Agustín Basave: agenda mutilada y principios ambiguos

El encabezado de ayer (12/10/15) del periódico El País en su portal para México es un fragmento de una entrevista a Agustín Basave, candidato a dirigir el PRD que dice lo siguiente: “Estoy entre Jeremy Corbyn y Felipe González”.
La cita la recogen los autores -Jan Martínez Ahrens y Luis Prados-, del cuestionamiento acerca de si el entrevistado se identifica ideológicamente más con el nuevo líder laborista británico o con el ex presidente español, a lo que Basave contesta que está “en medio de los dos”.

Desde cierto ángulo Agustín Basave se ubica entre ambos personajes; por un lado como se ha difundido en la prensa británica acerca de Corbyn y su cercanía con miembros de Hammas, se rodea de personajes cuestionables como los mismos “Chuchos” que lo propusieron para dirigir el PRD y como Felipe González parece que declaración desafortunada tras declaración desafortunada, entierra más y más profundo el respeto que se ganó en el pasado.

Cuando se le inquiere sobre su posición en torno al matrimonio igualitario y la legalización de la marihuana, el candidato favorito a dirigir lo que fue el partido más importante de izquierda en nuestro país responde:



“Estoy a favor del matrimonio igualitario y la legalización de la marihuana. Pero esos no son los temas prioritarios de una izquierda latinoamericana. En Europa se pueden dar el lujo de diferenciarse de la derecha con esa agenda, pero acá no, acá tenemos un país con una desigualdad espantosa, una pobreza rampante y una corrupción que nos ahoga. Y si esa no es la bandera máxima, seremos cualquier otra cosa, pero no seremos izquierda”.

 

Ante la profunda crisis de derechos humanos que vive México, la respuesta que nos da el probable futuro dirigente del PRD, es que son un lujo. Mientras que en algunos países de Europa y América, sumados a Nueva Zelandia y Sudáfrica por otro lado, el compromiso con la igualdad de derechos y en contra de la discriminación no es un lujo, sino un tema de justicia. Intentar disociar éste de una agenda progresista, que contemple el combate a la “desigualdad espantosa” y la “pobreza rampante” es propio de una izquierda electorera como la que busca dirigir Basave Benítez.

Peor aún, en un país como México el consumo y tráfico de drogas no son sino el resultado de una historia de represión por parte del Estado y de políticas prohibicionistas que han afectado sobre todo a los más vulnerables, y que hoy por hoy son víctimas de una delincuencia alimentada por el dinero del narcotráfico o son rehenes de la producción de drogas para poder no solamente subsistir, sino hasta vivir.

Esas son la pobreza y la desigualdad a las que hay combatir desde todos los frentes, pero sobretodo desde el Estado, y si un partido que busca asumirse dentro del sistema que rige al Estado no está dispuesto a abrirse al debate salvo cuando le convenga para ganar votos y engullir presupuesto y poder, la política se convierte en un concurso de popularidad y no en un asunto de principios.

Como con los “Chuchos” que lo llevaron a su debacle, el PRD bajo Agustín Basave estará condenado ser cualquier otra cosa, menos un partido de izquierda.

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