PEMEX: los dilemas de una empresa a la deriva

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Uno de los principales cambios que ha realizado Enrique Peña Nieto en su administración es la Reforma Energética, con el objetivo flexibilizar el control del Estado en la industria petrolera y permitir la participación del sector privado en la exploración, producción y venta de hidrocarburos. El principal argumento de sus promotores era el que la participación del sector privado permitiría aumentar la productividad de PEMEX, lo que generaría mayores ganancias para el país. 

Con base en datos del Gobierno Federal, la Reforma Energética dejaría una inversión de 62 mil 500 millones de dólares hasta el 2018, lo que se traduciría en poco más de 212 mil empleos, directos e indirectos. Al mismo tiempo, el gobierno de Enrique Peña Nieto mencionó que las importaciones de productos petroquímicos se reducirían al permitir la producción de éstos en el país.

Otro argumento utilizado por el gobierno para implementar la reforma energética es que PEMEX se había convertido en una empresa del Estado ineficiente e incapaz de afrontar los retos de la industria petrolera del siglo XXI. Por ejemplo, de acuerdo con un importante estudio realizado por el Instituto Baker III y la Universidad de Oxford “El futuro del sector petrolero en México”, entre 2001 y 2009 la industria petrolera perdió 4 billones de pesos por mal manejo de sus recursos. Los déficits de PEMEX y su baja productividad llegaron a ser persuasivas premisas, utilizadas para sostener los cambios en la industria petrolera.

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La industria petrolera en México perdió 4 billones de pesos por malos manejos
— Informe de Instituto Baker III / Universidad de Oxford
Si bien una reforma similar había sido propuesta durante las administraciones panistas (2008) fue hasta después del “Pacto por México” que el Congreso aprobó en su totalidad la reforma que transformaría la relación del Estado mexicano con la industria del petróleo. Esta propuesta, sin embargo, no fue consensuada por todas las fuerzas políticas del país: diversos grupos de izquierda se opusieron a la reforma de Enrique Peña Nieto, al considerarla como privatizadora. Debido a la falta de votos en contra dentro del Congreso, actores políticos como Andrés Manuel López Obrador y Cuauhtémoc Cárdenas recabaron millones de firmas por todo el país para llamar a una “consulta ciudadana” que pudiera frenar la reforma energética. Sin embargo, la Suprema Corte de Justicia rechazó todas las firmas con el argumento de que el tema de la reforma tocaba asuntos del ingreso y gastos del Estado y que por lo tanto correspondían únicamente al Congreso. Una vez que la SCJN dio por terminado el único posible elemento que podría haber dado marcha atrás a la reforma, el Gobierno Federal se dedicó a implementar lo más rápido posible los cambios en la industria petrolera.

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Coyontura catastrófica

Desafortunadamente para las fuerzas políticas que aprobaron la Reforma Energética, durante los últimos dos años el precio del barril del petróleo ha caído aceleradamente a nivel internacional. En 2011 el precio del barril del petróleo llegó alcanzar un precio de hasta $120 dólares por unidad. En contraste, para finales del 2015, el precio del crudo cayó por debajo de los $30 dólares. Si bien existen varias razones que explican la depreciación del petróleo, una de las principales causas de este fenómeno es la entrada en el mercado de fuertes competidores, como Irán y los Estados Unidos, lo que ha bajado considerablemente los precios a nivel mundial.

Todo esto ha repercutido en que el mercado petrolero por el momento no sea muy atractivo para los inversionistas privados, lo que se ha demostrado en las “rondas” realizadas por PEMEX, en donde se han recibido ofertas por debajo de la expectativa: pareciera que la Reforma Energética de Peña Nieto llegó en un mal momento o demasiado tarde.

En este contexto, surgen dos fuerzas opuestas: por un lado, muchos grupos ven a la industria petrolera como un mercado obsoleto, por lo que apuestan a nuevas energías renovables. Por el contrario, otros analistas sostienen que es cuestión de tiempo para que el precio del petróleo vuelva aumentar y se estabilice, aunque parezca complicado volver a tener precios tan altos como los de 2011.

