Entre la izquierda, la derecha y el EZLN


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La puesta en escena del EZLN en la vida electoral recuerda una gran obra en donde el tercer personaje se incorpora como uno de los “malos”. Irrumpe en un guión de la izquierda, que fascinada por entrar al proceso de 2018, busca todo el apoyo de los que se asumen de abajo -o de arriba, según el estado anímico de esa izquierda- para combatir en un duelo encarnizado con su gran antagónico: la derecha conservadora y fraudulenta.

A tono con severas tragedias, se desarrollan simultáneamente los diversos escenarios:

-El mismísimo infierno, representado por el Estado fallido. De manera excelsa, a través del inigualable manejo de la inseguridad, se muestra una realidad cruda, que se supera tanto a sí misma, que hasta parecería la vida.


-El paraíso de la Izquierda, donde se vive mejor. Se nos muestra la divinidad de un mesías, con toda la obsesión de mantener a los demonios fuera de su territorio, aunque los demonios ya están dentro de él; tal vez los remolinos de tanta luz no permitan ¨mirar esa situación”.

Tomando en cuenta este proceder melodramático, fundamento de la vida mágicómica electoral de nuestro país, las tramas son llevadas a los ojos del ávido espectador: México.

La obra desata un amorío inquebrantable de la izquierda, que es patrimonializada, y como los niños, a nadie dejan jugar con ella: “no te la presto, es mía, solo mía”. Pero un romance siempre puede llevarnos a la tragedia.

Por otra parte, su antagónico viene con juegos de doble moral, el poder de las alianzas y fantásticos personajes: las reformas estructurales, (léase como un toque de seducción rentable) que, poco a poco, nos va llevando a la trama: ¡Rumbo al 2018! No sabe uno si llorar o reír.

No podríamos dejar de nombrar al gran director, el mejor, diría yo: Instituto Nacional Electoral, INE, con sus grandes dotes de simular democracia y de ser la guía electoral que los mexicanos necesitábamos (véase como a un gran héroe; si gusta ponerle una capa, con todo gusto, no se detenga).

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La historia es vasta en argumentos, aunque su escenografía sea bastante desconsoladora. Se desenvuelve el Estado fallido en todas sus expresiones: asesinatos, violaciones, desapariciones, y cuantas cosas más broten de las llamas del infierno. Mientras tanto, la izquierda salvadora se maneja dentro de una síntesis cronológica de su decadencia, con un desbordamiento hacia la manía tan suya de sumar cada vez a más personas a sus filas; un teorema triangular donde específica requisitos muy sencillos: “me das tu credencial, tomo tus datos, posa para la foto: ¡Bienvenido a la izquierda!”. (Imagínese al afiliado con su respectiva gorra, playera y banderita).

La izquierda salvadora se maneja dentro de una síntesis cronológica de su decadencia

Si bien hay un esfuerzo notable en este trama por parte de la ciudadanía activa en lo político, al final la mayoría son desplazados, distraídos por el poder. Revisemos quienes son los “líderes” en algunas partes del Estado de México: hay una vasta selección de viejos actores políticos con todas las “características necesarias” -dotes histriónicos de corrupción y nepotismo-. (En esta parte tenemos que sentirnos orgullosos de nuestros políticos: véanse con una sonrisa en algún cartel con photoshop, con una frase combativa, pidiéndonos apoyo).

Toda actuación necesita un poco de suspenso. Algo que venga a revolotear todo, a moverlo, un añadido emocionante. Por ello, en esta recta ya casi final llega el estelarísimo EZLN, uno de los rostros indígenas de la resistencia, autonomía y organización de estas dos últimas décadas (véase como un icono de rebeldía; si gustan pueden empezar a revivir su dignidad, esa que ya tenían olvidada. Agréguenle un paisaje verde de esos que en Chiapas verdaderamente son bellos). Un actorazo nacido al sur del país, que en 2012 había vuelto con este gran verso: “¿Escucharon? Es el sonido de su mundo derrumbándose…”.

En el escenario se animó la discusión cuando nos enteramos que el CNI lanzará una candidatura independiente a la presidencia de 2018. Sonaron y retumbaron los corazones de izquierda, quienes no han olvidado su tintineo hacia la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, esa pequeña patria, donde se engendra rebeldía de la buena.

La izquierda retoma entonces su carácter de reflexión ideológica: ¿Quién puede ser de izquierda, quien no? ¿Quién puede ser candidato independiente, quien no? ¿Una mujer indígena puede representar al país? Siendo mujer, ¿lo hará bien?

Aquí tres pequeñas reflexiones del posible desarrollo y desenlace de esta gran historia:

1.-En un país colonizado, la primera gran batalla es lograr eliminar la discriminación hacia la mujer indígena (hacia la mujer en su totalidad) en una sociedad educada por los estereotipos del marketing y la perfección según la mercadotecnia. Tenemos un México donde la identidad se ha globalizado; hablar de indigenismo es cuestión de vergüenza para muchos, quienes tienen un desconocimiento brutal de nuestros orígenes.

2.- Pocas veces algún tema genera tanta discordia, reflexión, opiniones. Esto nos puede llevar a un proceso de interacción, de volver a repensar los escenarios, las formas, los contextos, el flujo de información, para salir de la zona de confort donde muchos permanecimos ante una desoladora contienda. Hoy estamos regresando a ese momento del 2012 donde todos queríamos entrar en una politización bastante ardua. Esa gran experiencia tendrá que ser retomada con gran cautela: vámonos lento, porque vamos lejos.

3.- Muchos ven como obligatorio que se levanten en armas, que demuestren la validez de la palabra “ejercito” en sus siglas. El EZLN puede hacer lo que quiera. Deberíamos analizar su propuesta, que va mucho más allá de lo electoral; no olvidemos sus dotes para establecer autonomía en el vientre selvático de nuestra cultura. No podemos negarles nada, y ellos no pueden obligarnos a nada. Como sea, en todo el mundo, una gran cantidad de personas y colectivos mantienen el respeto y la admiración sobre la perdurable resistencia del EZLN.

El desenlace será de lo más intenso. Ojalá en el final culminante del 2018 no tengamos nuevamente ese sabor amargo, de arrepentimiento, de no pemitirnos una nueva forma de hacer política donde quepan muchas ideas, muchas formas, muchas manera de buscar un México donde quepan ellos, nosotros, ustedes y el EZLN.


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