México: Tercer informe de gobierno de EPN

Especial de Tercera Vía sobre el estado actual de México rumbo al tercer informe de gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto.

Si México fuera un paciente en urgencias, la relación de su estado sería:

Parálisis, deficiente sistema de defensa, zonas gangrenadas, hipertensión, Alzheimer… y episodios de Síndrome de Estocolmo.

Desde el último informe de EPN, en México se ha vivido Ayotzinapa, el desplome de la moneda, la incapacidad de crecimiento económico, los recortes presupuestales a la educación, la mutación del crimen organizado, la crisis de la Casa Blanca y la fuga del capo más buscado del mundo. Aún así, las Elecciones de 2015 favorecieron al PRI y a sus aliados, que tienen mayoría en el poder legislativo. ¿Se alcanzaron metas trazadas que lo justifiquen? El actual gobierno ha dispuesto el portal  para dar a conocer los resultados de su gestión anual. En el ánimo de vislumbrar el rompezabezas completo, desde Tercera Vía exponemos la situación del país en el marco del tercer informe de gobierno. Podrás encontrar datos de la realidad mexicana sustentados en organismos internacionales, así como en diagnósticos de instituciones académicas reconocidas y evaluaciones de ONG´s especializadas. En el dilema de asumir una u otra versión, apuesta por saber más, adéntrate a otra perspectiva con Tercera Vía.

Por Amairany Mora

Este año se lleva a cabo en el estado de Morelos la VI Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, que abarca dos semanas de trabajo (del 10 al 24 de Octubre del 2021) que incluyen 6 ejes en los que se divide la búsqueda de nuestrxs familiares: búsqueda en campo, contextos forenses, fosas clandestinas y otros; eje de Iglesias y comunidades de fe; eje de búsqueda en vida, que incorpora la labor en penales y centros de rehabilitación; eje de escuelas; eje de identificación forense, búsquedas en el Servicio Médico Forense (semefo) y un eje de sensibilización de autoridades. Cada uno de los integrantes de la Brigada sale desde muy temprano para desplazarse a las distintas localidades de Morelos donde se desarrolla cada tarea, con el propósito de construir una conciencia colectiva sobre el fenómeno a partir de la sensibilidad de lo que conlleva este doloroso fenómeno de la desaparición de personas en nuestro país.

Fotografías de los Colectivos que componen la Brigada Nacional de Búsqueda

Hemos visto nacer la Brigada desde sus inicios en la comunidad de Amatlán de los Reyes, Veracruz y verla caminar por los estados de Sinaloa, Baja California, Guerrero, de nuevo por Veracruz en su zona norte y ahora Morelos. Algunas familias llegaron solas, ya sea porque escucharon en algún medio de comunicación hablar sobre la Brigada de Búsqueda o acuden al encuentro de otrxs hermanas y hermanos de dolor. Estos procesos de organización y búsqueda de los familiares en su mayoría son sostenidos por mujeres: madres, hermanas, tías, abuelas, etcétera.

En los patios del hotel donde se hospedan los familiares, se encuentra un taller de rapel y descenso que imparte la Brigada Marabunta, organización de derechos humanos que ha acompañado desde sus inicios el trabajo de campo de la Brigada Nacional de Búsqueda. Hasta la primera semana, se han logrado identificar 7 puntos positivos en la búsqueda en campo, lo que algunos medios periodísticos especializados como la Revista Proceso, apuntan como un campo de exterminio. Estos hallazgos provocan una extraña alegría, un aliento de esperanza a las familias por el hecho de encontrar y llevar a casa todos esos “tesoros” que fueron depositados en alguna parte de esta tierra, la cual también sanan y además lanzan oraciones alrededor de ella, donde se encuentran ellas y ellos a quienes privaron de su libertad en algún momento de esta guerra. Así pues, se pide que este hermano o hermana regrese pronto a casa y su familia pueda alcanzar un ápice de paz.

Fotografías de los Colectivos que componen la Brigada Nacional de Búsqueda

Este fin de semana también se realizó un encuentro con el Congreso Nacional Indígena (CNI) en la explanada de una cancha de una pequeña localidad morelense, se escucharon diferentes voces, planteando las razones de por qué somos hermanos de dolor, de distintos dolores, que hermanan la lucha por la dignidad y la justicia en México, aquella justicia a la que un tanto renuncian en esta Brigada sin buscar culpables, solo buscando puntos, mapas, algún lugar en donde se pueda encontrar a sus familiares. Durante la reunión se coincidió que en estos largos años de resistencia, son estos mismos caminos y el mismo sistema de muerte y despojo quien asesina a “nuestras” familias, quien las desaparece, quien desarticula la comunidad para entrar en ella y convertirla en una presa fácil de esta violencia que acecha nuestras tierras, nuestras comunidades y territorios con proyectos de muerte, con un clima de terror que hace caminar estás violencias de la mano del narco y del Estado.

Una compañera de la Brigada reconoce el camino de lucha que han tenido las comunidades indígenas en este país, explica que son estas comunidades quienes han sido desaparecidas doblemente, pues han sido invisibilizadas por el sistema que ha reprimido durante años sus territorios, su lengua, su cultura y, al mismo tiempo, impone proyectos de despojo en sus comunidades.