El antiguo modelo de la industria petrolera mexicana tampoco estaba generando grandes resultado

Si bien es cierto que actualmente el petróleo ha dejado de ser “la gallina de los huevos de oro” de países como México -esa que nos conduciría a “administrar la abundancia”, como sentenciara José López Portillo-, esta industria sigue siendo una de las más importantes y poderosas a nivel mundial. Un ejemplo de ello es que Canadá, Reino Unido y los Estados Unidos se han mantenido firmes en sus inversiones hacia esta industria. Por lo tanto, es difícil de creer que una posible solución al problema sea saltar sin un duro proceso a otra matriz energética, que además eventualmente sostenga buena parte de los ingresos del país.

La situación actual del petróleo a nivel internacional ha vuelto a poner en la mesa del debate la posición que debe tomar el Estado mexicano sobre este tema. La reforma energética propuesta y ahora implementada por el actual gobierno no ofrece buenos augurios para el futuro. Al mismo tiempo, el antiguo modelo de la industria petrolera mexicana tampoco estaba generando grandes resultados. Por lo tanto, es necesario que vuelva a ponerse sobre la mesa sobre la forma en PEMEX debe estructurarse ante los nuevos retos del mercado y hacia las necesidades del país y su población.

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La Entrevista: Cuauhtémoc Cárdenas

Foto: Alexandria Sevilla
Foto: Alexandria Sevilla

Por su abolengo y su trayectoria personal, Cuauhtémoc Cárdenas es el referente actual de la industria petrolera vinculada al nacionalismo. En ésta entrevista, explica por qué lo que debió hacerse (en 2008) y lo que se terminó haciendo (2014) son dos caras del mismo fracaso: que México no haya implementado una política petrolera para beneficio de las mayorías, sobre la base de un PEMEX sano, eficiente y que apostara por las industrias de refinación y petroquímica.

¿Cuál es la situación actual de PEMEX?

Lo que estamos viendo es una disminución de la importancia relativa de la industria petrolera en el conjunto de la economía nacional, no sólo por la caída de los precios del petróleo -que eso en sí es un factor importante- sino porque se ha instrumentado una política petrolera muy equivocada -por decir lo menos- también ya desde hace muchos años. En vez de discutir si PEMEX debió transformarse en una empresa del Estado o mantenerse como un organismo público, lo importante hubiera sido cambiar desde hace varias décadas la política petrolera.

¿En qué dirección iría ese cambio de políticas?

En este punto, sería indispensable recuperar la condición estratégica para recursos como el petróleo y para servicios como el público de electricidad. Es decir, revertir de entrada las reformas de los artículos 25, 27 y 28, que fueron parte de las reformas estructurales. De esa forma, volver a tomar lo que se venía planteando desde hace tiempo atrás, y que fue ratificado con mucha fuerza en los foros del Senado en 2008, que es conceder a petróleos mexicanos, como entidad pública, autonomía presupuestal y autonomía de gestión. Esto es, que se maneje como una entidad productiva y que se limpie desde luego de corrupción e ineficiencia, que es una obligación de cualquier entidad pública y un propósito de cualquier entidad privada. Además, tener una política petrolera de otras características.

¿Cuales serían dichas características?

Cuidar la reserva petrolera para presente y futuro. Es decir, dar un manejo cuidadoso a las reservas, buscando prolongarles la vida, satisfaciendo las necesidades internas de petrolíferos. Luego, dar al recurso valor agregado. Esto se logra fomentando la refinación y la industria petroquímica, lo que contribuye a generar empleo, tiene impacto positivo a nivel regional y local, además de beneficiar al conjunto de la economía, pues la refinación y la industria petroquímica involucran a numerosas ramas de la actividad económica y de la actividad productiva.

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Foto: Alexandria Sevilla

¿Cuál es su valoración de las rondas de licitación impulsadas por el gobierno en turno?

Lo que estamos viendo es que aquellos campos, aquellos yacimientos ya estudiados, de más fácil explotación, más rentables, son los que el Estado mexicano está entregando a grupos privados, y no se está previendo en las bases de licitación, en los contratos y licencias que se están dando para explotar estos recursos, que el Estado mexicano en última instancia recupere la inversión realizada: exploró, hizo estudios, determinó cómo se tenían que explotar esos campos, etc. Es una inversión que ni siquiera se está recuperando en esta forma en que se están adjudicando, a través de las distintas rondas las nuevas explotaciones.

