Investigadores reportan una pérdida de 83% de mamíferos marinos en el Golfo de México, entre ellos ballenas y delfines
Durante 10 años, un consorcio internacional de científicos, entre ellos biólogos de la UNAM y Universidad Veracruzana, instalaron instrumentos en el fondo marino para realizar monitoreos acústicos. Lo que lograron identificar fue una pérdida masiva de ballenas, cachalotes y diferentes tipos de delfines en el Golfo de México.
El Golfo de México es una zona altamente industrializada donde la navegación intensiva y la exploración sísmica generan un ruido submarino constante. Las empresas petroleras que pasan por el ecosistema utilizan cañones de aire para detectar yacimientos, emitiendo ondas sonoras intensas y provocando la contaminación de basura, pesticidas, plaguicidas y derrames petroleros.
Todo esto ha dado como resultado una abrumadora disminución en la densidad de especies marinas, incluyendo ballenas, cachalotes y delfines, quienes dependen del sonido para su comunicación, navegación y búsqueda de alimentos.
De acuerdo con la Fábrica de Periodismo, esto coincide con los impactos causados por un hecho sin precedente ocurrido en abril de 2010: el desastre de la Deepwater Horizon.
Para darse una idea, el desastre de la Deepwater Horizon es considerado el mayor derrame petrolero en la historia mundial, y ocurrió frente a las costas de Louisiana, en el Golfo de México, cuando la empresa British Petroleum operaba una plataforma flotante para perforar el pozo petrolero Macondo, ubicado a 1,525 metros bajo la superficie.
Pese a los riesgos de extraer hidrocarburo en aguas profundas, la operación siguió en pie. Y fue un 20 de abril, pero de 2010, que la plataforma sufrió un movimiento violento seguido de una explosión masiva que desató un incendio incontrolable durante 36 horas antes de hundirse por completo.
El colapso e incendio de esta plataforma provocó el derrame de 4,3 millones de barriles de petróleo, lo que equivale a un flujo de unos 50,000 barriles diarios, durante casi tres meses. La afectación alcanzó aguas y costas de Estados Unidos, México y Cuba.
Como consecuencia legal y ambiental, British Petroleum recibió multas millonarias por los daños ecológicos y económicos, parte de las cuales se destinaron a financiar investigaciones para entender el impacto real del derrame en el ecosistema oceánico.
Aquí es donde entra el monitoreo acústico, el cual se estableció como una respuesta científica ante la magnitud sin precedentes del desastre de la plataforma Deepwater Horizon. Este esfuerzo fue liderado por un consorcio internacional llamado C-IMAGE (Centro para la Modelación y Análisis Integrado de Ecosistemas del Golfo), integrado por 19 universidades e institutos de investigación de seis países, incluyendo la UNAM y liderado por la Universidad del Sur de Florida.
El estudio se llevó a cabo a lo largo de una década, abarcando específicamente el periodo de 2010 a 2020, utilizando la técnica de Monitoreo de Acústica Pasiva (PAM, por sus siglas en inglés), la cual consiste en instalar instrumentos de grabación anclados al fondo marino en aguas profundas, concretamente a más de 200 metros.
Durante un periodo de un año, los dispositivos permanecieron sumergidos grabando el paisaje sonoro del océano, y posteriormente fueron recogidos para analizar la información. Mediante análisis matemáticos, los científicos lograron distinguir las señales sonoras específicas de cada especie para estimar la presencia y la densidad de sus poblaciones.
Los resultados fueron recopilados en una publicación científica que fue publicada en la revista Nature Communications Earth & Environment bajo el título “Una década de descenso en las densidades de ballenas dentadas tras el derrame de petróleo de Deepwater Horizon”, revelando una drástica reducción en la densidad de mamíferos marinos, afectando tanto a las zonas directamente impactadas por el derrame como a áreas fuera de ellas.
Además, detectaron que los datos generales del declive poblacional se reducían en los siguientes: 83% de pérdida en ballenas dentadas, 43% de pérdida en diversas especies de delfines y 31% de pérdida en la población de cachalotes.
Estos resultados han permitido a los científicos confirmar que el impacto del derrame de petróleo, sumado a factores como el ruido submarino de la exploración sísmica y la contaminación crónica, que ha provocado que la salud del ecosistema marino en el norte del Golfo de México esté en peligro.
A pesar de los resultados de la investigación, se estima que la exploración y explotación de petróleo en el Golfo seguirá activa por al menos 30 o 40 años más, y la tendencia es perforar en zonas cada vez más profundas donde se encuentran los grandes yacimientos, lo que aumenta exponencialmente los riesgos de accidentes debido a las altas presiones.
Los científicos de la UNAM concluyen que México debe implementar una planeación precautoria mayor para permitir que la riqueza petrolera y la fauna marina coexistan, evitando que los riesgos superen a las ganancias económicas.