla en lo sentimental con un sufrimiento algo forzado acerca del cantante y su padre, un hombre muy malo. Y un misterio tipo Don Draper con el paradero de su madre. La verdad, a mí el cómo no me parece emocionante ya que -grandes revelaciones- ya había visto La Historia Detrás del Mito sobre Luismi. Otro factor es la nostalgia acerca de los ochenta tardíos y noventas. Aunque la serie no me llama, me da algo de curiosidad y emoción ver la notas que hablan sobre easter eggs de la mexicanidad. Que Vero Castro, que el Burro, que El Negro Durazo.

Lo mejor de todo esto es que por fin se ha liberado un interés colectivo para saber más y esto deriva en una cultura de lo que los gringos llaman recaps. Es decir, reseñas con datos y referencias, además de decenas de posts que desmenuzan cada episodio. Eso es algo que me parece -en verdad- algo novedoso y notable para la cultura pop mexicana. Ojo, ya no estamos hablando de Big Brother o el monologue. Los chicos nacidos en el 99 quieren saber más de los ochenta. Y los grandes recordar los noventa. Es cuando todos nos volvemos comentaristas culturales. Y eso ya no es cosa de nicho ni de expertos de petate. Todos estamos charlando sobre televisión, por fin.

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Una versión de esta columna se publicó en LJA el julio 2018.


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