“Paria” o la disidencia del alma. Apuntes sobre un libro de José Vicente Anaya


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llegaremos sin haber partido/

porque todos los recorridos hacia el infinito nos habrán

llevado,


por fin, hacia nosotros mismos/

Paria

Hallar el camino del alma (concepto ritual más que neorromántico) implica una búsqueda dentro y fuera de nosotros mismos. Un libro, es el fragmento del alma de un escritor. Y como tal, un libro de poemas es una búsqueda que implica ausencias, encuentros, olvido y hallazgo. Más de 30 años tuvieron que suceder para encontrar a Paria (Ediciones Sin Nombre, 2011) en los catálogos de una editorial. Una editorial sin nombre y casi inexistente, publica un libro maravilloso pero oscuro, como un sueño.

Ahora, ese libro a que aludo es una especie de fantasma (un sueño de un sueño), porque es inconseguible. Es importante explicar  que este artículo fue publicado hace 5 años en una revista estudiantil, después de que José Vicente Anaya (Chihuahua, 1947) presentara su libro Paria en la Casa Refugio Citlaltépetl, junto al editor del mismo José María Espinasa y al crítico Evodio Escalante. Después de esos años, he decidido re-publicar este artículo (aumentando algunos párrafos como éste, evidentemente) como una especie de homenaje a los 70 años de vida del poeta. Quien al paso de los años se convirtió en mi maestro y, sobretodo, en un amigo.

Como tercera parte de una trilogía —Híkuri (1978), Peregrino (2002)—  Paria (Ediciones Sin Nombre, 2011) recorre el camino de una poesía que no está, que no existe. Puesto que el canon, como sabemos, acostumbra anular toda clase de manifestaciones poéticas que no se sitúan dentro de su geopolítica.

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Mantenerse en los umbrales del canon significa algo muy similar a la no existencia. Sin embargo, la poesía de José Vicente Anaya se revivifica en la medida que halla dentro de su no-ser la forma de vivir con absoluta libertad, fuera de todo límite, compartiéndose y publicándose en sucesivas ediciones en las que sólo halla cobijo uno de sus libros más importantes, me refiero a Híkuri, que es un libro que renace cada cierto tiempo, convirtiéndose en una especie de clásico-marginal.  El poema de largo aliento que representa Híkuri circula casi de mano en mano, secretamente, en la medida en que sigue siendo reeditando por editoriales independientes. Y seguirá reeditándose hasta que los jóvenes dejen de buscar en la poesía la exploración y la libertad, o hasta que el México tal y como lo conocemos (con sus lenguas originarias y su poesía espiritual y chamánica) halla desaparecido, lo que pase primero.

Después de que Híkuri fuera publicado en la destacada colección Archivo Negro de la Poesía Mexicana (Malpaís, 2015), nuevos lectores ha encontrado la poesía de José Vicente Anaya. Pero lejos de este libro, es urgente que otras se sus obras vuelven a las librerías. Paria es un libro que merece una nueva edición, y un tiraje mucho más amplio.  Alguna vez el mismo José Vicente me comentó: sólo salieron cien ejemplares.

Paria es entonces un libro extraviado, que comienza de la siguiente manera: “En el momento de partir también se llega/ hay un lugar que siempre está esperando/ lo desconocido”.

Si “el poeta es un ser antisocial a menos que éste represente los joviales intereses de la sociedad”, como señala José Reyes González en su estudio introductorio a Híkuri (Laberinto Ediciones), José Vicente Anaya es antisocial, marginal, y disidente (y enojón, por demás). Estos adjetivos se los he achacado yo, pero la crítica especializada tal vez coincida en algo. Es el poeta el representante de una conciencia crítica que se enfrenta a la inconsciencia zombificada del status quo del mundo actual, los libros del maestro Anaya evidencian esta pugna.

Paria mantiene un carácter de ensoñación y profecía. Es un libro que parte del sueño de las drogas rituales para manifestar su postura ante el mundo, erigiéndose como una crítica libre de aquellos prejuicios a los que nos condena este modo de vida aparente, la verdadera vida está en hallar el camino fuera de toda violencia moderna, hacia el amor total, hacia la libertad impostergable. La vida nunca será la vida que nos anuncian.

YO TUVE UN SUEÑO DEL CORAZÓN, NO DE LA CABEZA. ME BAÑABA EN LAS AGUAS DEL RÍO DE BASÍWARE. UNA SERPIENTE DE AGUA, CON BELLOS COLORES BRILLANTES, PASÓ NADANDO A MI LADO DESPIDIENDO LUZ. Luego oí la Voz: “Despierta. Escribe lo que te voy a dictar” (Paria)

Evodio Escalante, señala que la poesía de Anaya “busca moverse en la disidencia buscando una experiencia viva y no una de escritorio”; de esta manera, su poesía trata del cambio permanente, del andar del hombre sin ataduras reafirmando su libertad en su entera honestidad. El camino es hacia dentro, hacia el espíritu; en Paria podemos escuchar la sabiduría Tarahumara que ilumina el espíritu. No en vano, el libro es el fruto de 5 años de viaje por gran parte de la república mexicana y el sur de Estados Unidos.

Moriré, pues, como los demás han muerto, pero no

como estos muertos vivos que conozco.

[…]

/me voy sin tocarme el corazón/

el tiempo pudre
(Paria)

En esta búsqueda, Paria se reconoce completamente solo, su poesía es incomprendida por muchos críticos y muchos lectores, porque explora una escritura distinta, en un género peculiar donde habita la prosa-verso. Si alguna categoría podemos usar, sería la de novela-poema, porque “presenta una atmósfera poética, explicaciones, narraciones y encuentros”, afirma el propio autor.

José Vicente Anaya señala que su escritura “rompe con la idea de lo que entendemos como poesía, y a cambio ofrece un flujo donde cabe todo: el relato, la narración, la poesía, todo ello a fin de capturar la atmósfera de libertad”. En esta exhibición de experiencia y libertad Paria anuncia que todo es efímero, que sólo estamos de paso por la vida, y que todos los recorridos nos conducirán, inevitablemente, hacia nosotros mismos.

¿Qué será de tantas personas anónimas, innumerables, que he visto transitar por las numerosas calles que he andado; o en las estaciones de trenes, autobuses, aeropuertos o plazas de tantas ciudades? Han sido personas reales pero ahora ante mí pasan como fantasmas, y seguramente, si hacen un recuento como yo lo hago ahora, a mí me incluirán también como un anónimo fantasma… (Paria)


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