Memorias para el fin del mundo

Testimonio sobre el coloquio Me extingo, luego pienso de 17, Instituto de Estudios Críticos

Claridad excepcional sobre lo dicho: el decrecimiento no es la apuesta, sino la realidad. El decrecimiento es lo menos vivible que se ha vuelto la vida; en cambio, el descrecimiento es la apuesta: frenar, desacelerar. ¿O era al revés? La claridad es, en efecto, excepcional: la norma es que la memoria nos falla. ¿Cómo escribir, entonces, un testimonio? ¿Cómo robarle al pasado un pedazo para escribirlo después?

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La lluvia, torrencial. Los ríos, desbordados, desbordantes. El agua por mucho sobre el nivel del piso. Tabasco. Sesenta y dos por ciento del territorio cubierto por agua. La catástrofe. Hiroshima mon amour: “diez mil grados en la tierra. Diez mil soles, dirán. El asfalto arderá. Reinará un profundo desorden. Toda una ciudad será levantada del suelo y volverá a caer convertida en cenizas.” Villahermosa mi amor. Toda una ciudad será sumergida en el agua y volverá a surgir. ¿Convertida en qué?

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¿Será que nuestro papel en la catástrofe es el mismo en Hiroshima que en el caos climático? La inundación está en otra parte. Recuerdo a esa mujer, meses antes, preguntando cómo construir memoria para evitar que se repitan las catástrofes. ¿Es eso posible, siquiera? Porque las catástrofes no se repiten; la catástrofe es iterativa: vuelve, pero algo ha cambiado, como algo ha cambiado con nosotros.

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Como tú, yo también intenté luchar con todas mis fuerzas contra el olvido. Y he olvidado, como tú. Como tú, deseé tener una memoria inconsolable, una memoria de sombras y de piedra. Luché por mi cuenta, con todas mis fuerzas, cada día, contra el horror de ya no comprender en absoluto la evidente necesidad de recordar. Y como tú, he olvidado…

Hiroshima mon amour

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Pero aun cuando escribimos sobre la memoria escribimos ahora. No tenemos más que este nudo entre antes y después. ¿Cómo escribir un testimonio? Desde aquí. Desde el extraño recuerdo, ya contaminado. Desde el recuerdo que extraña, que añora. Desde las citas de los textos que esos días leímos. Desde el espíritu que ahora colma los días y que quizá ya comenzaba a colmarlos entonces o incluso antes.

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Aun si apagáramos todas las máquinas ahora, el calentamiento global es un hecho: hemos pasado el punto de no retorno. No hay geoingeniería ni reformismo verdoso que valgan. ¿Entonces cuál es el sentido de seguir escribiendo? ¿Es posible escribir crítica después de este punto de no retorno? Después de Chernobyl, de Hiroshima, del caos climático…

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Pero se escribe poesía después de Auschwitz porque muchos seguimos vivos. Szymborska: la vida sigue; la realidad exige que también mencionemos esto.

Donde Hiroshima estuvo Hiroshima está de nuevo, produciendo cosas para el uso de cada día. Este terrible mundo no está desprovisto de encantos, de las mañanas que hacen inestimables los despertares. La hierba es verde en los campos de Maciejowice, y salpicada de rocío, como es lo normal de la hierba. Quizás todos los campos son campos de batalla, todas las tierras lo son, las que recordamos y las que se han olvidado: los bosques de abedules, cedros, abetos, la blanca nieve, las amarillas arenas, la gris grava, los iridiscentes pantanos, los cañones de negra derrota, donde, en tiempos de crisis, puedes esconderte debajo de un arbusto. […]

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Hablo con un biólogo. Me dice que el color de mis ojos es muy improbable, y que los ojos nos salieron del cerebro. ¿Como el pensamiento? Porque es muy improbable la excepción humana; es muy improbable estar escribiendo ahora mismo, o preguntarnos sobre nosotros mismos. ¿Qué tenemos de especial entre todo lo vivo? ¿La habilidad de tejer, como en un texto? ¿La posibilidad de destruir, como en el mundo?

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Si valoramos la unicidad de la vida de cada ser humano es porque, en palabras de Jacques Derrida, cada muerte (humana) implica un fin de mundo ya que con esa persona se va toda una manera de mirar el mundo, de vivir la vida. Se va, en suma, un mundo-de-la-vida. […] cada simio, cada cetáceo, quizá cada ave y mamífero, implican un punto de vista único e irrepetible. Implican un mundo-de-la-vida que se muere en cada ocasión.

–Siobhan Guerrero Mc Manus, ¿Tenemos derecho a un futuro?

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Pero que un pensamiento sea antropogénico no implica que sea antropocéntrico: la crítica puede salir del egocentrismo. Quizá muy pronto a los humanos no nos quede futuro, pero la vida sigue. Hiroshima se cubrirá de flores. Podemos pensar desde lo humano para lo no humano; al fin y al cabo, la tierra es testimonio de sí misma. Sí: como cualquier voz se va con el viento, como cualquier tinta es endeble, pero esto no es una novedad. La novedad sería decidir, y llevar al acto, extinguirnos con dignidad. Dotar de sentido al me extingo, luego pienso. Morir para vivir: tener una muerte digna que redignifique otras vidas. Entender que el fin del mundo no debe ser el fin de todos los mundos.

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