La última sorpresa del poeta (Sobre Leonard Cohen)

Por arduo que se nos explique el fin del camino, por alto que se grite un destino, la muerte no deja de sorprendernos.

Llegó la noticia de la partida del POETA Leonard Cohen y fue como si nunca hubiéramos leído esa entrevista en el New Yorker donde dijo que estaba preparado para morir.

Y fue como si nunca nos hubiéramos enterado de las palabras que le dedicó a Marianne Ihlen, su musa, su amiga del alma, la mujer más bella que conoció y a quien en su lecho de muerte hace poco más de 3 meses le leyeron la carta que el POETA canadiense le envío para decirle que pronto le haría compañía, que estaba tan cerca que casi podía tocar su mano, que la vería en el camino.

Como los grandes caballeros, el POETA se fue alejando poco a poco, perdiéndose entre los aplausos de un nuevo disco que como lo hizo el gran Bowie, sonaba con acordes de réquiem. Testamento sónico para no dejarnos tan desamparados sin su poesía, sin esos versos que acarician como pétalos y se susurran con voz de trueno.

Y fue como si nunca quisimos enterarnos que hace unos años había comenzado a decir que regresaba a casa:

Going home

Without my sorrow

Going home

Sometime tomorrow

Going home

To where it’s better

_____

_____

Than before

Going home

Without my burden

Going home

Behind the curtain

Going home

Without this costume

That I wore

 

Le robamos canciones al POETA para decirle a la persona amada que ahí permaneceríamos. Plagiamos acordes y tarareamos quedito para bailar hasta el final del amor, pero también de tanto en tanto escuchábamos al venerable anciano que un día fue budista para darnos cuenta que “Everybody knows” y el futuro lucía sombrío.

El talento de Leonard Cohen era tan grande que le alcanzaba para conmover a enamorados y a pesimistas.

Un 2016 terrible para la política. Una semana desesperanzadora para los anhelos de justicia, igualdad y respeto.

Hace unos días los versos de The Future, de Cohen sobrevolaron el espectro político de todo el planeta.

Give me back the Berlin wall

give me Stalin and St Paul

I’ve seen the future, brother:

it is murder.

 

La muerte del POETA caló hondo y feo, porque nos dimos cuenta de que este 2016 desaparecen los íconos, y peor aún, también se están muriendo los ideales.

Se derrumban los castillos ideológicos que construimos en el aire.

Se caen las máscaras que ocultaban odios, fobias y miserias para descubrir que todos los rostros muestran muecas iguales.

Se abrieron las cortinas que cubrían esa parte del escenario donde la intolerancia y la discriminación se habían escondido detrás de una escenografía endeble de caras amables y pensamientos armónicos.

I’ve seen the nations rise and fall

I’ve heard their stories, heard them all

but love’s the only engine of survival

Your servant here, he has been told

to say it clear, to say it cold:

It’s over, it ain’t going

any further

And now the wheels of heaven stop

you feel the devil’s riding crop

Get ready for the future:

it is murder

 

El POETA dijo:

“Si queremos expresar la derrota común, la que nos espera a todos, procuremos hacerlo dentro de los límites estrictos de la dignidad y la belleza”.

La desesperación le abrió las puertas a las expresiones indignas. Y no lo advertimos.

Por eso volvemos una y otra vez a brindar con Leonard Cohen, a sus sutiles encantamientos líricos donde cabe el cariño, el amor físico y la tranquilidad espiritual, esas características con las que se fue a la tumba. Reiremos y lloraremos por los amores perdidos y por los reencuentros de sollozos y carcajadas porque la gran virtud de los poetas es que nos habilitan para soñar.

En su último disco, el POETA anunció que estaba preparado para que la muerte no lo sorprendiera y en su canción You want it darker lo cantó:

 

I’m ready, my Lord

Leonard Cohen estaba listo.

Nosotros no.

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