Epicentro: La innovación a la calle

Pensemos en el Internet, la red de redes que ha cambiado no solo la comunicación, sino incluso la manera en que muchos seres humanos se relacionan día a día. Tendríamos que pensar cuál fue la filosofía, ideas o preceptos que originaron dicha maravilla. Algunos se quedarían hoscos al saber que su origen fue la guerra. Arpanet, el abuelo de Internet, se concibió como una estrategia de defensa en Estados Unidos durante la guerra fría. 

Recordemos que Rusia había proporcionado misiles con ojivas nucleares a Cuba y que podía destruir bases completas de información. La única manera de no perderla ante un ataque nuclear era la posibilidad de conectar tres bases que pudieran compartir la “misma información” y si una era destruida, quedaban otras dos.

El inicio del Internet fue bélico, pero su entrega posterior de la guerra hacia las universidades y a los jóvenes programadores (como una transferencia tecnológica) de la red le dio el carácter lúdico que ahora conocemos.



Freeman Dyson, notable científico, publicó “El Sol, El Genoma y el Internet”. Ahí se preguntaba si los motores de la ciencia solamente eran la industria de la guerra o nuestro sistema de empresas, que buscan “innovar” en el contexto de una competencia económica descarnada.

Para Dyson, el motor real de la ciencia debía anclarse en las problemáticas sociales: ¿Cómo resolver el tema de exclusión, en todos los sentidos, presente en las favelas o las villas miseria? Se podría tomar el Sol como fuente de energía para estos asentamientos humanos, el genoma para transformar los árboles en recolectores de energía y el internet como un espacio de educación e inclusión para sus habitantes. Esta simple (y muchos dirán “imaginativa” fórmula) podría ser el motor para resolver el problema de la exclusión mediante la ciencia y la innovación.

Pero hacer que nuestro motor innovativo como civilización sea la resolución de problemáticas sociales, públicas, ambientales, culturales, etc., es sólo el principio. Hay muchos retos que como humanidad nos deberíamos plantear: ¿Cómo damos soporte a todos los hacedores, innovadores, generadores de nuestra sociedad? ¿Cómo democratizar la innovación lo suficiente para que este llegue a la base de toda la sociedad?

En una reciente reunión de laboratorios ciudadanos de iberoamérica en el Media Lab Prado, escuché una de las definiciones más lindas y con sentido que existe de la innovación. En palabras de Laia Sánchez del Citilab, de Barcelona: “La innovación es el derecho a cambiar lo que ya no funciona y poder hacerlos nosotros mismos”. Pasamos de una capacidad relegada a los laboratorios de guerra o las grandes empresas, a un derecho ciudadano: el poder transformar la realidad con nuestra imaginación.

Hace apenas dos años que un grupo de innovadores sociales, empresas de impacto no tradicionales y gobiernos, buscamos realizar un festival que pudiera tener uno de los retos más imaginativos posibles: llevar la innovación a la base social, llevar la innovación a la calle. 

El reto fue grande, más si pensamos que festivales como la Feria Internacional del Libro, El Festival de Cine de Guadalajara o el de Morelia han tratado de lograr su cometido acercando lo más posible la cultura a la gente. Nuestro reto era llevar algo tan dinámico y poderoso como la innovación en forma totalmente gratuita a la calle y mezclarlo con la alegría y potencia de la música. El resultado fue el Festival Epicentro.

Del primer festival recuerdo un poderoso concepto remix: se inundaron las calles de Guadalajara, Zapopan y Tlaquepaque con conferencias, conciertos y talleres de personajes tan variopintos como Jimmy Wales (creador de Wikipedia), Los Angeles Azules (el grupo máximo de cumbia sondear), Lauri Järvilheto (un filosofo que buscaba trascender la educación por medio del juego, apoyado por Rovio, de Angry Birds), Azul Violeta (legendario rock tapatío), etc.

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Es un orgullo que del 4 al 7 de noviembre este festival de nuevo viva y se repita para tratar de conectar ideas, la innovación y la música entre los ciudadanos de a pie. Este año la cartelera viene recargada con Sean Hewens y Luisa Cavaría de IDEO, un centro de diseño centrado en las personas para acabar con la pobreza; los rockeros incorrectos de Molotov; Edgard Gouveia, creador de un videojuego llamado “Play the Call” para educar a los niños en la cooperatividad, el medio ambiente o la economía de la abundancia; el cuarteto San Juan Project, creadores de un nuevo genero de jazz. ¿Quieres conocer el programa completo? Accede a: http://epicentrofestival.com/

Nuestra época es un tiempo de muchas revoluciones: la revolución urbana, la revolución cívica, la revolución innovativa. Todas producidas por la imaginación, la resistencia y el gusto por compartir nuevos derechos para poder crear. Epicentro Festival es un excelente espacio para poder conectar con todas estas ideas y lo mejor de todo: es un festival gratuito y en la calle en el Occidente de nuestro país.

 

 

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Por Gustavo Acosta

Fundador y coordinador de Incuba Social y Zapopan Lab.

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