Arnold Belkin, el pintor que reinterpretó el muralismo mexicano


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Arnold Belkin alimentó su espíritu creativo con la fuerza del muralismo mexicano. Como alumno de esta escuela, se comprometió con su intención didáctica y política, e impregnó de estas características no sólo su estilo pictórico sino su vida.  Sin embargo, estos conceptos los transcendió para concebir una nueva dimensión para la plástica mexicana. Esto lo inmortalizó entre los más destacados pintores mexicanos del siglo XX.

“Siempre dibujaré a los amantes, a los justos, a los profetas.  Quizá algún día, al ver toda mi obra completa, me daré cuenta de que todo ha sido variaciones sobre un mismo tema”, expresó alguna vez el pintor al respecto de su obra. Belkin, quien también se desarrolló como dibujante, escultor y escenógrafo nació en Calgary, Canadá, el 9 de diciembre 1930. No obstante, las tendencias socialistas de sus padres lo trajeron a México a la edad de 18 años, donde radicó hasta el día de su muerte el 3 de julio de 1992 en la Ciudad de México.
Estudió arte formalmente en la Vancouver School of Art y en la Banff School of Fine Arts.  Como inmigrantes rusos, sus padres ejercieron influencia en su interés por el movimiento muralista mexicano, el cual descubrió cuando era un estudiante.

De esta manera, ingresó a la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda del INBA en 1948. Allí estudió con Agustín Lazo, Carlos Orozco Romero y Andrés Sánchez Flores. Asimismo, se incorporó al Taller de Ensayo de Materiales y Plásticos del Instituto Politécnico Nacional.

Ya en la década de los cincuenta colaboró como ayudante de David Alfaro Siqueiros en la realización del mural Patricios y patricidas en la Ex Aduana de Santo Domingo y en los murales dedicados a Cuauhtémoc en el Palacio de Bellas Artes. Esta experiencia fue fundamental en su proceso creativo. Ya que muy pronto comenzaría a realizar sus propios murales.


Realizó murales tanto en México como en Estados Unidos, Canadá, Cuba y Nicaragua. Presentó exposiciones individuales en galerías de Calgary y Vancouver. Una de sus obras más destacadas en el cuadro de gran formato –llamado por él mismo mural portátil— Levantamiento del Ghetto de Varsovia para el Jewish Community Center de Vancouver.

Hacia la década de los sesenta participó en el taller de Guillermo Silva Santamaría en La Ciudadela, y en 1961 recibió el premio de la Asociación de Críticos Teatrales a la mejor escenografía por su labor en la obra Terror y miserias del Tercer Reich de Bertolt Brecht, dirigida por Héctor Mendoza. En esa misma época formó parte de Nueva Presencia, movimiento artístico de ruptura que, entre otros, integraba a José Luis Cuevas, Francisco Icaza, Rafael Coronel y Ezequiel Saad Tobis.

En los setentas fue premiado en la II Bienal Latinoamericana de Grabado de San Juan, Puerto Rico, y realizó varias exposiciones individuales en ciudades estadunidenses como Detroit, Houston, Atlanta, Dayton y Phoenix.

A partir de los ochenta, los principales esfuerzos de Belkin se centraron en el muralismo. Con el hombre en consonancia con la naturaleza y su lucha contra fuerzas hostiles en la estructura social como tema principal, sus obras se consolidaron como parte de la plástica mexicana. Además, fue invitado a realizar murales en la recién inaugurada Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa, donde se conservan cinco de ellos y varias esculturas de su autoría.

Arnold Belkin se distinguió por reflexionar en términos universales y plásticos sobre la estética, su realidad y el tiempo. Para su propia propuesta se apoyó en un trabajo de documentación amplio y profundo desde una perspectiva crítica y reflexiva de la historia de nuestro país, influido por José Clemente Orozco, Rico Lebrun y Leonard Baskin. Exploró un lenguaje plástico moderno al trabajar con diferentes recursos técnicos y audiovisuales, como el proyector de diapositivas, la fotografía y la serigrafía.

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