Fútbol mexicano desde el microscopio. (Entrega 1 de 4)

De aquel niño soñador no queda nada, puesto que no leyó en las letras chiquitas que sacrificarlo era el precio para llegar.

Este es un especial de Tercera Vía en la Vía Recreativa

Nuestro Fútbol

“Nadie es normal cuando se le mira de cerca…” me comentó un buen amigo en una de tantas gratas charlas, sin dejar de reconocer la innegable certeza que alberga la frase, cuando de nuestro fútbol se trata, basta con mirarle aun en la distancia para reconocer que se trata de una expresión sui generis de este deporte. Muy a la mexicana, este deporte ha sufrido diversas transformaciones que vistas a detalles bien podrían ayudarnos a entender lo que fuimos y lo que somos. El siguiente artículo, es el primero de cuatro cuyo objetivo es el de ofrecer una mirada crítica en todos aquellos detalles que encierran los claroscuros de nuestro fútbol

Fútbol como espectáculo (visto y jugado desde el televisor)

Cierto día, algún creativo de esos que encuentran aquellos famosos hilos negros y que nadie ha visto jamás, determinó que “el fútbol es un espectáculo”, y fue ése el día, en que el fútbol que se conocía hasta entonces, murió. Ahora, los partidos se calendarizan de acuerdo al horario que las televisoras han seleccionado de acuerdo al flujo de televidentes, no importa que jugar en la altura del Distrito Federal a las doce del día sea contraproducente para la práctica de cualquier deporte, poco importa ya la integridad de los futbolistas, ellos deben salir a cumplir con el espectáculo pactado, mucho menos interesa el aficionado de a sol, el privilegiado es el de a sombra; sufre quien quiere, visitar el Estadio es para tradicionalistas porque el fútbol se ve por televisión.


En el fútbol espectáculo, el octavo lugar de la tabla aspira y puede ser campeón, esta visión del fútbol poco o nada valora el esfuerzo de la fase regular, y aplaude en cambio la adrenalina de las eliminaciones directas; los campeonatos anuales se volvieron obsoletos sólo en México, porque bajo la lógica mencionada ¿por qué tener un campeón al año, cuando se pueden tener dos? a pesar de que difícilmente alguien pueda recordar al campeón de la temporada antepasada. ¡Sí, por más duro que parezca en nuestro fútbol espectáculo, los campeones también son reciclables!

El Futbolista

Como casi todos los niños de este país, el futbolista se inicia en la calle, en el parque o en el llano, jugando por jugar y con la diversión como única bandera. El niño que juega, sueña permanentemente con ser futbolista, vestir la camiseta del equipo de su preferencia y es capaz de transformar la calle, el parque o la cancha de pavimento o tierra en un estadio repleto de aficionados dispuestos a corear cada una de sus hazañas. Conforme crece, será su talento quien lo acerque o aleje de este sueño despierto, y ya sea detectado por algún buscador de talentos, acudiendo a una visoría o formándose en las escuelas infantiles de algún club, llegará el momento en que aquel niño que ahora es un joven tendrá que dejar de ver al fútbol como un juego y comenzará a pensarlo como una realidad, tendrá que elegir entre la escuela o el fútbol, en la mayoría de los casos entre abandonar su casa, familia, amigos y la ciudad que lo vio nacer, a cambio de la apuesta de un mañana soñado. Ya en fuerzas básicas el joven se percibe a sí mismo distinto, ahora enfrenta una competencia en solitario por escalar las divisiones y lograr el ansiado debut en primera. Desde fuera, al joven también lo perciben distinto, ahora para los dueños del balón aquel joven representa una inversión y forma parte de su propiedad, a partir de este momento ya no hay decisiones particulares para el futbolista, y sin saberlo, entregó sus alas a cambio de la promesa de una oportunidad.

Para sólo algunos llegará la oportunidad de establecerse como jugadores de primera división; el futbolista establecido en primera, envuelto en un una extraordinaria remuneración económica, tendrá más amigos que nunca, aparecerá en medios y se ubicará fuera del anonimato, el mundo anterior que le cerraba las puertas, hoy no le mostrará fronteras. En el fútbol de hoy al futbolista se le olvidó divertirse, ahora es profesional a goce de sueldo, ganar es una obligación y el fracaso el peor de los destinos; rechazará las peticiones de autógrafos con las que alguna vez soñó, el amor a una camiseta no existe cuando se le negocia como mercancía, ha aprendido a agradar a distintas tribunas y a besar varios escudos. Llegarán los 30 años con el tiempo de planear retirarse puesto que ya es obsoleto a una edad en que la mayoría del mundo recién comienza su carrera laboral. De aquel niño soñador no queda nada, puesto que no leyó en las letras chiquitas que sacrificarlo era el precio para llegar.

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Continuará…

@Gfurlong9

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