Presuntos Rivales

Enrique Estrada Ramírez, nació  el  11 de Mayo de 1921 en Río Blanco, Jalisco. Sin embargo, la vida lo vio nacer como futbolista en el que tal vez sea el semillero más importante de futbolistas en México: La Experiencia, Jalisco, antiguo pueblo  al norte de Zapopan hoy consumido por el crecimiento de la Zona Metropolitana de Guadalajara  y cuyo club deportivo “Imperio” durante décadas proveyó  de jugadores no sólo al fútbol profesional de Jalisco, sino de todo el país, destacan nombres como el de Alfredo “Pistache” Torres, Jesús “Chita” Aldrete, Ernesto Cisneros, Magdaleno Mercado, por mencionar algunos personajes de la extensa lista cuyo último sondeo abarcaba más de 300 futbolistas profesionales.

Imperio 1

Enrique encontró al fútbol como lo encuentran todos los jóvenes: por el placer de jugar y con la consigna única de divertirse. De tez blanca y cabello rubio,  Enrique conocido popularmente como “Picacho” se destacaba por la fuerza de sus embarnecidas piernas que le dotaban de una fuerza extraordinaria  que siempre acompañó con tremendo arrojo en la  disputa de cada pelota, lo que le valió un lugar a temprana edad en las reservas del Imperio como defensa central, una frase común entre sus compañeros de equipo y quienes le vieron jugar  rezaba que “cuando Picacho jugaba en la central,  pasaba la pelota o el rival, pero nunca juntos”.

Cuentan también, y como prueba de su arresto, que disputándose un encuentro entre el Tepatitlán y el Imperio en  cancha del equipo de los altos de Jalisco, con un marcador en contra de 2-0, Picacho chocó su cabeza con un rival disputando un centro, aquel choque le valió una aparatosa herida en la ceja, al ver su sangre correr tomó un puño de tierra y tapó su herida,  salir de la cancha no era una opción. Aquella muestra de coraje motivó a sus compañeros  y el partido finalizó con un 2 –3 a favor de los  visitantes.

La oportunidad y el debut en el fútbol profesional  llegó en 1944 vistiendo la camisa del hoy extinto Oro, misma que defendió hasta 1946 para después de una interrupción de dos años regresar en 1948 al profesionalismo vistiendo la camisa del Guadalajara, sin embargo su debut  con  Guadalajara aún tenía mucho por escribir,  Chivas se enfrentaba al también hoy extinto Tampico, aquella fue la primera temporada en que los equipos del futbol mexicano realizaban algunos de sus viajes en avión, aquella fue la primera vez que Picacho subió a un avión, para su mala fortuna más que una buena experiencia se convirtió en pesadilla, la pequeña aeronave fue víctima durante todo el trayecto de fuertes turbulencias, aquel susto no pasó desapercibido para su organismo provocándole durante esa noche diarrea y vómitos.

Oro

El partido se disputó a las 12 del día y ante un calor sofocante  que no hacía más que acrecentar la debilidad ganada por los malestares de la noche anterior, sabedor de que sus facultades físicas estaban limitadas, Picacho pidió a su entrenador  que le mandara a la banca, pero el mismo creyendo que su  joven jugador se acobardaba, decidió ignorar la petición obligándole a jugar. Por si no fuera suficiente este escenario de mala suerte, Picacho tenía que marcar a Felipe Altube, habilidoso extremo argentino que destacaba esa temporada y  del que en el primer tiempo fue víctima de cuanto desborde intentó el argentino.

Altube

Llegó la segunda mitad  y el escenario no cambió mucho, fue tanta la displicencia de su joven marcador, que a la primera oportunidad Altube se acercó a Picacho para comentarle  – Güero te veo muy mal, ¿qué tienes?  Sorprendido ante la pregunta de su rival, Picacho respondió con completa honestidad narrándole las desventuras de las que fue víctima una noche atrás. Conmovido y contra todo pronóstico, el extremo argentino sonrió y respondió: – No te preocupes Güero, ya no voy a pedir la pelota.  Y cumplió a su palabra, durante el resto del partido Altube no pidió más la pelota y se mantuvo cerca de su juvenil marcador. Aquel acto de insospechada solidaridad naturalmente pasó inadvertido para todos los reunidos en la cancha, los diarios hablarían al día siguiente  de un empate y aquella historia se convertiría en un secreto entre dos “presuntos” rivales que terminaron el partido enfundados en un abrazo.

El futbol es más de lo que se nos presenta en apariencia

La carrera profesional de Picacho sólo abarcó dos años más, hasta 1950, para regresar al futbol amateur que le vio nacer defendiendo el azul y blanco de su querido Imperio. Sin embargo aquella acción nunca abandonó su memoria. Lo sé muy bien porque al escribir estas líneas recuerdo aquel día que, emocionado por jugar un partido en una liga juvenil,  corrí a pedir su consejo de ex-profesional  y él con su mirada envuelta en pasión eligió contarme esta anécdota,  como para hacerme entender con una pequeña historia que el  fútbol es más de lo que se nos presenta en apariencia,  sin saberlo, aquella plática resultó en mi última charla con mi tío “Picacho”,  falleció semanas después, un 17 de febrero de 2008.

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Es por ello que cuando decepcionado por el artificial y mercantil proceder de este deporte tan golpeteado y  prostituido por los dueños del balón, traigo a mi memoria aquella última anécdota que de alguna forma me sigue obligando a recoger el optimismo que se escapa del bolsillo. Para buscar aquel fútbol que se nos oculta y que solo a menudo aparece para quien decide mirarlo. En honor a mi tío Picacho, a su solidario rival Altubelo  y a la belleza que esconde este deporte,   dedico esta columna.

@Gfurlong9

 

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