La desigualdad de género es también un problema de salud pública

La desigualdad de género es perjudicial para la salud pública, ha descubierto una investigación de la Universidad Estatal de Florida. El estudio, realizado por la profesora Patricia Homan, examina cómo el nivel de desigualdad sistemática de género en las instituciones y en la gestión de los recursos impacta en la salud de las personas.

Homan reunió datos de diversas fuentes, tanto del censo nacional de Estados Unidos como del National Longitudinal Surveys, que recopila información sobre la vida laboral y otros aspectos de la vida de hombres y mujeres. Escogió una muestra de más de 3.000 adultos y descubrió que a nivel estatal el sexismo estructural da como resultado peores resultados de salud, tanto para hombres como mujeres.

Sexismo estructural



El sexismo estructural se manifiesta en las principales instituciones sociales, como el gobierno y la economía, en las interacciones y relaciones interpersonales, así como en los matrimonios y en las creencias e identidades de los individuos.

Homan estableció varios parámetros para medir el nivel de sexismo estructural, con la finalidad de captar el grado en el que hombres y mujeres reflejan desigualdades en cuatro ámbitos de la sociedad: político, económico, cultural y físico/reproductivo. Los parámetros incluyeron la brecha salarial de género, las diferencias de género en la participación en la fuerza laboral y en las tasas de pobreza.

También la proporción de escaños en la legislatura estatal ocupados por hombres; la prevalencia de conservadores religiosos en cada Estado, que está vinculada a los roles de género tradicionales;  y por último estimaron la exclusión de las mujeres en las posiciones de liderazgo y la proporción de mujeres que viven en un condado sin atención para el aborto.

Efectos sobre la salud

Con estos datos en la mano, Homan examinó los efectos de estos parámetros en la salud de hombres y mujeres. Descubrió que en aquellos Estados que manifiestan niveles más altos de sexismo estructural, emergen niveles más altos de enfermedades crónicas en la población.

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Los habitantes de estas regiones muestran además un peor estado de salud y de capacidad física entre los 40 y los 50 años. “Esto significa que a nivel macro, el sexismo estructural es universalmente perjudicial para la salud de la población”, asegura Homan.

Añade que las mujeres que viven en entornos con altos niveles de sexismo estructural tienen el doble de problemas de salud que las mujeres que viven en entornos con moderados índices de sexismo estructural. Como consecuencia de este deterioro de salud, las mujeres expuestas a entornos sexistas envejecen más rápidamente que las demás, con una diferencia en su aspecto físico de ser siete años mayores.

Implicaciones políticas

Homan señala que hay varias implicaciones políticas que deben considerarse como resultado de su investigación:
“Lo primero que tenemos que darnos cuenta es que la desigualdad de género en los Estados Unidos (país donde llevó a cabo su investigación) no es solo un problema de derechos humanos, sino también un problema de salud pública”, dijo. “Por lo tanto, la política de equidad de género es la política de salud”.

Esto significa que las políticas dirigidas a cerrar la brecha salarial de género, aumentar la representación política de las mujeres, proteger y ampliar el acceso a los servicios de salud reproductiva o promover la equidad de género, también tienen el potencial de mejorar la salud de todos los miembros de la sociedad.

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