El gobierno federal ahora realiza análisis de medios (y usa horas del presidente para exponerlo)


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México Manchado es una columna poco regular de Francisco Trejo 


Actividad usualmente reservada para académicos, agencias de marketing u oficinas de consultoría, el análisis cualitativo y cuantitativo de medios  ha sido el foco de atención reciente para el gobierno federal y específicamente, la Oficina de la Presidencia.

Hoy, el presidente López Obrador presentó una tabla que califica a las columnas de opinión de los principales medios según la percepción que tienen de él y de su gobierno.


Este ejercicio, que no es ninguna activación de arte performativo, supuestamente demuestra un punto acerca de que “sí existe la libertad de expresión” si nos limitamos a pensar la misma como la libertad de imprimir o publicar ideas de cualquier tipo. ¿Hay otro tipo de libertad o atentados a la libertad? Sí, con violencia financiera sujeta a los criterios de aquellos qué controlan el dinero.

Para muestra está cómo se buscó hasta por debajo de las piedras para afectar contratos venideros de Nexos, el semanario mexicano dirigido por un crítico del presidente (Héctor Aguilar Camín) pero que -más importante- ha sido uno de los medios que con evidencia ha demostrado el pobre manejo de la pandemia por parte de Hugo López-Gatell.

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La revista Nexos ha investigado los otros datos en defunciones por COVID-19, Gobierno Federal responde cesando contratos por dos años

Mi teoría mascota es que al presidente le molestan más las investigaciones periodísticas que exponen a su equipo (y hermano) como corruptos o incompetentes (hasta eso, a él no), que lo que diga algún opinologo con un impacto marginal sobre la gran audiencia. Además, performances como el de hoy surgen en medio de revelaciones periodísticas de relevancia (los FinCEN Files, por ejemplo), llevando la atención a algún problema perfectamente bien estudiado donde el presidente pinta a bandos de buenos y malos.

Regresemos a algunos años atrás, cuando la edición matriz y nacional de La Jornada pasaba por un momento de crisis financiera que explotó a lo público cuando su Sindicato (que en sí mismo es un valor que exista, ¿o acaso Milenio o El Universal tienen uno?) fue a huelga. Por esos años, en el sexenio de Peña Nieto, el histórico diario de izquierda tuvo pocas sutiles peticiones a los gobiernos para que lo ayudaran a recuperarse.

¿Qué pasa en La Jornada? La versión de Blanche Pietrich y Josetxo Zaldúa

Ahora, luego de un final feliz durante el sexenio de Peña, La Jornada ahora está en el top de medios apoyados económicamente con publicidad oficial por el gobierno federal, con cara en un hombre al que el diario siempre ha apoyado. Incluso, hay que decirlo, en sus peores momentos.

Lo malo viene cuando se nota que La Jornada hoy tiene un rol parecido al de Imagen y Excelsior durante los años del viejo-nuevo-PRI: el de porrista. La cuenta no sólo es generosa en calidad, sino que las cantidades otorgadas en publicidad a La Jornada realmente posicionan este medio en el papel de infamia nivel Imagen por allá del 2018.

Posdata

La Jornada está en el tercer lugar de medios en publicidad oficial, sólo detrás de los dos que lógicamente recibirían más dinero por lo gigante de su audiencia (ya no hablemos de su calidad): Azteca y Televisa. Si vamos a rankings de medios en redes sociales, hay opciones con mucha más audiencia (que debería ser un criterio, imperfecto pero justo, para la repartición del recurso).

Seamos claros: El Universal y Milenio, que tienen contenidos periodísticos relevantes al mismo tiempo que porquerías machistas o con poco rigor, tienen mejores números que La Jornada. Y si queremos un ejemplo de calidad que supera a La Jornada en redes, basta con ver los números de Proceso.

 

 


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