Veganismo ¿Una nueva religión?

Texto de Opinión de colaborador invitado:

Así como los testigos de Jehová han tocado a nuestra puerta para hablarnos de un Apocalipsis, un dios y una salvación, casi todos conocemos a un vegano que se asoma a nuestras redes sociales, a nuestra mesa o aparece en el periódico hablándonos de animales, de tortura y de muerte en todos lados: en nuestros zapatos, en nuestro plato y hasta en nuestro shampoo.

Los veganos pueden parecer la nueva religión, y es que al igual que los religiosos, tienen un sistema de creencias, reglas y dogmas. Creen conocer el camino hacia la salvación y nos quieren llevar a todos a caminar por ahí. Como en todas las religiones, los hay fundamentalistas, recalcitrantes, ortodoxos, de moda, de nombre y los que viven y dejan vivir.


Sus creencias están basadas en el concepto de igualdad, argumentando que “todos somos animales” y que como compartimos la capacidad de sentir miedo, dolor, placer y muchas otras cosas, debemos respetar a los demás animales como iguales, y por ello hay que dejar de comerlos, incluyendo lo que obtenemos de ellos, como los lácteos y el huevo. Tampoco debemos vestirnos con sus pieles, o usar productos que se produjeron a partir de la experimentación con ellos, y mucho menos asistir a espectáculos en los que aparecen, ya sea para divertirnos o para ser centro de una épica pelea en la que suelen morir, mientras los asistentes aplauden.

Como en todas las religiones, algunos veganos pelean entre ellos para encontrar al más puro, en este caso, al más vegano, que se autodefine como el que impone las reglas, lo correcto y el modelo a seguir. Pero dado que en la actualidad prácticamente todo lo que hacemos y usamos tiene que ver con la muerte y uso de animales, ¿Con qué cara nos acusan de algo que también ellos hacen? Los aviones matan aves, y sin embargo ellos también viajan, las carreteras y ciudades desplazaron hábitats y los veganos hacen uso de ellas y las habitan, la agricultura mata miles de insectos y los veganos se comen las plantas que produce, ¿Y con esa cara nos juzgan?

Y es cierto, los veganos juzgan pensando que están en lo correcto y que automáticamente lo diferente es incorrecto, como sucede en todas las religiones.

Pero admitámoslo, cuando aparece alguien diferente a nosotros, en este caso “los veganos”, nuestro juicio suele ser el opuesto y nos ponemos a la defensiva. Al sentirnos juzgados, pasamos a ser los jueces, y respondemos en automático a sus planteamientos, aunque muchas veces ni siquiera se nos haya cuestionado directamente. Si se nos aparece uno en la mesa, comienzan inmediatamente los cuestionamientos sobre su modo de vida, sobre sus creencias y su religión, aún cuando el vegano solo haya abierto la boca para comer sus verduras. Y no podríamos llevar esto a cabo si no tuviéramos un sistema de creencias, una religión propia.

Y es que todos tenemos una “religión” todos nos basamos en algo, en una estructura, en verdades que nos enseñaron, pero ¿Y si no son ciertas?, ¿Y si lo que pasa es que no las he cuestionado?, ¿Qué tal que soy a mi manera tan fundamentalista como aquel vegano y el testigo de Jehová? Quizá no me he dado cuenta porque la mayoría a mi alrededor cree lo mismo que yo. Quizá los veganos pueden tener razón, pero no me lo puedo preguntar porque iría en contra de lo que creo, de lo que creen todos, de lo que “ha existido siempre”. Y quizá me descubra siendo yo el fundamentalista, el cerrado a escuchar, sin importar si el vegano es recalcitrante o respetuoso y sin juicios. Quizá el de los juicios soy yo, quizá el religioso soy yo, y aquel extraño ya no lo es tanto, y somos mucho más parecidos de lo que creía, es solo que yo estoy en la mayoría, en la que siempre ha creído que usar a los animales está bien. Pero bueno, antes también creíamos que existían dioses para todo, que Tláloc nos mandaba la lluvia y que había que sacrificar personas para que crecieran las cosechas, hasta que llegó otra religión y se impuso otro sistema de creencias.

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¿Será cierto que los animales sienten? ¿Los perros que conozco sienten?, ¿A los animales les gusta sufrir? ¿Se puede vivir sin usarlos? ¿Y si no tuviera que comerlos para vivir? Es claro que somos más inteligentes que ellos, pero quizá también más que un bebé o que una persona con algún padecimiento mental, pero en ambos casos los respeto…

Hemos usado a los animales toda la vida y mucho de lo que hay hoy es gracias a eso, pero quizá tal como ocurrió con los sacrificios, no todo lo que ha sido tiene que seguir siendo…

Quizá el religioso soy yo, tal vez cierro puertas, ojos y oídos porque no quiero escuchar que puedo cambiar. Quizá no toco a las puertas de los otros porque la mayoría de ellas son parecidas a la mía, pero si fuera cierto que por religión unos estuvieran lastimando a otros, si se siguiera sacrificando a las personas por cosechas, o por ganar o perder en un juego de pelota, ¿No deberíamos todos de salir a tocar a las puertas de aquellos que por su religión matan? Quizá entonces sería yo visto como el recalcitrante, y si decidiera quedarme callado y tolerar la injusticia, como el incongruente.

Sería claro para mí que aquel que ha decidido cerrarme la puerta, sus ojos y oídos a escuchar nuevas ideas, el que ha elegido permanecer como parte de la mayoría por seguridad, por no hacerse preguntas y quizá tener que cambiar, ese es el religioso, el de los dogmas, el que se resiste a que el mundo sea más justo, el egoísta.

Y tú, estimado lector, ¿Qué tipo de religión profesas?, ¿De las que cambian o de las que se mantienen? ¿De las que permiten preguntas o de las que creen que alcanzaron la verdad?

¿Eres de los que se acomoda creyendo en lo que cree la mayoría o eres capaz de cuestionarte, hacerte tus propios juicios y de cambiar tus hábitos y creencias en busca de la justicia?

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Sobre el colaborador invitado:

Empresario, activista y padre. Director de Animal Heroes. Defensor de los oprimidos sin distinción de género, raza o edad, incluyendo al resto de los animales. En busca de igualdad y equidad.


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