Día de la Mujer Afrodescendiente: La lucha aún no acaba
Hace 29 años, mujeres afrodescendientes provenientes de más de 30 países de América Latina y el Caribe se reunieron en Santo Domingo en el Primer Encuentro de Mujeres Afrolatinas, Afrocaribeñas y de la Diáspora con un objetivo claro: visibilizar sus luchas, reconocer su resistencia y crear estrategias de incidencia política para ayudar a mejorar sus condiciones de vida. ¿Cómo iban a lograrlo? Enfrentándose al racismo y discriminación desde una mirada interseccional y con perspectiva de género.
Hoy, reconocen que, a pesar de los avances logrados en términos de visibilidad, organización y participación política, aún queda un largo camino por recorrer. Las desigualdades persisten de forma estructural, la falta de oportunidades limita su desarrollo pleno, y las barreras siguen reproduciéndose en todos los ámbitos: en el acceso a la educación, el empleo digno, en la salud y los espacios de toma de decisiones.
En México, habita una gran cantidad de personas con ascendencia africana. Según datos de INEGI, en 2020 se hizo la primera encuesta para identificar cuántas personas se identificaban como afrodescendientes. Lograron identificar a 2.6 millones de personas, con porcentajes de mujeres más altos que de los hombres en las edades a partir de 35 a 74 años. Para 2022, el 29.7% de la población afromexicana o afrodescendiente dijo que sufrió discriminación por su apariencia, por encima de la población de mexicana.
Las personas afrodescendientes constituyen un grupo amplio y diverso, con sus propias historias, culturas e identidades. Están presentes en muchos países alrededor del mundo y aún así, continúan siendo de los grupos más marginados. En el caso de las mujeres, la situación es todavía más crítica, ya que suelen exponerse a mayores niveles de vulnerabilidad: ocupan mayoritariamente empleos informales, habitan en zonas con altos índices de pobreza y enfrentan múltiples formas de discriminación atravesadas también por su género.
Este día se conmemora para honrar a todas las mujeres afrodescendientes que, desde sus propias luchas, han logrado una construcción de sociedades más justas y menos desiguales, ya sea desde lo doméstico, haciendo activismo u ocupando espacios de tomas de decisiones. Pero aún queda mucho por hacer. Avanzar hacia una justicia realmente transformadora implica reconocer y poner en el centro sus voces, sus experiencias y su liderazgo, especialmente de las mujeres y niñas afrodescendientes.
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