La falsa sustentabilidad de los Juegos Olímpicos 2021

Este verano se espera que la mitad de la población mundial siga la cobertura de los Juegos de Tokio, en Japón, retrasados por la pandemia, y que estos cuesten entre 12.000 y 28.000 millones de dólares. Aunque este año se celebrarán sin público por el coronavirus, esto refleja una tendencia hacia los grandes gastos, comenta Martin Müller (Pfarrkirchen, Alemania, 1982), profesor de Geografía en la Universidad de Lausana (Suiza) y autor de un reciente estudio publicado en la revista Nature Sustainability sobre la (in)sostenibilidad de los Juegos Olímpicos.

Gracias a la creciente atención y las políticas destinadas a ellos, estos megaeventos podrían convertirse en un ejemplo de sostenibilidad y ser pioneros en las transformaciones necesarias en materia de construcción, desarrollo y operaciones. Sin embargo, tras analizar los últimos 16 Juegos de verano e invierno, el equipo de Müller apunta que estos acontecimientos han disminuido su rendimiento de sostenibilidad desde 1992, cuando se celebraron en Barcelona. 

En entrevista para la Agencia SINC, Müller explica que para hablar realmente de sustentabilidad tenemos que fijarnos en tres dimensiones: la dimensión medioambiental, la social y la económica, también conocidas como planeta, personas y beneficios. “Eso significa que la idea va mucho más allá de conseguir unos juegos ‘verdes’ en cuanto a Juegos Olímpicos respetuosos con el medio ambiente”. Para el equipo de investigación, unos JJ. OO. también tienen que tener sentido económico y ser socialmente justos. “Una de las cosas que hemos analizado, por ejemplo, es si hay un buen uso posterior de todos los estadios deportivos o si la gente ha sido desplazada para poder acoger el evento.”


Ante la pregunta de cuales son las consecuencias de estos megaeventos, el investigador es categórico al señalar que “la peor consecuencia es que se acaba gastando mucho dinero en un evento que destruye el planeta, perjudica a las personas y no contribuye mucho al desarrollo económico”. Por desgracia, eso es lo que a menudo ocurre.

Y por más que mediáticamente los juegos en Japón se estén presentando como sustentables, explotando la idea de que la villa olímpica es reciclable, en su conjunto estos juegos se limitan en realidad a hacer lo mismo de siempre, pero con un bonito ‘envoltorio’ verde alrededor.

Tras analizar los últimos 16 Juegos de verano e invierno, el equipo de Müller apunta que estos acontecimientos han disminuido su rendimiento de sostenibilidad desde 1992, cuando se celebraron en Barcelona

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Metas en el plan de sustentabilidad en los juegos olímpicos de Tokyo 2020

¿Qué se requiere para hacer los juegos más sostenibles?

Para Martin Müller, la clave para que los juegos olímpicos realmente manden un mensaje hacia la urgente para transitar a un mundo más sustentable está en lo que lla ma las tres D: disminuir, desmaterializar y digitalizar.

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Los Juegos Olímpicos deben ser mucho más pequeños, con menos espectadores, menos periodistas y menos atletas (“disminuir”).

Las ciudades tampoco deben construir grandes infraestructuras como carreteras, hoteles o estadios para acogerlos, sino que deben arreglárselas con lo que tienen. Así que los Juegos deben adaptarse a la ciudad y no al revés (“desmaterializar”).

En tercer y último lugar, lo mejor de estos acontecimientos es que no hace falta estar allí para vivir una gran experiencia. Uno puede verlos desde casa o en las zonas especiales con grandes pantallas para aficionados de todo el mundo para compartir el ambiente festivo (“digitalizar”).

Pero nada de esto sucederá realmente si se sostiene el sistema económico que es quien realmente enferma al planeta y sus habitantes “Hacer que los Juegos Olímpicos sean más sostenibles requeriría un cambio significativo en el actual modelo de negocio. El COI no está dispuesto a hacerlo, también porque se enfrenta a la resistencia de las partes interesadas (como las federaciones deportivas)”, comenta el investigador.

“En general, estos acontecimientos son lentos en reaccionar a las circunstancias cambiantes y con frecuencia se necesita una fuerte presión externa —como protestas y boicots— para modificar las cosas.”

“Creo que las ciudades anfitrionas tienen que darse cuenta de que están gastando mucho dinero en un evento que no es ni un buen negocio ni muy sostenible. Así es como lo han entendido muchas personas en ciudades de todo el mundo y por eso ahora protestan contra estos megaeventos. Si los ciudadanos tuvieran más voz en la organización de los Juegos Olímpicos, también veríamos resultados más razonables”, finaliza el experto.

Con información de Agencia SINC


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