Revive la educación catequista en los campus de lujo: clases de matrimonio para la elite
A través de redes sociales, ha resurgido un debate en torno a la oferta educativa de la Universidad Anáhuac, al ofrecer materias optativas como ‘Noviazgo, compromiso y matrimonio’, además de talleres y diplomados que promueven el desarrollo personal, ético y familiar de los estudiantes bajo los principios del humanismo cristiano.
Los cursos humanísticos de la Anáhuac
Dentro del Bloque Anáhuac Electivo (BEA), una serie de asignaturas y talleres que complementan la formación integral de los estudiantes, se ofrecen diversas asignaturas, diplomados y posgrados de corte humanístico centrados en la persona, la ética, la afectividad y la espiritualidad.
No son materias obligatorias para los estudiantes, pero sí son alternativas para quienes buscan créditos fáciles y un diez asegurado.
Algunas de las asignaturas optativas son: sexualidad afectiva, relación de pareja y vida, retos de la familia en la actualidad, proyecto de vida, entre otras. Además se suelen abordar estos temas a partir de marcos doctrinales o morales normativos.
Los riesgos de abordar temas éticos desde un marco doctrinal
No es una sorpresa que la red de las Universidades Anáhuac, impulsada por la congregación de los Legionarios de Cristo en 1964, ofrezca una oferta educativa basada en valores católicos. Ellos mismos se definen como una “comunidad universitaria que contribuye e impulsa el proceso de formación integral de las personas, inspirada en los valores perennes del humanismo cristiano”.
Así que, al ser una institución de inspiración católica, se busca que la preparación universitaria no se limite simplemente a lo técnico o científico, sino que incorpore el desarrollo personal, ético y familiar de los estudiantes.
El problema es que al hacerlo desde una ideología católica, existe el riesgo de condicionar el debate libre y la investigación académica, lo cual puede generar una potencial limitación en la construcción de valores tan esenciales al momento de relacionarse con otras personas.
Como ya sabemos, mucho de esta postura difiere con las agendas feministas o de derechos reproductivos, priorizando conceptos como el matrimonio, la familia y la unión entre hombres y mujeres, dejando de lado la diversidad sexual. Inclusive, existen casos de homofobia o rechazo a estudiantes pertenecientes a la comunidad LGBT+ en algunos de sus planteles, así como de violencia de género o ciberacoso dentro de la comunidad universitaria.
Ya lo había dicho el jurista, filósofo político e intelectual estadounidense, Robert P. George hace unos años: las universidades no deberían ser iglesias ideológicas. Al contrario, deben actuar como foros imparciales de discusión dedicados a la búsqueda del conocimiento, sin provocar que los estudiantes se sientan excluidos o fuera de lugar por pensar más allá de la ideología cristiana.
Más allá de “brindar herramientas” a los estudiantes con este tipo de materias, hay que cuestionar desde dónde vienen estos discursos y quiénes son los voceros.