¿Cerebros masculinos o femeninos?: Una mezcla de ambos es lo más común y ofrece grandes ventajas

Todos estamos familiarizados con los rasgos que se clasifican estereotípicamente como masculinos o femeninos. A los hombres, por ejemplo, no se les anima a expresar sentimientos o llorar cuando están molestos. En cambio, se espera que sean duros, asertivos, racionales y buenos en tareas visuoespaciales como la lectura de mapas. Por otro lado, a menudo se espera que las mujeres sean más emocionales, cariñosas y mejores en el lenguaje.

Aunque una investigación del año 2016 señaló que la existencia de diferencias entre los cerebros de hombres y mujeres no es suficiente para caracterizar una población de cerebros según el género de cada persona, persiste la idea común de que existen los cerebros femeninos o masculinos; pero lo cierto es que en el cerebro humano, lo común es encontrar un “continuo de género”. Esto es lo que se ha descubierto gracias a una investigación en la que han participado casi treinta especialistas en diferentes ramas, cuyos resultados se publican en la revista Cerebral Cortex.

En Física, el espacio-tiempo combina el espacio y el tiempo en un único continuo en el que ambos están inseparablemente relacionados. Lo masculino y lo femenino también representan un modelo similar en el cerebro humano, según esta investigación. Otros estudios que hablan de ciertas diferencias anatómicas en los cerebros según el sexo de las personas, también llegan a la conclusión de que esas variaciones no significan ventajas cognitivas por razón de género para ninguna de las partes.


Androginia psicológica y cerebral

Desde el punto de la vista de la psicología, desde hace 50 años se viene hablando a su vez de la androginia psicológica, un modelo según el cual cualquier persona puede adoptar tanto comportamientos masculinos como femeninos en determinadas circunstancias.

Este modelo está asociado a una mejor flexibilidad cognitiva (que permite compartir simultáneamente diferentes tareas o pensamientos), mayor competencia social y robusta salud mental. Esta nueva investigación le da fuerza a esa hipótesis, demostrando que realmente existe también una androginia cerebral vinculada a esa actitud psicológica; es como tener por fin un registro de lo que sucede físicamente en el cerebro y que nos otorga la capacidad de integrar indistintamente estereotipos de comportamiento masculino y femenino, según las circunstancias.

Tal como explican algunos de sus autores en un artículo publicado en The Conversation, ese correlato neuronal de la androginia cerebral está asociado con la androginia psicológica porque también refleja una mejor salud mental.

Crédito: Jonathan Kitchen/Getty Images

Comparando miles de cerebros

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Para llegar a esta conclusión los investigadores analizaron la conectividad neuronal de los cerebros de 9.620 personas, de las que 4.495 eran hombres y 5.125 mujeres; lo primero que descubrieron es que los registros cerebrales de hombres y mujeres, asociados a diferentes comportamientos, están distribuidos en un continuo neuronal que no sitúa a ningún género en un extremo u otro del cerebro.

También comprobaron que aproximadamente el 25% de los cerebros se identificaron como hombres, el 25% como mujeres y el 50% restante se situó en el continuo andrógino; lo que significa una amplia mayoría para el grueso de la población estudiada.

Más allá de las diferencias o similitudes entre los cerebro, algo muy interesante es que los participantes que se asignaron en el centro de este continuo andrógino muestran menos problemas de salud mental, como depresión y ansiedad, en comparación con los que se definen en uno de los dos extremos masculino o femenino.

Esta constatación se corresponde con otro artículo de 2016 que analizó a 20.000 participantes: descubrió que los hombres que adoptan comportamientos masculinos típicos sufren más síntomas psiquiátricos, como depresión, soledad y abuso de sustancias. También se sienten más aislados.

Atención a la educación

Eso significa que las personas que conservan intacto su cerebro andrógino disponen de una mayor ventaja para su desempeño personal y social. Los investigadores plantean al respecto que conviene investigar cómo la educación y el ambiente familiar pueden alterar esta androginia cerebral, que naturalmente nos capacita para adaptar nuestro género dominante a las situaciones del entorno.

Añaden que, teniendo en cuenta que un cerebro andrógino ofrece una mejor salud mental, debemos evitar los estereotipos extremos y ofrecer a los niños y niñas oportunidades equilibradas a medida que crecen.

Ello no impide que los autores de esta investigación destaquen también sus limitaciones, particularmente relativas a muestras que cubran toda la vida de una persona y no solo a determinados rangos de edad, como ha sido el caso. También señalan que necesitan investigar más a fondo los mecanismos moleculares subyacentes al continuo de género cerebral, para confirmar taxativamente su existencia.

Con información de Cerebral Cortex y Agencia T21

 

 


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