Es así como algunxs otrxs de la Brigada van caminando hacia las escuelas, parroquias e instituciones para sensibilizar a la población acerca de la desaparición y que se pondere que este fenómeno puede ocurrirle a cualquier persona, pero también decirles que “no queremos que vuelva a pasar”, pues exclaman que la urgencia de acudir a sus espacios es para poder tener una forma de decirles que es necesario parar esta situación desde donde cada uno esta, hablarles a aquellos quienes tienen desde los más altos puestos políticos hasta los pequeñxs, a la gente en las Iglesias o escuelas y decirles, con ese corazón lleno de dolor pero también de esperanza, que tenemos que cuidarnos entre todas y todos, “que sólo querernos y cuidarnos colectivamente nos ayudará a que cada vez sea menos grande esta desazón en nuestras familias”, como señaló uno de los familiares.

Estas experiencias dejan tras de sí un buzón de paz, con la esperanza de traer a las búsquedas algún lugar en donde puedan hallar esa “paz”, esa palabra que se encuentra plasmada en cada uno de los buzones y que es una forma de hacer partícipe a aquellxs quienes tienen alguna información, pero en ocasiones el miedo no deja decirlo y que de manera anónima puedan brindar un poco de luz en este camino. Esté buzón puede tener frutos permanentemente para esta Brigada que conforman diferentes familias de todos los rincones de este país adolorido por la ausencia de las víctimas.

Una ausencia puede vaciar al mundo entero.

Querida Ara: no encontrarte es vivir en una ciudad repleta de gente, pero deshabitada de ti, que me haces falta. Te he buscado, he preguntado por tus pasos, he recorrido sin tregua los sitios en los que podría encontrarte. Pero tu presencia se hace esperar por razones que escapan a mi juicio. Por eso también anhelo que, de maneras que no alcanzo a abarcar, un día de estos tu recuerdo se funda con tu estampa y nos encontremos de nuevo. 

Me queda confiar en eso. Me convenzo de que no nos hemos perdido el uno al otro; en lugar de eso, le propongo al destino que lo que vivimos es un aplazamiento, un intervalo franqueable, como aquella pintura de dos amantes que se miran desde los extremos opuestos de un puente. 

“Estoy harto de vivir de corazonadas, de espectros que cruzan de reojo”
Por eso camino todos los días por la ruta de nuestros paseos cotidianos. Incluso me ha pasado que, viendo el final de la calle, siento por un instante inmenso que la esquina no se desdobla para mantener en vilo una cascada de presentimientos, como sí, al dar la vuelta, fueras a estar tú. Pero continúo, y no apareces. Estoy harto de vivir de corazonadas, de espectros que cruzan de reojo. Mi vida ya no es un flujo, sino que se ha vuelto vivir a saltos, como si todo yo fuera un corazón. 

¿Dónde estás, Ara?

En un mundo de billones de seres, ¡Es inmenso lo que podría sanar una sola presencia!

Aunque no les prestamos demasiada atención, los carteles de “Se busca” se han multiplicado por distintas partes de la ciudad. Generalmente incluyen una fotografía, una breve descripción, algunas señas particulares y algún número de contacto. 

“La desaparición no es un tópico de la imaginación, sino de la más descarnada realidad.”
Ciertas ocasiones, mientras esperaba el transporte público, me había detenido a imaginar las historias de vida que se pierden detrás de la escueta información que ofrecen los anuncios. Puede parecer un juego mental frívolo, pero es lo contrario, porque al imaginar el dolor de quienes buscan a un ser amado, surge la empatía. ¿Puede ser que algún día los carteles nos cuenten historias en lugar de solo ofrecer una imagen y algunos datos biográficos que se sienten tan impersonales?

Como digo, había imaginado el dolor, la angustia y la desazón de quienes solicitan ayuda para tener noticias de quienes aman, y también había recreado el destino, o mejor dicho, el anti-destino que cumplen quienes, por cualquier razón, no pueden volver a casa. Sin embargo, cuando Ara no regresó y yo mismo tuve que poner carteles de “Se busca” por la ciudad, reafirmé que aquí la desaparición no es un tópico de la imaginación, sino de la más descarnada realidad. 

Es odioso que la vida continúe a la mañana siguiente de que un ser amado desapareció. El sol se alza indiferente a que existen vidas sagradas que han sido destrozadas brutalmente en la víspera. 

Foto: Annick Donkers
Foto: Annick Donkers

Tú desapareciste un jueves, Ara, y desde entonces detesto los jueves. Me parecen chocantes. Instintivamente los gasto entrevistándome con películas de nuestros recuerdos juntos. Revisito detalles, quicios y pliegues de momentos precisos a tu lado. Me he convertido en un arqueólogo de instantes, un laborioso profesional que atraviesa capas de memorias para desenterrar un hallazgo, un detalle tuyo que ilumine mi día. 

Es difícil vivir así. Uno se harta de imágenes gastadas, de recuerdos borrosos, y lo que urge es palpar un cuerpo, sentir el pulso de quien ama. Mientras que tu presencia se demora, mi impaciencia se redobla. ¿Dónde estás, Ara? 

