El deterioro en Cancún ejemplifica los efectos ecocidas que tendría el Tren Maya

Para los defensores del Tren Maya, el megaproyecto traería desarrollo económico y prosperidad en la región del sureste mexicano. Para los detractores, la apuesta tiene que más que ver con la consolidación de un proyecto trazado desde hace décadas para continuar con el saqueo de nuestros recursos. Una discusión que se juega en el futuro utópico de la cuarta transformación y las señales apocalípticas de la crisis ambiental.

Pero también tenemos lo pasado y un presente que no arroja mucha luz sobre la supuesta transformación de fondo que traería la nueva administración del poder. Los discursos mediáticos de una nueva élite que desestima toda crítica como una estrategia de la derecha, pierden de vista que por donde quiera que se les vea, en el norte o en el sur, los megaproyectos nunca han derivado en mejores condiciones para las comunidades en donde se imponen, sino en grandes negocios para unas pocas familias.

Cualquiera que sea su rostro (mineras, carreteras, aeropuertos, termoeléctricas), los megaproyectos terminan afectando a las comunidades de origen, encareciendo la tierra y los servicios, y derivando en un deterioro ambiental que incluye la fragmentación y perdida del equilibrio ecosistémico, con el desgaste y la disminución de los recursos básicos que esto conlleva (sin profundizar en el terrible hecho de que, en esta parte del mundo, la imposición de esos proyectos también arrastra un clima de inseguridad y violencia que se cuantifica en cientos de defensores ambientales asesinados; crímenes que en aplastante medida se mantienen en total impunidad en este país).

Lamentablemente, cuando se trata de opinar, los hechos suelen dejarse de lado. Como todo lo que supone esta nueva era de esplendor que estamos experimentando y que se siente igual a nuestros peores años, en los mensajes de la 4T se advierte que la fuerza moral de su líder es suficiente para transformarlo todo. Así como bastan las palabras de Obrador para transformar a los señalados como agresores sexuales en candidatos, a los militares señalados por tener vínculos con el narcotráfico en figuras intachables y ejemplares, ahora es suficiente su palabra para transformar a los proyectos señalados como ecocidas en el renacimiento de la naturaleza que se levanta como un ave fénix gracias a falacias como los corredores de paso 1Conviene advertir que los “wildlife corridors”, aún cuando son señalados porque conllevan problemas ecológicos como el flujo descontrolado de enfermedades que pueden afectar ecosistemas originalmente fragmentados, o el paso de especies invasoras en esos mismos ecosistemas, gozan de buena reputación pero pocas veces se menciona que los grupos de investigación que publican sus beneficios, están claramente ligados a la industria de la construcción y por lo general obtienen una enorme cantidad de recursos públicos en labores de exploración y diseño para estos proyectos. Es, como muchos problemas científicos en la actualidad, uno de esos temas que está condicionado por el uso del poder y que padecen una crisis de refutación; uno de los elementos clave del método científico..

Pero más allá de los discursos tenemos los hechos del pasado, puros y duros, que nos revelan con mayor claridad lo que podemos esperar. Podríamos pensar, solo como ejemplo, en la “prosperidad” de Cancún para acercarnos a la región del Tren Maya y hacernos algunas preguntas básicas: ¿Cuántas familias originarias nos reciben en sus restaurantes o sus hoteles? ¿Cuánta vegetación se ha perdido por efectos del progreso? ¿Quién prospera en Cancún?

Como se puede leer en un artículo reciente de El Universal, el verdadero proyecto “más allá de la construcción de las vías y las estaciones, son los polos de desarrollo, proyectos inmobiliarios y de urbanización que la administración creará y fomentará a lo largo de la ruta. El problema es que, según estudios encargados por los promotores del Tren Maya, si estos desarrollos son mal ejecutados, hay grandes riesgos para la región”.

Pero si en algo son expertos quienes se dedican a consolidar este tipo de iniciativas es a seducir, desarrollando para ello nuevos lenguajes; por eso, el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) ahora habla de comunidades sustentables, en lugar de polos de desarrollo. Quizá con este nueva forma de nombrar las cosas, se evitarán problemas concretos como los señalados en el documento “El espejismo de Cancún”, donde se puede leer que en 40 años se ha perdido en esa localidad el 77% de las selvas y el 64% de la vegetación de dunas costeras pasó a ser zonas urbanas.

Lamentablemente no hay ningún elemento, que no sea la confianza ciega en los funcionarios de hoy (que básicamente son los mismos funcionarios de ayer), que nos permita pensar que esos desarrollos no serán mal ejecutados. De hecho, ya están siendo mal ejecutados; con encuestas amañadas, campañas de desprestigio a las comunidades que rechazan el proyecto, despliegue de fuerzas militares en la región que conlleva al recrudecimiento de los conflictos locales y la difamación para desestimar los múltiples amparos que se están gestionando en contra de la obra.

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Desconocer, difamar e imponer

Como puede leerse en una nota de Julio Gutierrez para La Jornada “Las declaraciones del Fonatur sobre que los amparos contra el Tren Maya no han sido presentados por las comunidades no tiene otro fin que desacreditar una lucha que se ha hecho por defender el patrimonio de cientos de años”, aseguraron comunidades cercanas a las obras del megaproyecto.

