Las víctimas más allá de las cifras en la tragedia de Caballo Blanco: Mujeres malpagadas y abusadas

Mientras en otros países los tiroteos y asesinatos multiples suelen ser una noticia que pone a reflexionar a la sociedad sobre sus particulares problemas, como el caso de Estados Unidos y los white angry man que han protagonizado tragedias recuentes, en México la triste realidad es la siguiente:

México: el país donde pueden matar a 25 personas y que sea una noticia más



A días del informe del presidente, una matanza de 25 personas en un centro nocturno no deja de ser una nota más que ni siquiera merece ser referida en el mensaje oficial, además de que deriva más en grillas políticas que en búsqueda de justicia. En medio de las cifras y la guerra de declaraciones entre el Ejecutivo, los legisladores y la Fiscalía de Veracruz, se nos puede olvidar que había personas y sueños involucrados. Familias rotas y marcadas por la tragedia.

En el medio regional e-consulta nos ofrece otra perspectiva sobre los 25 asesinados en el antro Caballo Blanco, más allá de las cifras y venganzas políticas. Es decir, el lado humano. Aquellas historias personales que ponen en perspectiva la locura que vivimos en México.

En su reporte e-consulta expone el caso de las bailarinas que perdieron la vida en Caballo Blanco, muchas veces reducidas en medios de comunicación por los estigmas que tiene el giro del establecimiento en cuestión (un table dance). 

Primero que nada, algunas declaraciones dejan ver que si bien fueron atacadas 13 mujeres, en un día de más afluencia pudieron ser hasta 25. Cada una con su particular necesidad que las llevó a esa manera de ganarse la vida, muchas veces sufriendo abuso de los cientes y dueños del lugar.

Las víctimas por quienes hoy lloran sus familias son: María del Carmen, Xóchilt Nayeli, Abril, Catalina, Anahí, María, Sugeidy, Rocío, Valeria, Suleyma, Dayana y Vanessa. La mayoría con hijos, de entre 20 y 30 años de edad, cuyas muertes engrosan los crímenes contra mujeres en Veracruz, entidad que encabeza las denuncias por feminicidios en todo México, según cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública. 

En voz de Ángel, el encargado de conseguirles calzado a las mujeres que laboraban en Caballo Blanco, la nota de Miguel Ángel León Carmona pone rostro a las mujeres asesinadas:

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El entrevistado comparte un episodio que tuvo con Fernanda.  “Yo llegaba a su casa para cobrarle un abono, estaba con su mamá, con su hijo. Ellos estaban comiendo caldo de camarón. Puta madre, -le digo-, cómo sufren. Y ella me dijo que la estaba matando la cruda. Comimos y pasamos un bonito rato”. 

Pasajes como el de Fernanda han sido registrados de las demás bailarinas.  Xóchitl Nayeli Irineo murió a los 22 años de edad (anoxia por gases) deja dos hijos: Hellen y Alexander, de 3 y 7 años de edad. A Valeria Valencia Martínez, originaria de Jesús Carranza, su esposo y su hijo la buscaron durante 48 horas hasta que su muerte (anoxia por gases) se las confirmaron en el Servicio Médico Forense de Cosoleacaque. 

Suleyma Hernández Sánchez, originaria de Coatzacoalcos, bailaba 11 horas diarias para sostener a sus dos hijos, de cuatro y seis años, respectivamente. Su cuerpo fue identificado por un lunar que tenía en la quijada y sus brackets. Claudia Vanessa Cruz Hernández, de 20 años, fue declarada muerta en el Hospital de Alta Especialidad del puerto de Veracruz, tras 72 horas de agonía. Al igual que la mayoría, deja hijos en el desamparo. 

El reporte completo, que nos lleva a entender lo ingrato de la profesión de bailarina (tener que desnudarse 3 veces y tomar demasiado para ganar 1 mil pesos, menos las propinas obligatorias al mismo personal del bar), puede consultarse en esta liga.

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