¿Estás? 

Es desesperante considerar el ejército de peligros que conspiran para lastimar a quien amamos; nos herimos al dibujar mentalmente los escenarios posibles de quienes no regresan. ¿Y si no me extraña tanto como yo? ¿Qué tal que quiere volver, pero alguien se lo impide? ¿Se las arregló para continuar sin mí? ¿Me necesita y me invoca en sus adentros, sin obtener respuesta? 

No cabe duda que cuando la imaginación y el corazón se entrevistan en el dolor, podemos convertirnos en nuestra peor compañía. 

“Algunos piensan que me he ido adaptando a tu ausencia; ignoran que las heridas que más duelen sangran hacia adentro”.
Tu alegría tiene duende, Ara, y por eso te extraño tanto. La gente me pregunta por ti, y he burocratizado la explicación de tu ausencia para protegerme. Así, hablar de tu desaparición con terceros me cansa, en vez de que me duela tanto. Es por eso que algunos piensan que me he ido adaptando a tu ausencia; ignoran que las heridas que más duelen sangran hacia adentro. Por lo demás, necesitaría desenrollar nuestra vida juntos en cada conversación para que los demás puedan alcanzar a entender la pausa existencial en que permanezco desde que te convertiste en un rostro sin rastro. 

Foto: Annick Donkers

Cuando estoy triste, Ara, subo una torre muy alta de la ciudad, que tiene un mirador en la punta. En el horizonte se despliega la mancha urbana, tremenda, y muestra el enigma de los innumerables recovecos que pueden estar ocultándote. La primera vez que tuve esta visión, me pareció insoportable: era abrumador dimensionar el espacio que no puedo agotar en tu búsqueda. Sin embargo, esa sensación se transformó, y al tiempo, comencé a poder presentirte en esta inmensidad, y a tener la certeza de que estás ahí, en algún punto ciego, y que es través de las vastedades –espaciales y temporales– que podemos comunicarnos. 

Fue en la contemplación del paisaje inmenso donde experimenté la catarsis del buscador: presentir que quien amas está bien de una manera que se te escapa. 

Cuando estoy triste, Ara, ahí permanezco, en silencio, mientras que tu sombra se eleva en los atardeceres del alma. 

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Un adiós que no se dice a tiempo es un interminable decir adiós…

Yo sé que de a poco tengo que acostumbrarme a tu ausencia. Pero no quiero despedirme todavía, Ara. Tengo claro que necesito continuar mi vida y abrirme a nuevas posibilidades, pero hacerlo me produce una culpa enorme. Vivir sin ti, amar sin ti y sonreír sin ti me sabe a un acto de alta traición. 

“El amor también encuentra formas de imponerse a la muerte”
Supongo que el tiempo lo cura todo. Por eso los antiguos decían que el tiempo le gana al amor. Con ello querían expresar que no existe un amor que pueda contra su propia muerte, ya sea porque se extingue el fuego de su pasión, ya sea por la condena de nuestra finitud. Sin embargo, el amor también encuentra formas de imponerse a la muerte, porque se puede proyectar más allá de la presencia e incluso de la existencia de quien ama y es amado. Concluyo que, desde el origen, el dios del amor y el dios del tiempo juegan a los dados, y que ambos ganan y pierden partidas. Nunca hay un vencedor ni un vencido absoluto, y gracias a ello continúa girando el disco de las estaciones, de las lunas, de los siglos. 

En alguna de esos ciclos, ¿Te volveré a ver, Ara? 

Espero que sí.

Creo que lo atractivo del paraíso cristiano no es el horizonte de nubes esponjosas y la calma seráfica de los bienaventurados, sino la promesa del reencuentro con quienes amamos. Por mi parte, aceptaría incluso ir al infierno y morar en el horror más desesperado si puedo reunirme allí con quienes he querido. Prefiero compartir el dolor de ser un mismo grito con ellas y ellos a vivir una eternidad de goces por actos individuales anodinos, como si lo bueno que he hecho se agotara en mí mismo, cuando en realidad es fruto de un árbol ancestral, un nudo de mi red colectiva y un relámpago de mi libertad que quiere iluminar a quienes están por venir. 

Dirán: «¡Pero solo es una perra, solo es un animal!».

«¿Y qué?», les respondo. Nosotros también somos animales, un tipo especial, si se quiere: somos los animales que piensan, que sueñan, que extrañan. 

 

Foto: Annick Donkers
Foto: Annick Donkers
Foto: Annick Donkers

Por César Alan Ruiz Galicia

Cuando me preguntan si creo que las personas tienen derecho a decidir las substancias que entran o no a su cuerpo, de inicio respondo que sí; me parece natural y correcto que un ciudadano o ciudadana puedan elegir los nutrientes, los estimulantes, o incluso los psicoactivos que van y vienen por su torrente sanguíneo. Solo se me ocurre limitar esta libertad con restricciones razonables, como que la persona tenga la mayoría de edad, que esté en uso de sus facultades mentales y que su acto no sea una amenaza para terceros. Cumplido esto, que suene la canción alegre de la libertad, tralalá, tralalá. 

