Las bacterias son organismos esenciales para la vida de los árboles

Aunque gocen de mala fama, por publicaciones alarmistas y absurdas donde se les describe como “superbacterias asesinas“, las bacterias que viven en el interior y la superficie de nuestro organismo han demostrado ser de vital importancia para la salud humana, al influir en la nutrición, la obesidad y la prevención de enfermedades. Últimamente se ha hecho hincapié también en la importancia del microbioma de las plantas. Dado que estas no pueden desplazarse, son especialmente dependientes de las asociaciones con los microorganismos porque las ayudan a obtener nutrientes.

En un estudio reciente, Sharon Doty, microbióloga vegetal de la Universidad de Washington, ha demostrado, junto con su equipo, que los álamos que crecen en terrenos rocosos inhóspitos albergan dentro de sí bacterias que podrían aportarles nutrientes valiosos para el crecimiento. Sus resultados, que podrían tener implicaciones en la agricultura, se publicaron en mayo en la revista PLoS ONE.

Los investigadores han descubierto que las comunidades microbianas son muy diversas; pueden variar incluso entre estacas situadas una al lado de la otra. Esta variabilidad hace especialmente difícil cuantificar su actividad, un dato que resulta clave ya que es probable que solo ciertos grupos de microorganismos operen juntos para proporcionar un nutriente a la planta huésped, comenta Doty. La fijación de nitrógeno molecular, muy abundante en la atmósfera, constituye un proceso natural fundamental que contribuye a mantener distintas formas de vida. En los entornos pobres en nutrientes, como los terrenos rocosos y áridos, las plantas se asocian con bacterias fijadoras de nitrógeno para adquirir este nutriente esencial.

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Se sabe que la fijación del nitrógeno se produce en los nódulos ricos en bacterias que presentan las raíces de las plantas leguminosas como la soja, la alfalfa, los garbanzos, las alubias y las lentejas. Las bacterias ayudan a las raíces a fijar el nitrógeno gaseoso de la atmósfera y a convertirlo en una forma que puede ser utilizada por la planta. Existe la creencia de que solo las plantas con nódulos radiculares pueden beneficiarse de este tipo de simbiosis. El nuevo estudio proporciona la primera prueba directa de que la fijación de nitrógeno puede producirse en las ramas de los árboles, sin que sean necesarios los nódulos de las raíces.

El hallazgo  podría tener implicaciones importantes para los cultivos agrícolas comunes. Los microorganismos que el equipo ha aislado a partir de álamos y sauces silvestres podrían mejorar el crecimiento de plantas como el maíz, los tomates y los pimientos, así como el del césped y los árboles forestales. Los abonos sintéticos que suelen emplearse en los cultivos se obtienen a partir  de combustibles fósiles, por lo que su coste puede fluctuar mucho. Identificar las cepas microbianas clave que ayudan a las plantas silvestres a crecer sobre tan solo rocas y arena resultará crucial para reducir la dependencia que tienen la agricultura y la silvicultura respecto a los abonos sintéticos; constituye, además, una forma más natural de impulsar la productividad de la planta, comenta Doty.

Los investigadores se proponen ahora averiguar qué microorganismos concretos contribuyen a la fijación de nitrógeno en los árboles silvestres.

Con información de PLoS ONE y la Universidad de Washington. | Comentarios del Proyecto ALTERIUS

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