Fértil, con moho, dulce, o inútil: ¿qué se siente haber asistido a asambleas de #PazALaCalle?


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La primera asamblea fue bonita. No, retrocedo, la noche del domingo PosPlebiscito fue conmovedora… yo pensaba mucho en mi familia, mucho en amigas que son extranjeras eternas después de vivir varios años afuera queriendo volver, pensaba en esos 8 años furiosos del uribismo cooptando la cultura y ritmo mental de las personas floreciendo esa noche en mi cara, en mis amigos extranjeros viviendo acá. Así que cuando me dijeron que nos viéramos para consolarnos y buscar consolidar la paz de mi país, ¿cómo iba a decir que no?

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Pero pasan las semanas. Pasan los días. El pasto pisado quedó siendo la única huella de la necesidad de entrelazar tantas raíces y tantos posgrados y tantos ritmos/bailes y tantas dudas, porque lo que siguió fue puro ladrillo y consignas y ego y gente ligeramente borracha/drogada llegando en silencio dándose una oportunidad para no ser cínica… y saliendo con un “tenía razón, los mismos con las mismas” en su cabeza y ojos tristes.


¿Y saben?

No me da, no me alcanza, no me interesa ser parte activa de gente que dice odiar los pasillos del Palacio de Liévano pero transa con el optimismo de igual manera. Bueno, hasta algo peor, ahora lxs que transan tienen aretito en la oreja, tatuaje y no son racistas porque tuvieron una pareja afrocol que tocaba en un grupo gaitero (todo muy posmoderno, muy progre). Son “prácticos” pero incapaces de asumir que para avanzar hay que sincronizarse, más que pedir unidad y sumisión tácita.

¿Saben?

Yo quiero mi tierra. La tierra es generosa. La tierra permanece. Pero mi país no es un nené con litio aislado del mundo, Bogotá no es cachacos de 50 años buscando sexo y el Parkway no es el ombligo del mundo racional.

Somos parte de un gran entramado, y los que hemos tenido el lujo de viajar y verlo tenemos el privilegio de compartirlo, creando las condiciones para un mejor presente -ya que quién sabe el futuro, ¿no?, ese se va creando-. Ese siento que es el reto, y después de varias asambleas que crearon comités hasta para respirar (¡!), donde no siento la fuerza de la representación civil, no veo a la gente que dice ser horizontal y plural entendiendo esta realidad.

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2016. No 1970, 1980, 1990.

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Hoy.

Voy a decir algo…

Es deprimente, causa ira y me alborota mi gastritis el que por el orgullo de pocas personas, hayan desperdiciado el poder ciudadano que emergía del momento PosPlebiscito.

Ese terror tan fuerte a la autocrítica porque le hacen a uno la vida imposible, esa bajada de línea tan antisutil de “acá marchamos y ya”, ese tufito a haber hablado en Presidencia sin compartir y preguntarse uno si ahora se volverán los PosterBoys de un gobierno encoñado en que no analicemos sus fallas racistas, clasistas y tributarias, eeeso es lo que me incomoda. Quiero sacudírmelo pero, sorry!, no veo otros hechos. A la fecha.

Por esto, es que creo que lo más saludable es apoyar a la gente que sí quería paz en sus calles… carajo, ¡en todas las calles!

Sé que leer a @MoisoMedrano y los planteamientos PazPacífico y apoyar a los museos donde cabe lo Queer revitaliza y sí, quiero infografías sobre lo que es ser LGBTQ y ambientalista afectado según los acuerdos, sí, mira, todo eso me sostiene la luz con la que fortalezco mi decisión, y decido arrojar con todas mis fibras mi trabajo al mundo de esas personas.

Y decido estabilizar, para ser el cambio que estábamos esperando y que no usemos un enlatado.

Fresco.

Pulpa propia.

Algo de tierra en las uñas, pero estable y propio ese cambio y que se pueda compartir en lugar de desperdiciar.

La paz no creo que sea un mercado que puedes botar cuando otros mueren sin nutrirse de ella. Creo que acá hay que compartir más y cambiar dietas… la panza se demora un poquito en irse, ¡pero al menos no se piensa con el estómago y se devora al semejante!

Hacer eso.

Y tener un pie y una maleta lista, para dejar atrás el país. Por si algo. Por si a pesar de todo lo disponible, prefieren el refrito.

#PazAlaCalle #Colombia

Santiago Estero, Bogotá.


 


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