Sin embargo, esta teoría del derecho casera resiste menos que una estufa de madera. Porque cuando una persona que se declara antivacunas me dice que tiene la libertad de no vacunarse, de elegir no llevar cubrebocas y de promover públicamente esta posición para que muchas más personas sigan ese camino, siento que la libertad es una cosa para ángeles, pero no para mexicanos: es difícil escuchar pacientemente a personas con estas ideas cuando considero el drama de millones que esperan la oportunidad de vacunarse, sabiendo que eso les puede salvar la vida a ellos y a sus seres queridos. 

Foto: Annick Donkers
Foto: Annick Donkers

Pero la cosa tampoco es tan fácil, porque las personas antivacunas defienden su posición apelando a valores ilustrados en los que me reconozco. Vamos a ver: uno espera que sean oscurantistas y proclamen que ésta pandemia la mandó Dios para castigarnos por el derecho a decidir, que el piquete de la vacuna es la cola del diablo y que en cualquier momento sonarán las trompetas del juicio final y los vacunados no reencarnarán; sin embargo, he descubierto que defienden sus ideas a partir de reclamar derechos y libertades; que invitan a que me informe por mi propia cuenta; que además conminan a pensar por uno mismo –el Sapere Aude de Kant–. Y ahí uno se descoloca, porque además señalan que los medios se alían con grandes capitales para desinformar, que las farmacéuticas tienen un lobby poderoso y que la medicina occidental arrasa a su paso cualquier forma alternativa de tratamiento de las enfermedades, y ahí ya siento que me uniría a su grupo, si no fuera porque de hecho la mayoría piensan que otro enemigo suyo somos los periodistas. 

El contingente avanza entonando consignas para exhibir la plandemia. Son cerca de cien personas, quienes se han reunido en el centro histórico de la Ciudad de México para hacer una movilización que destaca porque nadie usa mascarillas; cada asistente que se incorpora al contingente saluda al resto de beso, con un efusivo abrazo o un apretón de manos, lo que genera un extrañamiento semejante a presenciar rituales en desuso. El conjunto avanza sobre la calle Madero gritándole al mundo su verdad: 

No funciona el cubrebocas:
¡Más infecciones provooooooca!

Los transeúntes miran con curiosidad al grupo. Parecen no estar familiarizados con su causa, por lo que tardan un tiempo de dilucidar las razones de la protesta. Contribuye al desconcierto que algunas consignas son plagiadas: 

De norte a sur
de este a oeste
ganaremos esta lucha
¡cueste lo que cueste!

“Qué diría Genaro Vázquez; qué diría Lucio Cabañas”, me pregunto, mientras coreo el final. 

“Limón, cebolla y ajo
¡infecciones al carajo!”

El grupo de manifestantes lleva camisas y pancartas en las que se autodenominan como “Mexicanos por la verdad”. Se presentan como “activistas por la vida, la salud y la libertad”. 

“Muestra tu sonrisa…
¡O morirás de prisa!”

La marcha es animada en buena parte por el “Doctor Darío”, un hombre mayor, delgado, de mirada acuosa, quien se revela como un entusiasta del megáfono: 

“La OMS miente
¡Vuélvete consciente!”

Las voces del grupo se alían con él y los puños se lanzan contra el cielo, como en cualquier otra protesta por una causa justa. El Doctor Darío avanza hacia su destino con ánimo resuelto. Y entonces grita:

“Vacuna corporativa…
¡con residuos del SIDA!”

Este verso parece cosecha del doctor, porque solo encuentra el eco de unas voces apagadas. Pero el doctor no se amilana, sino todo lo contrario. Quiere ganarse de nuevo a la pequeña multitud, por lo que recurre a un mensaje más consensuado: 

Esta vacuna
¡te lleva a la sepulturaaaa!

El grupo participa de este último grito de buena gana. El doctor infla pecho y se sigue de corrido: 

“Abraza sin temor
a tus hijos con amor”

Doctor Darío / Foto: Annick Donkers

Aquí me pongo a pensar: ¿Quién diablos puede estar en contra del amor de padres a hijos? Yo no. Me parece que el Doctor Darío señala un punto con el que me identifico: la vida en pandemia nos quitó una parte de la afectividad; nos debemos muchos abrazos, besos y caricias…encuentros. Al igual que millones, yo tuve que esperar más de un año a que vacunaran a mi propia madre para poder abrazarla. Claro que esperé a que vacunaran a mi madre, que es lo opuesto a lo que defiende este grupo anti-vacunas, pero entiendo su malestar, que me parece legítimo, que comparto…

Prensa vendida
¡no digas más mentiras!

Gracias por regresarme a la realidad, Doctor Darío. 

El grupo se moviliza del Zócalo hasta una esquina de la Alameda colindante con el Metro Hidalgo. Ahí realizan un pequeño mitin. Puedo hablar con ellos mientras me graban con su celular “para tener evidencia y que no tergiverse sus palabras, como hacen los periodistas”.  

