La irreparable realidad: Los Tiempos de Dios

Por Alejandro Alvarado

Hace unos días, un compañero de oficina revisaba los libros que conservo en el escritorio y le llamó la atención uno, “Los tiempos de Dios”, del escritor José Luis Valencia. ¿Me lo recomiendas?, preguntó; sí, pero te advierto que no es un libro fácil. Es duro, le respondí.

Existe en los stands de las librerías una gran cantidad de títulos inspirados en el narco. No exagero cuando escribo que, desde hace unos años, en la lista de los diez libros más vendidos, siempre hay uno que está inspirado en la vida de los capos, en sus parejas y sus lujos, en sus episodios de violencia o en sus traiciones, y en la ambigüedad que existe entre nuestras autoridades y los grupos del crimen organizado.

Pero son pocos los libros que alcanzan a retratar la crudeza de nuestros días. “Los tiempos de Dios”, ganadora del Premio Nacional de Cuento “Juan José Arreola”, 2020, rasga el sentimiento de desesperanza que abruma nuestra sociedad: un estado de ánimo terriblemente común, como quien renuncia a denunciar un robo porque sabe que no pasará nada, o bien, esa corazonada que nos dice que no habrá justicia para las víctimas de la violencia.

¿Realidad o ficción? Cuando lees los cuentos de José Luis Valencia (Guadalajara, 1977) es imposible no recordar las noticias que todos los días ‘salpican de sangre’ nuestros periódicos: un grupo de jóvenes que respondió a una oferta de empleo para convertirse en policía privada, pero que terminaron en un rancho perdido en la sierra preparándose como sicarios; ¿un baleado por un conflicto vial torpe y casual?; ¿un capo que secuestra la mujer que se le antojó ante los ojos de un novio noqueado de miedo?; y ¿una madre que confía en Dios la hora en que regrese su hija desaparecida?

Valencia escribe sobre los enardecidos días que nos toca vivir. Son historias que no tratan de disimular el ambiente en el que vivimos. Un lenguaje gráfico sin censura. No hay moraleja que reflexionar, tampoco justicia. Son ficciones inspiradas en nuestra realidad. Es un golpe de verdad que cuesta leer.

El escritor se inspira en una ciudad que todos los días registra homicidios y que se resiste a olvidar cómo es vivir en paz. Una ciudad que tomó la glorieta que rinde homenaje a los héroes de la nación y la rebautizó como la Glorieta de las y los Desaparecidos.

La nostalgia de la sociedad que un día fuimos, confiada, calmada y en paz, se asoma en los cuentos de Valencia. Todavía hay gente que recuerda bien que ir los domingos al estadio, era un día familiar, no una batalla campal entre barras con himnos extranjeros adoptados con nuestros equipos.  

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Los cuentos del libro publicado por la Editorial Universidad de Guadalajara, hacen un registro de lo que fuimos y de lo que somos como sociedad. Quisiéramos que las historias fueran distintas, pero la literatura tampoco se escapa de la realidad de México. Quizá, “Los Tiempos de Dios” sea la obra más personal de Valencia, quien rinde homenaje a víctimas de la violencia, como el periodista Javier Valdez (1967-2017).

Hace unos meses se estrenó el documental “Las tres muertes de Marisela Escobedo”, que narra la lucha de una madre por hacer justicia al feminicidio de su hija y exhibe un sistema de justicia rebasado: sabía que tenía que ver el documental y enfrentarlo, y sabía que me dolería hasta los huesos; me quedé con un sentimiento similar al terminar de leer “Los Tiempos de Dios”.

 

Cuesta trabajo leer ficciones tan reales, cuentos que como en la vida real terminan sin respuesta y sin justicia. “Los Tiempos de Dios” es un libro duro que altera al lector y que obliga a mirar críticamente los días que nos tocaron vivir.

 

 


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