Contrario a lo que señaló el director general de Fonatur, Rogelio Gómez Pons (cuya impresionante experiencia queda plasmada en la versión pública de su CV), las comunidades mayas sí han interpuesto varios amparos para detener la construcción del Tren Maya, apelando a la amenaza que representa al medio ambiente, el despojo del territorio y el desalojo de las familias que viven cerca de las obras.

“Nos tratan como ignorantes de la construcción, pues una cosa es rehabilitar y otra es obra nueva. Hay conflictos que se están generando en muchos ejidos por las indemnizaciones, por ejemplo en Champoton, Escarcega, Candelaria, Calkini, Halacho, Chochola y más. No son ONG las que están en conflicto, son las comunidades”, dijo a La Jornada Romel González, coordinador de democracia y desarrollo del Consejo Regional e Indígena de Xpujil (CRIPX).

González aseguró que las declaraciones de Fonatur sobre los amparos interpuestos demuestran la falta de conocimiento sobre los procesos legales que han iniciado las comunidades indígenas para defender su territorio y la vida comunitaria.

Por su parte, Guadalupe Cáceres, activista y defensora del Colectivo Tres Barrios Campeche, señaló que desde 2019 las comunidades se organizaron para presentar las demandas contra la construcción del Tren Maya. “Nuestra comunidad está a pie de la vía y nosotros luchamos por nuestro hogar y nuestras tradiciones. Nos demandan que tendrán que quitar 20 metros por cada lado de la vía y nosotros no estamos de acuerdo, son nuestros terrenos. Nos buscan desacreditar mediante procesos que desconocemos”, dijo Cáceres.

De igual forma, Nicolás Arcos Martínez, de la comunidad Nuevo San José, en Calakmul, explicó que interpusieron un amparo contra el Tren porque su producción incrementará los costos de los productos en la localidad y afectará a las familias. “Se ha firmado un amparo para evitar la construcción, se ha dicho que llegarán apoyos, pero no ha pasado. Los recursos naturales no tenemos porque sobre explotarlos”, dijo Arcos.

Pero incluso los propios documentos del Fonatur, señala posibles conflictos. Según el nota de El Universal, en esos documentos se pueden leer cosas como “En Escárcega no hay atractivos turísticos y 371 lotes dentro del derecho de vía están ocupados, estos se denominan asentamientos irregulares. En Palenque, primera estación del Tren Maya, se quiere convertir terrenos ejidales para su uso comercial, habitacional y de servicios, y, tras advertir que los ríos están terriblemente contaminados, se habla de que la intención es doblar la población de la ciudad.

De acuerdo con el documento La Semarnat y los trenes, de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, los impactos ambientales del Tren Maya se dividen en dos. Primero, los que generará la construcción y la puesta en marcha del tren en sí. Segundo, los tiempos, “a mediano y largo plazos”, y “mucho mayores y complejos” tienen que ver con “los polos de desarrollo”.

Como lo señala Violeta R. Nuñez, investigadora del Departamento de Producción Económica de la Universidad Autónoma Metropolitana, un problema central es que desde el gobierno se habla con un “lenguaje económico de rentabilidad, inversión, competitividad (…), es decir, incorporarlo todo a la lógica de mercado y ganancia, y no a una lógica comunitaria” y advierte que “en lo concreto, hay poca información sobre los polos de desarrollo”.

Nuñez critica la información contradictoria que se da desde el gobierno. “En septiembre de 2020, López Obrador dijo que los polos de desarrollo no tienen nada que ver con el tren y que no son parte del proyecto, pero Rogelio Jimenez Pons, director de Fonatur, ha seguido insistiendo en los polos de desarrollo y siguen en la pagina oficial del tren”, dice.


“Esto nos muestra, igual que la repentina incorporación del Ejército al tren, que mucho se va improvisando y es gravísimo que estén planteando así un reordenamiento territorial de esta magnitud; los polos de desarrollo son el gran negocio del Tren Maya, y el resultado es que van a tratar de reproducir 19 ‘Cancunes’, una historia de depredación de la naturaleza y la sociedad; en los próximos años vamos a ver cómo el sureste va a transformarse en zonas con alta marginación y destrucción social”.

A pesar de las denuncias, Fonatur insiste en que las comunidades han mostrado su apoyo al Tren Maya, cuando éstas han acusado en numerosas ocasiones que ni siquiera tuvieron información clara y completa sobre la construcción y operación del megaproyecto.

Con información de La Jornada y El Universal | Redacción y edición del Colectivo Alterius


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Referencias

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1 Conviene advertir que los “wildlife corridors”, aún cuando son señalados porque conllevan problemas ecológicos como el flujo descontrolado de enfermedades que pueden afectar ecosistemas originalmente fragmentados, o el paso de especies invasoras en esos mismos ecosistemas, gozan de buena reputación pero pocas veces se menciona que los grupos de investigación que publican sus beneficios, están claramente ligados a la industria de la construcción y por lo general obtienen una enorme cantidad de recursos públicos en labores de exploración y diseño para estos proyectos. Es, como muchos problemas científicos en la actualidad, uno de esos temas que está condicionado por el uso del poder y que padecen una crisis de refutación; uno de los elementos clave del método científico.
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