Ciencia, tecnología y solidaridad: la emergencia de la cultura libre para el futuro

Escrito de manera colaborativa* y virtual por:

Luis Fernando Medina C. (Facultad de Artes).

Juan David Reina (Facultad de Ingeniería)1Miembro de la Red Latinoamericana por los Saberes y las Ciencias Comunitarias .

Profesores – Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá

Hoy la ciencia no es la misma. En las últimas semanas hemos visto la emergencia de la ciencia abierta y ciudadana en el marco de la pandemia de la enfermedad COVID-19. La ciencia abierta es una iniciativa diversa que aboga por la construcción colectiva de conocimiento y promoción de acciones tales como el acceso abierto a publicaciones académicas, los datos científicos abiertos y la gestación de procesos científicos más participativos. Esta perspectiva está mostrando su importancia con la rápida respuesta a la coyuntura actual a nivel internacional. Por ello, universidades, editoriales, la comunidad científica y de ingeniería, estudiantes e incluso ciudadanos del común, están creando iniciativas alrededor de la ciencia abierta con el objetivo de compartir resultados, datos, diseños, especificaciones y hasta recursos. Podemos decir que un movimiento de ciencia solidaria basado en la cultura libre y abierta está permeando las diversas capas tanto de los gobiernos como de las instituciones de investigación.

En particular, Colombia también ha dado muestras de participar en esta tendencia mundial. Por un lado, universidades públicas, como la de Antioquia, han generado prototipos abiertos de respiradores de bajo costo y, por el otro, ciudadanos entusiastas de la ciencia y la fabricación distribuida (movimiento maker) se han articulado en procesos colectivos para crear soluciones rápidas, de fácil implementación y, sobre todo, abiertas para que cualquiera pueda replicarlas. Así es, la ciencia abierta promueve principios históricos y éticos de la ciencia como la comunicación, la replicabilidad, además de la solidaridad. Asimismo, responde a las nuevas dinámicas interconectadas, creando un espacio colectivo de discusión donde el ejercicio del conocimiento es más horizontal y nos compete a todos.

La Universidad Nacional de Colombia también ha explorado la ciencia abierta, aunque de manera fragmentaria. Uno de los recientes esfuerzos fue la Conferencia Latinoamericana de Acceso Abierto, Datos Abiertos y Educación Abierta OpenConLatam 2019, que reunió académicos, activistas, bibliotecarios, estudiantes y sociedad civil de varios países de la región para discutir una ciencia abierta bajo los preceptos de la “Declaración de Panamá”. Este esfuerzo desembocó en la invitación —por parte de la Unesco y Colciencias— a un representante de la comunidad docente de la Universidad Nacional a participar en el panel de ciencia abierta del Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo, celebrado en la sede de la Unesco, en París, en noviembre de 2019.

Ingenieros mexicanos crean respirador de código abierto y sin fines de lucro

El año en curso traía otra iniciativa en la misma dirección como lo es la Conferencia Internacional de Ingeniería, Justicia Social y Paz, la cual se plantea como un escenario para dialogar alrededor de las relaciones entre tecnología, justicia social y bienestar colectivo, justo en el momento en el que hay una reflexión global acerca del derecho de autor y las patentes y su relación con la difusión del conocimiento. Finalmente, se destacan los esfuerzos y experiencias ya con trayectoria que la Universidad Nacional ha tenido en el tema del acceso abierto, parte fundamental del entramado de la ciencia abierta; algunos de ellos son: el Centro Editorial de la Facultad de Ciencias Humanas y su experiencia de hace algunos años en la publicación de libros de acceso abierto y, a nivel más general, el Sistema Nacional de Bibliotecas y su apoyo al repositorio institucional y a las revistas académicas digitales en acceso abierto.

La ciencia abierta también es una manifestación de un movimiento más amplio que combina posturas tecnopolíticas, filosóficas y creativas propiciadas por las nuevas tecnologías, y que persigue —aunque de manera heterogénea— el uso de las mismas para un acceso más participativo a la cultura en general. En esto sentido, puede decirse que la ciencia abierta hace parte de la cultura libre, la cual entonces, no solo se plantea estos interrogantes desde el ejercicio científico, sino también desde la creación artística y las expresiones ciudadanas. Ejemplo de ello es el movimiento OpenGLAM, que se preocupa por cuestiones similares a la ciencia abierta desde el punto de vista de las galerías, las bibliotecas, los archivos y los museos (resumidos en la sigla en inglés GLAM), es decir, por un disfrute más equitativo de artefactos culturales. La actual situación de la COVID-19 muestra que la cultura libre va mucho más allá del acceso abierto a publicaciones y datos científicos, y resalta la creación artística relacionada con la ciencia y la tecnología como un elemento crítico para el bienestar social. Piénsese en la gran cantidad de recursos audiovisuales (música y películas), bibliotecarios y demás que están siendo liberados para brindar alternativas durante la cuarentena. De manera similar, algunas iniciativas emergentes están relacionadas con la creación y el uso de videojuegos en línea. Uno de ellos es Foldit (https://fold.it/), una herramienta de ciencia ciudadana que reta a los participantes a editar proteínas para que sean más estables y de este modo hallar un tratamiento contra la COVID-19. Así, la relación entre la creación y la ciencia abierta nos muestra la visión integral y participativa que procura la cultura libre.

