El caso de Samuel García y por qué no hay que normalizar comentarios y prejuicios machistas


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Una línea argumental recurrente en Tercera Vía, desde 2015, es que la violencia verbal no pierde la condición de vulnerar a terceros aunque sea usada en contextos como el intentar ser gracioso, estar en el marco de una tradición o ser un tema cultural. La violencia lo es y punto.

Mientras algunas figuras con relevancia en medios intentan aportar su granito de arena para crear conciencia alrededor de los micromachismos, con campañas dirigidas tanto a hombres adultos que podrían concientizarse, así como una audiencia más joven que apenas está formando sus valores.

Por eso es importante que aquellos con un cargo público y/o gran audiencia, sean responsables de lo que exponen en redes. ¿Un mal “chiste” o una violencia cotidiana por ser del norte es equiparable al femenicidio? La respuesta es que violencia es violencia, sea una mirada por la calle, un empujón, un grito en la intimidad del hogar o decirle a la pareja que “enseña” demasiado, como si fuera de la propiedad de uno.


La nota política de hoy lunes va del Senador Samuel García, de Nuevo León, quien realizó comentarios machistas a su esposa – Mariana Rodríguez- por mostrar la pierna en una transmisión en vivo de ambos por medio de Instagram.

El intercambio entre ambos se ha posicionado como Trending Topic con los nombres de ‘Mariana Rodríguez’, ‘Samuel García’ y el hashtag #YoEnseñoLoQueQuiera, en el que de manera orgánica cientos de mujeres han subido fotos con la misma pose que tenía Mariana Rodríguez al momento en que su esposo le pidió de manera poco paciente que dejará de “enseñar”.

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¿Importaría si lo hubiera señalado alguien que no fuera Senador o tuviera cientos de miles de seguidores en redes sociales? Por supuesto, y sería igual de reprobable. En este caso además se junta el tema de la responsabilidad al tener un foro de este tamaño (ser, literalmente, un influencer y al mismo tiempo servidor público) y dar ejemplos de violencia machista a la sociedad.

 

Posdata

El caso de Samuel García demuestra lo mucho que falta interiorizar la agenda y la sensibilidad feministas en todos los espacios políticos. Sin embargo, este debe de ser un llamado de atención para todas las personas que aspiran a gobernar: el feminismo y su agenda no son una “moda”, sino una forma de entender el mundo, el rol de la mujer y las maneras en que nos vinculamos afectivamente para construir relaciones equitativas.


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