De la prohibición al tabú: La larga deuda de Japón con la píldora anticonceptiva y la salud reproductiva de las mujeres japonesas
Aunque Japón tardó más de 30 años en aprobar la píldora anticonceptiva, las mujeres japonesas aún enfrentan severos desafíos económicos, médicos y sociales para acceder a métodos anticonceptivos de forma autónoma.
Antecedentes
Hasta 1999, las mujeres japonesas no podían usar la píldora anticonceptiva. Se creía que al autorizarla, las mujeres y jóvenes solteras la usarían para promover la promiscuidad y la inmoralidad sexual, así que se le daba prioridad al aborto y al uso de condones.
De hecho, Japón se convirtió en el primer país del mundo en legalizar el aborto por razones económicas y de salud en 1948, pero sujeto a diversas regulaciones, costos elevados y requisitos estrictos, como obtener un permiso por escrito de su esposo.
Tras la Segunda Guerra Mundial, ante la escasez de alimentos y el aumento poblacional, convirtieron el aborto y al condón masculino en los pilares del control de la natalidad, generando una industria en la que asociaciones médicas y fabricantes de condones obtenían importantes ingresos y se oponían abiertamente a la introducción de la píldora.
En la década de 1960, el proceso de aprobación se frenó abruptamente tras las crecientes dudas sobre efectos secundarios, como trombosis, cáncer de cuello uterino y alteraciones hormonales. Las únicas fórmulas hormonales autorizadas eran de dosis alta o media y solo se prescribían para tratar trastornos menstruales, no para anticoncepción.
Antes de su aprobación en 1999, Japón era el único país miembro de las Naciones Unidas sin aprobar los anticonceptivos orales de baja dosis, según por una necesaria evaluación de sus riesgos, y porque su aprobación también implicaría una baja en la venta de condones y dispararía los contagios de VIH y otras ITS.
¿Qué pasó después de su aprobación?
Tras su esperada aprobación, las expectativas de un uso masivo no se cumplieron. Durante el primer año, menos del 1% de las mujeres en edad fértil obtuvieron una receta. En las dos décadas siguientes, la proporción de mujeres que usaban la píldora como método anticonceptivo apenas aumentó a un rango entre el 1% y el 4.2%.
Además, la aprobación vino acompañada de condiciones estrictas. Por ejemplo, la exigencia de prescripción médica en consulta, sin venta libre ni prescripción por matronas, y hasta la exclusión de la cobertura del seguro público de salud.
Por otra parte, el condón masculino continuó siendo el método predilecto, perpetuando la creencia de que la anticoncepción era responsabilidad del hombre, manteniendo a muchas mujeres en un rol pasivo en las decisiones sobre salud reproductiva. Otros factores también fueron importantes para la falta de interés, como el prejuicio, el miedo a subir de peso, sufrir infertilidad o tener problemas de salud.
Ante la escasa demanda como anticonceptivo, a partir de 2008 los médicos comenzaron a recetar la píldora de baja dosis principalmente para tratar la dismenorrea y la endometriosis. Para 2016, aliviar los síntomas menstruales se convirtió en la razón principal para tomar hormonas en Japón, por encima de la anticoncepción.
¿Las mujeres siguen enfrentando desafíos para acceder a otros métodos anticonceptivos?
Frente a este panorama, muchas mujeres japonesas ponen de lado su autonomía reproductiva y delegan el poder de decisión a sus parejas masculinas. Esto coloca a las mujeres en un rol pasivo en sus relaciones sexuales, provocando que muchas sientan vergüenza o incapacidad de comunicar y exigir abiertamente el uso de anticoncepción a sus pareja, incluso cuando desean protegerse o usar otro método específico, que no sea un condón.
Hoy, esta creencia llega a tal punto que muchas mujeres ni siquiera acudan a un ginecólogo, ya que conlleva un estigma social, como asociarlo con la búsqueda de un aborto o el tratamiento de infecciones de transmisión sexual.
De igual manera, como tanto la píldora oral diaria como la píldora anticonceptiva de emergencia requieren receta y consulta médica obligatoria, es casi imposible acceder a estas opciones. A eso se le suman los altos costos sin cobertura del seguro de salud.
A pesar de que la píldora ya está disponible, otros métodos de larga duración ampliamente usados a nivel global (como los implantes subdérmicos, parches o inyecciones anticonceptivas) siguen sin estar aprobados ni disponibles en Japón. Esto genera una dependencia casi total del condón masculino.
Actualmente, si ocurre un embarazo no deseado, la interrupción del embarazo no está cubierta por el seguro público, y puede costar entre $750 y $1,500 dólares. Además, exige obligatoriamente (salvo contadas excepciones) el consentimiento legal de la pareja masculina.