Ahora bien, la situación actual ha señalado algunos problemas estructurales en el ejercicio científico y tecnológico, que hacen parte de la crítica a la ciencia abierta. Específicamente, la emergencia ha generado varias iniciativas alrededor del mundo a partir de las cuales surge una serie de tensiones relacionadas con el derecho de autor y las patentes de ciertos elementos claves para el tratamiento de esta enfermedad. Uno de los casos ampliamente conocidos es el de la válvula de una empresa biomédica italiana (Venturi’s Valve). Dado que dicha empresa no accedió a colaborar con el diseño y manufactura de válvulas para los respiradores mecánicos, tan necesarios en esta emergencia médica, su diseño fue usado por colectivos de makers para fabricar de manera distribuida equipamiento biomédico diverso, generando de hecho amenazas de demandas futuras para los mismos. Lo anterior señala la necesidad de enmiendas a las leyes sobre derechos de autor para periodos de emergencia, lo cual se constituye a su vez en un punto de partida para una necesaria discusión de las políticas de derechos de autor a nivel mundial.

La ciencia abierta podría acabar con la malaria

Así como las tensiones salen a flote, emergen con más fuerza oportunidades a nivel global con el objetivo de generar alternativas a la hora de contrarrestar los efectos de esta coyuntura. De esta manera, cada día se evidencia el desarrollo de tecnologías libres o de código abierto, tales como ventiladores mecánicos, pruebas para detectar la COVID-19, máscaras elaboradas mediante impresoras 3D, viseras de protección, hasta esfuerzos para crear medicamentos y vacunas de código abierto. Un elemento adicional ha sido la discusión alrededor del “derecho a reparar” como una cuestión crucial, en particular, frente a las características de las tecnologías biomédicas. Así, se han creado grupos de afinidad en el marco de la necesidad imperiosa de suministros médicos de código abierto contra la COVID-19. La sociedad civil también ha estado presente en la generación de iniciativas ciudadanas, tales como “hackatones”, laboratorios ciudadanos distribuidos, y redes de apoyo mutuo y de solidaridad vecinal.

Estas y otras experiencias permiten crear un panorama esperanzador frente a las contribuciones que científicos, entusiastas de la tecnología y ciudadanos del común, están realizando de manera colaborativa y abierta. No obstante, muchas de ellas surgen en el norte global. Desde este punto de vista cabe la pregunta: ¿Estamos preparados en el sur global para aprovechar esta oportunidad de la ciencia abierta y ciudadana para enfrentar no solo esta pandemia, sino los problemas más agobiantes de nuestras sociedades? Lo anterior, debido a la desigualdad imperante en muchos de nuestros países, en particular, frente al acceso a Internet como una de las herramientas para el acceso al conocimiento, la ciencia y la tecnología. Sin embargo, la ciencia abierta y ciudadana debe ser entendida desde la pluralidad de sus modos de acción y divulgación; así, es necesario usar de manera creativa otros medios no convencionales para la comunicación científica, tales como la radio, el cómic y el audiovisual, entre otros.

*Este texto fue publicado en el Centro de Divulgación y Medios de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia, se puede consultar en este enlace para más información y referencias mediáticas sobre la Ciencia Abierta.

Esta entrada es parte de un esfuerzo colectivo por construir una Red Latinoamericana por la Ciencia Comunitaria. La iniciativa inició con el encuentro de diversos proyectos de Ciencia Libre, en el marco del Encuentro ConCiencias por la Humanidad, convocado por las bases zapatistas a finales del año 2016.

 

 

Referencias   [ + ]

1. Miembro de la Red Latinoamericana por los Saberes y las Ciencias Comunitarias
Previo

México tiene muchas muertes por COVID-19 pero realiza muy pocas pruebas, ¿Qué está pasando?

Siguiente

Nos reímos de los reporteros hasta que recordamos que los matan en México

Sin comentarios

Deja un comentario