¿Qué tanto sabe el Vaticano sobre los casos de pederastia en el mundo? Una investigación revela que tienen más información de lo que admite

“El Vaticano siempre ha tenido más información de los abusos en cada país de la que admite, aunque ha mantenido que durante décadas apenas llegaron casos a Roma y solo empezó a recibirlos a partir de 2001.” Así señala una nueva investigación internacional lanzada por El País en colaboración con The Boston Globe de Estados Unidos, Observador de Portugal y Casa Macondo de Colombia. 

Entre 2001 y 2020, se han destapado miles de casos de pederastia en todo el mundo, como el caso Ratzinger, en donde la labor de periodistas y medios internacionales como The New York Times ha sido un punto clave para sacar a la luz dicha información. Pero incluso hasta hoy persiste la misma pregunta: ¿por qué la información previa al 2000 parece ser un misterio para todos?

De acuerdo con la investigación, los documentos con más antigüedad se remontan desde los años 30 en Alemania. Según historiadores como Davide F. Jabes y fuentes vaticanas, durante el ascenso del régimen nazi en 1983, ya había comunicación fluida entre el Vaticano y los obispos sobre casos de pederastia, confirmado en los archivos del Santo Oficio y la Secretaría de Estado. Sin embargo, para la Iglesia era sumamente importante ocultar ese tipo de información, especialmente si caía en manos de los nazis.

Se sabe que el régimen de Hitler acusó a la Iglesia de abusar a menores y utilizó ese argumento para promover campañas de desprestigio a la religión. Es tal vez la única cosa en la que Hitler tenía razón.

Durante esos mismos años, se encontraron documentos en donde se daban órdenes de quemar todo el material de archivo concerniente a casos de “inmoralidad de religiosos y sacerdotes”, incluyendo la autorización de Pío XII, el Papa. 

De igual manera, se cree que su principal prioridad era mantener la preservación del orden eclesiástico y la protección de la reputación del clero. Nunca pensaron en reconocer a las víctimas y a la violencia ejercida por las personas en el poder. Esta postura se confirmó con una nota que dejó Pío XII un 7 de marzo de 1946 que decía: El asunto debe dejarse a la prudencia de los obispos.

Para 1965, la Iglesia empezó a “modernizarse” con la llegada de Joseph Ratzinger, asistente del cardenal Frings, y uno de los impulsores de la reforma del Santo Oficio, que pasó a llamarse Congregación de Doctrina de la Fe.

Más tarde, la gestión de Ratzinger cuando era arzobispo en Múnich, entre 1977 y 1982, se empezó a cuestionar con un artículo del New York Times en marzo de 2010, el cual denuncia que el cura pederasta Peter Hullermann había recibido tres denuncias de abusos, fue admitido para recibir terapia y que luego volvió a agredir a menores. Ratzinger, que ya era papa como Benedicto XVI, estaba al tanto de todo eso. Sin embargo, negó haber sabido los detalles del caso.

A Ratzinger se le vincularon al menos otros cuatro casos de curas pederastas. Antes de morir pidió perdón a las víctimas por sus “posibles errores”. Fue hasta después de su muerte que salieron más noticias a la luz. 

Por un lado, el vicario general de Múnich en 1980, Gerhard Gruber, asumió la responsabilidad de haber reincorporado al cura pederasta debido a presiones para proteger al Papa. Y poco tiempo después, un documento publicado por Correctiv y Bayerische Rundfunk (BR) demostraba que Ratzinger ya sabía que ese sacerdote era un pederasta.

Sin embargo, toda esta información se dio a conocer en los últimos 10 años. De 1965 hasta 2001, solo hay confusión y negación por parte del Vaticano. Y es exactamente las piezas que los periodistas están intentando unir con los documentos encontrados. 

El propio Vaticano ha admitido que ha sido una gestión llena de errores en relación a los casos de pederastia, pero defienden que la Iglesia se regía por un modelo de “amor” y no de castigo. En la misma investigación, se confirma que siguieron llegando denuncias y testimonios de víctimas de todo el mundo, pero todo se llevaba en secretividad.

Además de los miles de casos de encubrimiento, la revelación de estos nuevos documentos ponen en evidencia que en Roma se conocía perfectamente el problema y no se actuaba para resolverlo, nunca se contactó a las autoridades y ha permanecido oculta la información hasta la fecha. 

A pesar de que se han emitido esfuerzos para mejorar la legislación contra la pederastia, se siguen dando a conocer casos de abusos a menores a nivel internacional, y persiste la prioridad por salvar la imagen de la institución y a tapar los casos. 

Mientras países como Irlanda, Francia, Alemania y Portugal han llevado sus propios procesos de transparencia, el Vaticano, de donde parten los llamamientos oficiales a la verdad y la transparencia, sigue sin revelar lo que sabe.

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