Foto: Annick Donkers
Foto: Annick Donkers
Foto: Annick Donkers

“Estamos en contra de esta farsemia”, dice el Doctor Darío, plenamente convencido. “Como médico tengo 31 años de experiencia y los síntomas que dicen que son de Covid los he visto durante todo este tiempo de forma recurrente. En general las personas que se enferman con el cuadro clínico del Covid se curan con métodos naturales, incluso con homeopatía. El verdadero problema aquí es que encierran a millones, como si fueran gallinas, y la gente come un montón de porquerías, harinas blancas y lácteos, lo que sumado al pánico, hace que se enfermen”. 

Cuando le pregunto sobre las razones por las que el mundo se puso de acuerdo para engañarnos, el Doctor Darío responde con un diagnóstico puntual: “el problema es que tenemos una élite conformada por gente como Bill Gates, quien desde 2011 decía que había que reducir la población mundial. Recuerda además que una persona enojada con el Banco Mundial filtró que desde 2017 había una certificación para sacar una vacuna para el COVID-19, lo que prueba que no es un virus, sino una marca que quiere decir “Certificación para la Vacunación” (sic).

En acuerdo con el Doctor Darío, este plan existe desde hace casi dos años: “el 18 de octubre del 2019 se reunió en New York el grupo e Davos para planear esta farsemia, con el objetivo de reducir la población mundial a través de sus mal llamadas medidas sanitarias, cuando en realidad son medidas satanarias. La idea es meter miedo. Piénsalo: el tapabocas no es tal, porque tapa también la nariz –no solo la boca– y enchueca las orejas, pero además hace que el cuerpo no pueda expulsar anhídrido carbónico, que volvemos a asimilar, por lo que respiramos una multiplicación de hongos y bacterias, lo que eventualmente produce acidosis metabólica. Si todos los médicos que se han muerto de Covid usaban ese bozal, ¿dónde estaba su protección? La idea es dañar a las personas y minar su sistema inmunológico. Hay miles de videos de gente que ha sido inyectada, a las cuales les ponen luego un imán y éste se queda pegado, lo que implica que están siendo inoculadas con metales pesados”, declara, con el ánimo encendido. 

Le pregunto al doctor por qué debería de creerle a él y no a las fuentes oficiales como la OMS. El doctor Darío responde: “en nuestro movimiento hay médicos, químicos, psicólogos, enfermeras, somos un grupo interdisciplinario. Yo, por ejemplo, tengo una maestría y un doctorado. No somos conspiranóicos, sino gente preparada”, responde, para luego volver a la carga con el megáfono. 

Mauricio se define a sí mismo como un “Mind Hacker”, es decir, alguien que “te ayuda a hackear tu propia mente para alcanzar tus objetivos”. Mauricio reside en Tulum; es alegre y tiene una facilidad de palabra que vuelve agradable su conversación. “Vine cuando empezó la pandemia, para estar con mis papás, que viven aquí. Conforme fue pasando el tiempo empecé a ver que muchas cosas no tenían sentido respecto a los protocolos de cuidados, así que empecé a informarme y descubrí que esto que vivimos es parte de una agenda, algo diseñado desde hace muchos años, pero solo te das cuenta de esto cuando ves más allá de la educación, de los medios y el gobierno, porque hay un sistema que se dedica a controlar a las masas mediante la desinformación y la ignorancia de la gente”.

Mauricio / Foto: Annick Donkers

Cuando le pregunto a Mauricio sobre los medios que consulta para llegar a estas conclusiones, responde: “nosotros nos informamos a través de canales en Telegram y WhatsApp. Creamos estos espacios para compartirnos información de todas partes del mundo, no sólo de México, porque este movimiento comenzó en Berlin, pero siguió en Londres, más adelante en Argentina, así como en muchos otros países; ellos han podido reunir a millón y medio de personas, y eso me da tristeza, porque mientras en otros países están avanzando, aquí seguimos sin darnos cuenta”.

“Hay gente que se asombra o nos mira con incredulidad cuando les compartimos estas ideas –señala Mauricio al ver mi expresión de incredulidad ante la idea de que es mejor informarse por WhatsApp y Telegram–. Sin embargo, muchas otras personas se interesan y comienzan a preguntar más; estamos algo aislados, porque ni un solo medio de comunicación nacional ha venido a reportar lo que decimos. Esto te habla de que ellos forman parte del enemigo, porque hay muchos intereses, sobre todo de las farmacéuticas, que no quieren que se conozcan otros puntos de vista. En cualquier caso, llamo a que las personas cuestionen, a que critiquen, a que se hagan preguntas”. 

Respecto a las formas de combatir el virus, Mauricio cree que “existen alternativas como el dióxido de cloro, que Trump y Bolsonaro declararon como agentes curativos, pero curiosamente los medios ocultaron y modificaron dicha información. Por otra parte, también es importante tu trabajo mental: si estas en lo que se conoce como una vibración alta, tu cuerpo va a estar alcalino, y no vas a tener ninguna enfermedad”, remata Mauricio. 

