¿Podríamos ser la última generación en conocer las luciérnagas? Así se ve la lucha de Nanacamilpa por proteger a la luciérnaga

Nanacamilpa es uno de los 60 pequeños municipios de Tlaxcala, México, conocido por ser el hogar natural de una especie única: la luciérnaga. En los últimos años, las luciérnagas en Nanacamilpa han enfrentado diversos desafíos críticos que amenazan su población y su hábitat, desde factores climáticos, contaminación y el impacto de la actividad humana.

 

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Mucho antes de que explotara el turismo descontrolado, la contaminación lumínica y un debilitamiento del bosque, las luciérnagas eran lo único que le daba luz a las calles de Nanacamilpa. Sus habitantes lo describen como casi un sueño o un cuento de hadas, pero al que tenían acceso cada día de sus vidas. 

No fue accidente que las luciérnagas hicieran de Nanacamilpa su hogar. En este municipio destaca un clima húmedo y fresco, cubierto de relieves y montañas, lo cual es ideal para que las luciérnagas nazcan, crezcan y se reproduzcan hasta alcanzar su máximo esplendor entre los meses de junio, julio y agosto. 

Aunque no se sabe con exactitud cómo comenzó la popularización de las luciérnagas a nivel mundial, sus pobladores saben exactamente cuándo fue el momento en que éstas empezaron a desaparecer. 

Tras la apertura al público en 2012, hubo un boom que resultó incontrolable. El ruido excesivo, el aumento de vehículos y el ingreso excesivo de gente fueron algunos de los factores clave que empezaron a tener impacto para el cuidado de la luciérnaga y su hábitat. Para 2016, el flujo de turistas ya sobrepasaba la capacidad de carga del bosque en un 258%, y para 2019 el promedio diario de visitantes era de 2,442 personas, excediendo el límite de resistencia del ecosistema en un 524%.

Esto en sí ya es un problema gravísimo. El paso constante de miles de personas por los senderos provoca una compactación del suelo, y como consecuencia, las luciérnagas hembras (que no vuelan) depositan sus huevos en la hojarasca y la tierra. Por lo que (sí, adivinaste) el pisoteo destruye tanto los huevos como las larvas y las hembras adultas. 

A esto se le suma el uso de químicos como pesticidas, fertilizantes y herbicidas, que son utilizados en zonas cercanas para sembradíos de cebada, maíz y papa cercanos al santuario, provocando que las luciérnagas enfermen. 

Por otro lado, la tala de árboles es una práctica común en Nanacamilpa. Tan sólo en cinco años, se perdieron 13,780 hectáreas de bosque en Tlaxcala, 10 veces la extensión del Santuario, según Gatopardo. Sin árboles, no existe cobertura vegetal que proteja a los insectos del sol y del calor, y sin cobertura vegetal aumentan las posibilidades de sequías, aumento de temperatura y pérdida de agua. 

Cada uno de estos factores representan una condena para la especie. Al no existir condiciones ideales para comunicarse, aparearse y reproducirse, la descendencia pasa a segundo plano y la población desaparece sin dejar rastro. 

¿De verdad podríamos ser la última generación en conocer las luciérnagas?

Algo es verdad: la luciérnaga enfrenta una crisis tan severa que lo que estamos presenciando es un fenómeno de extinción local, donde el insecto desaparece paulatinamente de las zonas donde solía abundar. Sin embargo, la afirmación de que somos “la última generación que verá a las luciérnagas” es, de acuerdo con los expertos, una malinterpretación de estudios científicos.

A pesar del panorama desolado, un reportaje de NMás Media ofrece nuevas respuestas que surgen como señales de esperanza y adaptación. De acuerdo con algunos investigadores, se ha observado una ligera recuperación en las poblaciones de luciérnagas en lo que va del año gracias a una mayor vigilancia y regulación del turismo.

Algunos investigadores reportaron que ha surgido un cambio de horario para los vuelos por parte de las luciérnagas, adaptándose a la madrugada para evitar el ruido y las luces de los turistas. Además, ha crecido una concientización y educación entre los visitantes y pobladores, que ahora están buscando implementar acciones como conservación de suelo y un turismo controlado.

En los últimos años, centros de avistamiento han adoptado medidas para reducir esta problemática. Ahora se utiliza el cálculo de capacidad de carga para limitar el número de visitantes permitidos por sendero y por día, con el fin de no exceder la resiliencia del bosque. Además, existen al menos 200 guías capacitados encargados de controlar a los grupos y asegurar que se respeten los reglamentos.

En el caso de los visitantes, es crucial que cumplan con las reglas establecidas, que incluyen la prohibición de luces artificiales (como de celulares o lámparas), el uso de vestimenta de colores oscuros, hablar en voz baja y evitar el uso de repelentes o productos químicos.

Actualmente, académicos de la UNAM, la Universidad Autónoma de Tlaxcala y Chapingo trabajan con los centros para monitorear las poblaciones de luciérnagas y entender mejor sus necesidades biológicas.

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