Escocia sigue siendo el único país que ofrece productos menstruales gratuitos, ¿qué hace falta para que el resto del mundo siga su ejemplo?
Escocia hizo historia al convertirse en el primer país del mundo en garantizar por ley el acceso gratuito a productos menstruales para cualquier persona que los necesite. A pesar de que otros países ofrecen distribución gratuita en espacios selectos o centros educativos y han eliminado o reducido restringido el IVA a estos artículos, aún falta un camino largo para garantizar el acceso universal.
¿En qué consiste la medida en Escocia?
La Ley de Productos para la Menstruación (Provisión Gratuita) de 2021 exige legalmente a las autoridades locales, escuelas, colegios y universidades proporcionar productos de higiene menstrual en sus instalaciones de forma gratuita, de manera sencilla, íntima, sin llenar solicitudes ni justificar la cantidad.
Además, para facilitar el acceso fuera de escuelas o universidades, se utiliza la aplicación móvil PickupMyPeriod, que ubica en un mapa interactivo unos casi 2,000 puntos de recogida disponibles en bibliotecas, centros comunitarios, entre otros.
El propósito central es erradicar la pobreza menstrual, una condición económica en la que personas de bajos ingresos se ven obligadas a elegir entre comprar comida o adquirir insumos de higiene básica (como lo son los productos menstruales), o a recurrir a soluciones improvisadas e insalubres.
La legislación fue impulsada originalmente por la legisladora Monica Lennon, que contó con el respaldo unánime del Parlamento escocés, y fue redactada con un enfoque de dignidad e inclusión, garantizando explícitamente el acceso tanto a mujeres y niñas como a hombres trans y personas no binarias que menstrúan.
¿Cuál es el contexto actual en otros países?
Aunque Escocia mantiene el título de ser el primer y único país con un sistema nacional y universal por ley para toda la población, otros países han implementado medidas parciales en los últimos años.
Por ejemplo, Australia, Nueva Zelanda y Corea del Sur proporcionan productos gratuitos de manera obligatoria o mediante programas estatales solo en escuelas y colegios. En algunos lugares de Estados Unidos también se proporcionan productos de higiene menstrual gratuitos en universidades y en albergues para personas sin hogar.
Países como México, España, Francia, Australia, Sudáfrica y decenas de naciones más han eliminado o reducido impuestos en productos menstruales. Kenia fue el primero en eliminar el impuesto a los tampones.
Regiones específicas, como comunidades en Canadá o en España, ofrecen distribución gratuita en espacios selectos o centros educativos, sin contar con una ley universal de alcance nacional como la escocesa.
¿Qué hace falta para que el resto del mundo siga su ejemplo?
Aunque unos 48 países han avanzado al eliminar o reducir impuestos a los productos menstruales, la simple reducción fiscal no garantiza el acceso universal ni elimina la brecha económica ni la pobreza menstrual.
Por un lado, la eliminación de impuestos deja la oferta sujeta al mercado comercial privado, por lo que no establece una obligación legal para que escuelas, universidades o edificios públicos distribuyan insumos de forma gratuita en sus instalaciones. Además de que se requiere una inversión pública continua.
Para que realmente sean efectivas estas iniciativas, los derechos menstruales deben concebirse como un derecho universal, y no únicamente como un programa de asistencia frente a la pobreza. Para ello, es necesario integrar la educación menstrual dentro de los planes de estudio escolares obligatorios desde edades tempranas, capacitar al personal docente y desarrollar campañas comunitarias que informen a toda la población.
Ninguna de estas iniciativas funcionan si persisten tabúes o falta de información en la sociedad.