Al terminar la charla, me entrega un volante sobre un taller que va a impartir. Le agradezco y guardo el folleto. Más tarde descubro que el curso propone un temario que consta de doce puntos: 

  1. Empoderamiento del Ser
  2. Pirámides y Geomancia
  3. Quién controla al mundo
  4. La Matrix, el origien del mal
  5. Nicola Tesla, el más Grande
  6. La energía lo es Todo
  7. Historia de la humanidad
  8. Atlántida y Lemuria
  9. Geometría Sagrada
  10. Glándula Pineal
  11. Ego vs Conciencia
  12. La otra historia de los Mayas

Mauricio se sostiene económicamente realizando estos talleres y dando cursos de desarrollo personal.

Arturo es un hombre agradable, pulcro, inteligente. Su devenir antivacunas fue un proceso: “hace un año y medio, cuando empezó la pandemia, me acerqué a los medios. Seguí sus indicaciones y me apegué a los protocolos. Apoyé el uso de la mascarilla y de hecho busqué alternativas ecológicas. Pero pasaron un par de meses y me di cuenta de que había una gran treta…”

Arturo tomando dióxido de cloro / Foto: Annick Donkers

“Yo ya conocía del uso del dióxido de cloro –dice con mucha seguridad–. Lo había usado con eventualidad, para tratar algunos padecimientos. Investigué por mi cuenta, pero cuando quise recuperar la información que recabé, descubrí que habían bajado los contenidos porque supuestamente infringían las reglas del ping-pong y de la cuerda para brincar. A partir de entonces, empecé a recuperar información, cosas que recopilé de otros investigadores, gente de ciencia y con autoridad. Después decidí estudiarla para autoaplicarla y comencé a usar el dióxido de cloro de manera cotidiana, como parte de un protocolo para prevenir la infección, que no el contagio, que eso solo previenes muriéndote o yéndote a otro planeta”. 

“Luego de incorporar el dióxido a mi vida cotidiana –mediante su consumo en horas específicas y de manera regular– corroboré que no quema ni te vuelve loco, y hasta entonces me atreví a compartirlo con familiares, así como con gente de confianza. Noté que todos estaban bien y que nadie se enfermaba. Entonces me puse a atender a personas, porque no lo había hecho antes por temor a compartir algo no probado; sin embargo, he atendido a cerca de ciento cincuenta personas, de las cuales sesenta eran pacientes de Covid. Todos se curaron tomando dióxido de cloro”. Instintivamente miro a Arturo con escepticismo, pero él me ataja: “realmente todos se curaron, menos tres, que no continuaron con las tomas. Eran personas que por el miedo, por presiones familiares y distintas recomendaciones, decidieron irse por otra vía…y se fueron”. 

Respecto a sus protocolos de atención, Arturo declara: “a todas estas personas las atendí sin cubrebocas, las saludé de la mano, ¡y mírame!, estoy como si nada. Claro, cada día me tienes tomando un poco de dióxido de cloro. Hay que decir que mi tratamiento es totalmente personalizado, y supone ajustes por edad, por comorbilidades, por el momento en que lo tomas, por cuál es tu ambiente, etcétera. Pero el principio es simple: debes aplicar el dióxido de cloro en un litro de agua potable embotellada –no purificada ni de la llave, porque en esas usan cloro, y ojo, el dióxido de cloro no es cloro– y debes hacer diez tomas al día, una por hora, con 100 mililitros por unidad”. 

Cuando lo cuestiono sobre los “datos científicos” que recabó sobre el dióxido de cloro, me contesta: “es efectivo porque el ión negativo de la molécula de cloro le da una función específica para rastrear la parte protónica de las colonias del cuerpo en donde habita cualquier virus, que entonces muere por desnaturalización, al integrarse los dos polos de la molécula y liberar oxígeno”, declara Arturo con mucha seguridad propia, y no le creo nada, pero me reprendo por no tener elementos suficientes para refutar su teoría química. 

Arturo / Foto: Annick Donkers

Arturo dice para terminar: “tenemos una obligación como ciudadanos del mundo, porque hemos heredado cultura y hay mucha gente que ha impreso su talento para transmitirnos conocimiento. Por tanto, hay que estudiar, hay que informarse, hay que discernir. Gracias a eso un ciudadano común y corriente como yo, temeroso de morir, pudo encontrar en los descubrimientos de otros la oportunidad de sobrevivir, sin costo y de manera accesible. Es un privilegio poder aprender y compartir mis conocimientos. Y estar vivo para contarlo…”, declara Arturo, como si estuviera recibiendo el Premio Nobel de Medicina. Cada palabra es generosa, comprometida, y su conmovedor discurso recuerda el sueño de la ilustración: lograr seres humanos autosuficientes que se liberen a sí mismos mediante su propia razón. 

Pinche ilustración. Fuiste unas luces en un siglo, no un siglo de las luces.

Foto: Annick Donkers
Foto: Annick Donkers

Entrevistar a personas anti-vacunas en México es difícil porque la mayoría rechaza la propuesta de hablar públicamente. Percibo que temen ser juzgados, ridiculizados o incluso sufrir alguna represalia laboral o familiar; por lo menos una docena de personas bien informadas y fervientemente convencidas del movimiento anti-vacunas declinaron la propuesta de darme una entrevista personal. 

