Mirnix: “Lo que queremos es que nos deseen” #VíaDiversa

Publicada originalmente en septiembre 2015

Fotos: Annick Donkers

¿Cómo te gusta ser leída por las personas que te rodean?

Me gustaría que me lean desde los feminismos. Hablo de feminismos en plural porque me gusta que la lucha política este situada en términos de contexto y vida cotidiana. Para mí es muy importante resignificar la consigna de los setentas de “lo personal es político” en el sentido de llevarlo no sólo a la parte discursiva y teórica que ejercito, sino el ser congruente con mi cuerpo y cuestionarme la normalidad de los placeres y las maneras de habitar el mundo. Me interesa políticamente situarme como mujer y poner en duda ese binomio mujer-hombre para llevarlo hacia procesos de hibridación. Me categorizo más en un feminismo ligado a la intersexualidad, a esta ambigüedad que va mas alla del binomio sexo-genérico hombre-mujer.

¿Cómo fue tu proceso personal y que referentes te marcaron?

En vida diaria tuvo mucho que ver el contexto en que crecí. Vivía en un barrio que se llama San Juan Pantitlán y que está en Nezahualcóyotl, que en general es un lugar peligroso para las mujeres. Yo estudiaba en universidades del DF y habitaba Neza, por lo que había un ejercico de sobrevivencia/resistencia en que me masculinizaba y utilizaba códigos que tapaban mi cuerpo para poder salir en la calle en la noche y pasar desapercibida.

Por otra parte siempre me han interesado las prácticas que tienen que ver con el cuerpo. Eso ha provocado que todo el tiempo quiero ejercitarlo, o cuidarlo en lo espiritual, la alimentación o el placer. Eso me ha llevado a modificar un poco los códigos, como el cabello, o conservar parte de la feminidiad como el maquillaje. También implica tener una autocrítica de mis afectos, ver que no sólo se puede amar en términos de me gustan todos los hombres o todas las mujeres, o que sólo puedo tener deseo hacia ciertos cuerpos, sino ser más amplia. Ver las personas que en este momento comparten la forma de vida que quiero tener. Encontré el feminismo como la parte de ser congruente entre lo que pienso y lo que mi cuerpo hace. Eso me llevó al arte-acción, a los feminismos y a la teoría crítica. Fue una combinatoria de todo eso.

Encontré el feminismo como la parte de ser congruente entre lo que pienso y lo que mi cuerpo hace. Eso me llevó al arte-acción, a los feminismos y a la teoría crítica. Fue una combinatoria de todo eso.

¿Cómo te relacionas con otras luchas?

Al investigar empecé a encontrar prácticas, sobre todo feministas, que iban más allá de las mujeres que se anuncian como feministas desde lo escencialista, quienes consideran que “sólo las mujeres pueden pueden ser feministas y sólo ellas pueden elegir esa lucha”. Quise romper con eso y cuestionarme ese privilegio, mi propio estado de vulnerabilidad como mujer, como rol en el mundo. Encontré a amiges que se categorizan como bio hombres, o hombres cis, pero que se situan desde mujer, desde ser mujeres más amplio. Elles empezaron a articular una colectividad donde me he sentido más cómode: poder jugar a decir “este día quiero ser más masculina”, o “éste día quiero ser más femmenina”, “éste día quiero escapar”, o incluso encarnar el otro extremo de lo que biológicamente te categorizaron. Así juego con mi representación, con el actuar que tengo en la vida, con mi manera de enunciarme. No quise ser hombre o mujer, sino que me categoricé desde lo inter.

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Fotografía: Annick Donkers

¿Qué obstáculos has encontrado en la práctica para estos procesos?

En primer lugar la confusión en el sentido estético. Me hacen comentarios “desde perfil me veo como hombre, de frente como mujer” o “eres muy guapo o guapa”. Me dicen que hay ambigüedad en mi vida, que tengo que tomar una decisión. Incluso hay amigas feministas que me señalan que políticamente tengo que situarme desde lo lésbico o desde lo heterosexual, pero justo mi postura es ampliarlo. Me sucede mucho en términos afectivos: de repente estoy con una mujer y me puedo enamorar de un hombre o de alguién trans. En mi familia ha sido el conflicto de que no saben como leerme, pero lo hago intencionalmente, para no ser leída desde un sólo lugar. Ha sido un proceso largo. Le puse una x a mi nombre porque es Mirna, que es muy femenino, y le puse la x para hacerlo más ambiguo, desde la androginia, desde el mito del hermafroditismo.

¿Que opinas del matrimonio entre personas del mismo sexo?

Parece sencillo nombrarse, pero ha existido siempre exclusión.
En realidad estoy en contra del matrimonio de cualquier tipo, en el sentido de avisarle a una institución que estás amando a alguien. De mi parte no me interesa estar en ese lugar. Por otro lado, estoy en desacuerdo en que una lucha política que ha estado constantemente entablando una discusión desde la autonomía y desde una política de los afectos, institucionalice esos otros afectos que surgen de estar fuera de la norma del sistema heteropatriarcal, heterocentrista y de la familia nuclear. Reconozco que institucionalizarse de alguna manera puede ampliar derechos, pero considero que no tiene que haber un documento que legitime el amor que tienes a otrxs.

En el DF ya está la posibilidad de cambiarte el nombre si eres trans, y en ese sentido puede funcionar institucionalizar, porque lo he visto a lo largo de ciertas amistades que me han compartido sus experiencias. Sucede que muchas veces en opinión de ciertas autoridades, la expresión o el atuendo no corresponde con el nombre del carnet, y eso repercute en posible discriminación y sospechosismo en aeropuertos, trabajos, aduanas, etc. Ahí si creo que ha funcionado. Parece sencillo nombrarse, pero ha existido siempre exclusión.

En el mar de consignas y experiencias, ¿Cúal te gustaría retomar para cerrar la entrevista?

Se me viene a la mente Néstor Perlongher, poeta trans:

No queremos que nos persigan, que nos prendan, ni que nos discriminen, ni que nos maten, ni que nos curen, ni que nos analicen, ni que nos expliquen, ni que nos toleren, ni que nos comprendan: Lo que queremos es que nos deseen”.

No se trata de que te “toleren”, eso es violento. A mí me gustaría que más allá de ser cuerpos de hombre o mujer, como cuerpos que están sólo ahí, veamos cuerpos deseables y nos demos la oportunidad de desearnos más allá de la posición política. También pienso en la consigna de “Ni dios, ni amo, ni marido ni partido”, que me gusta porque sintetiza un deseo, que en este caso es el de vivir de otra forma.

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    No traje mi diccionario posmo/progre, ¿algún alma caritativa que me pueda traducir tanta verborrea?