No tenemos certeza de que el petróleo que se extraiga se va a quedar en México para satisfacer necesidades propias

Se había dicho que se dejaría a la iniciativa privada aquellas explotaciones más difíciles, que requirieran más inversión. Estamos viendo justo lo contrario, pues lo primero que se está entregando es lo que ya se conocía y que tiene mayores rendimientos. Finalmente, no tenemos certeza de que el petróleo que se extraiga se va a quedar en México para satisfacer necesidades propias, o si ni siquiera vamos a ser autosuficientes en nuestro abasto de petróleo crudo.

Usted menciona el petróleo crudo, ¿Y respecto a las gasolinas?

Entonces resulta que el mismo productor de gasolinas en USA va a seguir vendiendo el litro a lo equivalente a nueve pesos mexicanos, y aquí nos lo va a vender a quince o más.
Estamos viendo que respecto a la gasolina importada el precio de venta al público lo sigue fijando la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Osea que el negocio les sale mejor en México que en Estados Unidos. Vemos por tanto un manejo totalmente irracional y errático en lo que hace al país, así como totalmente favorable sólo a los grupos privados. Afecta negativamente tanto al Estado mexicano como a la entidad PEMEX, cualquiera que sea su condición, sea un ente público del Estado o una entidad productiva del Estado. Yo tengo la impresión de que todas estas desiciones tienden a sacar a PEMEX de la actividad productiva y a liquidarlo de manera absoluta.

¿Existe un modelo de política petrolera en el mundo que le parezca un referente viable en México,  a contrapelo de lo que se aprobó en la Reforma Energética?

Yo creo que no hay ningún esquema que copiar mecánicamente. Lo que se propuso en 2008 logró consensuar en cuanto a condiciones técnicas, económicas y políticas, integrando a gente de muy diversa posición política o incluso desde diversas posiciones técnicas, llámese gente del PRI, de la academia, activistas…pero finalmente eso no se llevó a la práctica.

Llevamos treinta años en una política petrolera equivocada.

En el proceso legislativo de la Reforma Energética no existió una oposición popular lo suficientemente contundente para contrarrestar su aprobación. ¿A qué lo atribuye?

Se agotaron todos los recursos legales a disposición. Se buscó convocar a una consulta ciudadana. Se reunieron siete millones de firmas entre los distintos proyectos que se pusieron en marcha…pero la Suprema Corte de Justicia de la Nación los deshecho por un argumento totalmente absurdo, diciendo que se trataba de una “cuestión fiscal”. Nadie estaba hablando de impuestos ni de cuestiones de orden hacendario, y sin embargo fue desechado. Por cierto, mientras que a las empresas privadas que están licitando en las rondas se les va a cobrar un impuesto que cuando mucho asciende, entre una cosa y otra, al cintuenta o cincuenta y tanto por ciento, a PEMEX se le sigue descontando de sus ingresos brutos el setenta por ciento. Entonces se le mantiene en las peores condiciones y se le está descapitalizando intencionadamente. Es una forma de sacar al Estado mexicano de la actividad petrolera y entregar el control de los recursos del subsuelo a intereses que al final son ajenos al bienestar general, y en muchos casos, incluso contrarios.

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Foto: Alexandria Sevilla

¿Existen condiciones reales para reconstruir en favor de “el interés general” lo que es hoy PEMEX?

Hay que seguir luchando para recuperar un texto constitucional y una política que efectivamente tengan que ver con que el aprovechamiento del petróleo sea conductor de crecimiento económico, de industrialización, de generación de empleos y de una economía realmente productiva. Llevamos treinta años en una política petrolera equivocada. Hay que cambiarla.

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Postdata

En las sociedades capitalistas existe una relación constante entre el desarrollo industrial y un consumo de energía creciente, lo que exige: a) aumentar las fuentes de donde se obtiene, y b) maximizar su eficiencia. En México los hidrocarburos son la base de la pirámide energética, pero el problema radica en que los combustibles fósiles son altamente contaminantes y finitos. A sabiendas de ello, debemos prepararnos como sociedad para una transición que permita extendernos más allá del límite de esas fuentes, desarrollando otras que sean eficientes y amables con el ambiente. El uso de los llamados energéticos de transición -como la energía nuclear- debe estar sobre la mesa en el debate público. Eso lo comprenden los países más ricos e industrializados, que ya tomaron medidas para la crisis energética en puerta.

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Un especial de Tercera Vía
Ilustración original: Jonathan Gil
Fotografía original: Alexandria Sevilla
Diseño web: Francisco Trejo
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