Evelyn es una excepción afortunada. Francesa de origen, dedicó su vida a la enseñanza de su idioma en México. Ella me invita a conversar a su departamento en Coyoacán; solo entrar en el inmueble es adentrarme en un ambiente cultivado, con un espacio bien iluminado, rodeado de cuadros de Remedios Varo y Marc Chagall, con una delicada música de piano de fondo –los Nocturnos de Chopin– y un caballete con rotafolios garabateados en los que ella anota sus ideas. Evelyn es una mujer atenta y agradable, inteligente y con ideas claras, como corresponde a una persona que a los 20 años participó activamente en el Mayo Francés… 

Evelyn / Foto: Annick Donkers

“Esto es un experimento a cielo abierto con millones de personas: somos conejillos de indias –dice para comenzar–. Esta vacuna fue hecha demasiado rápido y no se sabe lo que tiene, además de que no hay unanimidad respecto a sus beneficios. Lo que sí sabemos es que ha provocado trombosis, coágulos y que hay gente que muere por vacunarse y no por el virus. Yo me opongo a esta vacuna incluso desde una postura filosófica y moral, porque no nos están dando derecho a escoger si utilizarla o no”. 

“Son muchas las personas que se oponen a esta vacuna –puntualiza con un movimiento enérgico de manos– pero no quieren hablar porque la gente se los reprocha, les dice que no son solidarios, que no les importan los demás. Sin embargo, creo que la solución no necesariamente es la vacuna: si tienes un buen sistema inmunitario, una vida equilibrada y sabes lo que quieres, no hay razón para que te enfermes. Creo que políticos y medios de comunicación han exagerado todo para volverlo un coronacircus”.

Cuando le pregunto sobre las razones que tendrían para realizar un montaje a escala planetaria, Evelyn profundiza: “yo tengo una concepción basada en el principio marxista de lucha de clases. Lo que pienso y he leído es que el sistema capitalista mundial se está derrumbando, que va a haber una crisis más fuerte, y que quieren taparlo con esta pandemia para justificar las medidas más drásticas. Estamos en la tercera guerra mundial, que ya empezó; se trata de doblegarnos, quieren domesticar a la gente, y por eso se ha manejado la pandemia con base en el miedo. Y lo peor es que la humanidad no se ha dotado de una internacional que le permita a los pueblos organizarse. Te aseguro que habrá revueltas localizadas –la gente ya no aguanta– pero mientras no exista una respuesta generalizada, serán solo focos de revuelta que no irán más lejos”.

Foto: Annick Donkers

“La gente tiene miedo de darse cuenta que los complotistas no somos nosotros, sino quienes dirigen el mundo –subraya Evelyn–. Hay una oligarquía a nivel mundial del 0.01% de la población que ha instrumentado esto desde hace años. Las personas no quieren creer que es posible, les cuesta pensar que hay fuerzas por encima de nosotros que han organizado todo. La gente teme concebir algo así. Tienes que tener un criterio amplio para imaginarte que eso existe, que hay una política global que le conviene al sistema. El gran drama, en cualquier caso, es que la humanidad no se ha dado a sí misma los medios de organización para salir de este hoyo”.

En cuanto a sus fuentes de información, Evelyn comparte sus referentes: “me informo con franceses como Christian Perrone, Didier Raoult, la genetista Alexandra Henrion Caude y Louis Fouché. En argentina también hay personas muy interesantes, como Chinda Brandolino y Pablo Goldchmit. El problema es que hay una censura tremenda, incluso en redes sociales como Youtube, donde eliminan los contenidos disidentes, mientras que en la televisión invitan a personas no calificadas: quienes quieren debatir las cuestiones de fondo son desechados. Por eso busco saber más a través de fuentes de información alternativas”. 

Evelyn también rechaza las medidas sanitarias: “lo del confinamiento es un método de la edad media que no tiene justificación. Los pobres niños son los sacrificados, es tremendo el daño a su salud mental. También he visto a jóvenes llorar, es terrible su agonía moral: se vuelven locos por no poder proyectarse en el porvenir. Por si fuera poco, con el cubrebocas no tenemos intercambio social, lo que es muy práctico para el sistema, al que le conviene que no haya reuniones, ni manifestaciones, ni encuentros. La idea es que la gente no se exprese, que no tenga contacto con vecinos, ni amigos, ni familia, que todo sea individualista. Encima dicen que es aguantar un año y medio, que todo volverá a la normalidad, pero no ven todo lo que ya se ha trastocado”.

Le pregunto a Evelyn cómo ha enfrentado estas medidas en su propia vida, y ella responde: “¿Prefieres morir confinado en tu casa o salir a jugártela afuera? Yo me quedo con lo segundo, no le tengo miedo a la muerte. Mucho tiene que ver mi actitud hacia la realidad: creo que no puedes confinarte por miedo a que tal vez te vayas a contagiar, que tal vez te va pegar fuerte, que tal vez tengas que ir al médico y que tal vez te van a hospitalizar. Son muchos tal vez, ¿no te parece? A cambio de eso, te privas de vivir, destruyes tus negocios, afectas la relación con tus papás, con tus hijos, con tu pareja. El confinamiento ha destruido la vida de millones de personas”. 

