Volcán de Fuego en Guatemala en erupción: 30,000 personas en riesgo
Si algo caracteriza al Volcán de Fuego en Guatemala es su insaciable gusto por recordarle a los humanos que la naturaleza no manda avisos diplomáticos. En un episodio que parece un “remake” de desastres anteriores, esta montaña ardiente ha vuelto a la acción, con flujos piroclásticos, ceniza a 7,000 metros de altura y la evacuación de miles de personas que, con mochilas y recuerdos a cuestas, han tenido que huir para no ser engullidos por la furia del coloso.
Evacuaciones y cierres: cuando el volcán dicta la agenda
Las autoridades guatemaltecas han elevado la alerta a nivel naranja y han evacuado a más de 1,000 personas hasta ahora, aunque la cifra de personas en riesgo asciende a unas 30,000. Familias de comunidades cercanas, como El Porvenir y Las Lajitas, han dejado sus hogares con lo puesto, refugiándose en albergues o con familiares, porque, cuando la tierra tiembla y el cielo se cubre de ceniza, las posesiones materiales pasan a segundo plano.
El gobierno no tardó en reaccionar: suspensión de clases en varios municipios, cierre de carreteras clave y prohibición de ascender al vecino volcán de Acatenango, un destino turístico que, en circunstancias normales, ofrece vistas privilegiadas del espectáculo volcánico. No obstante, con la actual actividad, esa experiencia VIP se ha vuelto demasiado realista.
El gran peligro: no solo la lava, sino los lahares
Si bien la erupción en sí misma ya genera bastante caos, los expertos advierten que lo peor podría estar por venir. Los lahares, esas aterradoras avalanchas de ceniza, lodo y escombros que avanzan como un tsunami terrestre, representan una amenaza mayor. Estas corrientes pueden sepultar comunidades enteras en cuestión de minutos, como lo demostró la tragedia del 3 de junio de 2018, cuando la erupción del Volcán de Fuego dejó más de 200 muertos y cientos de desaparecidos en San Miguel Los Lotes.
No es de extrañar que los habitantes de la zona aún vivan con el trauma de aquel desastre. Isaac García, uno de los evacuados, confesó que el recuerdo de 2018 fue suficiente para tomar la decisión de salir de inmediato junto con su familia. “No vamos a esperar a que sea demasiado tarde”, comentó desde un refugio en San Juan Alotenango.
El final (por ahora) y la eterna vigilancia
Después de horas de tensión, el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) informó que la actividad del volcán ha disminuido y que los parámetros de monitoreo han vuelto a niveles normales. Sin embargo, esta afirmación es como decir que un león dormido ha dejado de rugir: sigue siendo un león.
Las autoridades mantienen la alerta y recomiendan a la población tener listas sus mochilas de emergencia, por si el Volcán de Fuego decide dar un nuevo rugido. Mientras tanto, el miedo persiste, junto con la amarga certeza de que, en Guatemala, la historia de los desastres naturales tiende a repetirse con alarmante frecuencia.