Foto: Annick Donkers

Paso la tarde discutiendo con Evelyn sobre sus fuentes informativas, sus métodos naturistas preventivos, su idea de la conjura internacional. La realidad es que estoy frente a una mujer inteligente, con criterio propio, que creó un relato articulado para darle sentido al caos del momento presente. No estoy frente a la caricatura del bárbaro anti-vacunas, sino con una mujer culta, que habla tres idiomas, que tiene una sensibilidad intercultural y encima me invita a concientizarme, a informarme, a ser valiente, a participar en la organización de una internacional. 

Mi conclusión del encuentro es que analizar el problema de las personas anti-vacunas con el eje inteligencia/estupidez nos pone del lado de ésta última. 

En acuerdo con The Center to Countering Digital Hate, en el mundo existen cerca de 58 millones de personas que dan seguimiento a contenidos anti-vacunas en internet. A esa cifra hay que sumar los miles de canales de información alternativa en WhatsApp y Telegram que se han organizado para difundir estas ideas. Si consideramos que según el Digital News Report elaborado por el Reuters Institute, el 40% de la población en México confía en las noticias que recibe, mientras que el 70% utiliza Facebook como principal plataforma para informarse, en México tenemos las condiciones adecuadas para el crecimiento de los discursos anti-vacunas, si bien hasta ahora permanecen como grupos minoritarios. 

Foto: Annick DonkersSin embargo, no hay que desestimar el problema. Pensemos que en Europa el 25.9% de la población (192 millones de personas) han optado en el último año por pseudoterapias para tratar problemas de salud –incluyendo el Covid– por lo que miles de personas han muerto o están en riesgo debido a que empresas y particulares lucran con tratamientos no-científicos. Aunque existen razones de peso para criticar la cerrazón, la soberbia y los límites de la medicina occidental, es un hecho que millones de personas están siendo desinformadas deliberadamente con el objetivo de hacerles comprar sustancias, tratamientos, cursos y talleres que les hacen perder tiempo valioso para tratar sus enfermedades y les dan una falsa sensación de seguridad. 

Foto: Annick Donkers
Foto: Annick Donkers

Después de escuchar los discursos anti-vacunas concluyo que muchos de los “gurús” del movimiento utilizan una técnica que llamo “El Caballo de Troya” que consiste en retomar discursos críticos contra los medios de comunicación, contra el lobby de la industria farmacéutica, contra las estructuras políticas y contra la medicina occidental para legitimar su propio relato a conveniencia. El procedimiento es simple: desafían los discursos dominantes a partir de críticas válidas para “entrar” a los temas y entonces introducir sus propias conclusiones. En pocas palabras, lo que hacen es capturar diagnósticos adecuados para validarse y después llevarnos hacia sus narrativas, que parecen entonces aceptables. 

En cuanto a la “censura” que reclaman los anti-vacunas, es verdad que desde 2019 plataformas como Youtube decidieron desmonetizar sus canales y realizaron una eliminación selectiva de contenidos de este tipo. ¿Esto es un atentado contra la libertad de expresión? No necesariamente, si consideramos que no existen libertades absolutas y que un límite razonable es la protección de la salud de las y los ciudadanos. Considero que en casos como el de Europa y Estados Unidos –donde los discursos anti-vacunas tienen millones de seguidores– es importante abrir espacios para que sus ideas sean desafiadas y vencidas en el debate público. En cuanto a nuestro país, por ahora los grupos anti-vacunas son muy minoritarios, por lo que darles un altavoz en este punto es otorgarles las plataformas de difusión que de hecho no tienen.

Escuchar a las personas anti-vacunas fue una oportunidad para descubrir mi propia ignorancia, y creo que a muchas personas no expertas les pasaría lo mismo. Hay afirmaciones que me parecieron absurdas, pero no conté con elementos para rebatirlas, sobre todo cuando trataban temas médicos. Es algo de lo que me hago cargo. Sin embargo, me consuelo pensando que la verdadera ilustración, el sentido original de este proyecto, no era saberlo todo, sino combatir las credulidades de cada época a partir de reconocer los límites de nuestro conocimiento: “hay que convencer al espíritu humano de su debilidad, con tal de que pueda emplear útilmente la poca fuerza que derrocha en vano”, decían los ilustrados. Aceptemos que para vencer al movimiento anti-vacunas tendremos que saber demostrar mejor nuestras verdades, digo yo. 

Créditos

Texto e investigación: César Alan Ruiz Galicia

Ilustración de portada: Mireya Reyes

Diseño editorial y GIFs: Francisco J. Trejo Corona

Fotografías: Annick Donkers

Agradecemos a todas las personas que mediante su lente, sensibilidad social y arte inmortalizaron un fenómeno y estallido social en la ciudad de Cali, pero además, plasmaron el reconstruir de una sociedad abatida por el Estado Colombiano y la marginación de las grandes clases sociales por el capitalismo. Para todo el pueblo caleño: ¡Muchas gracias por resistir y contar al mundo la verdad de un país!

Escrito por: Carolina Salcedo y Santiago Ceballos.

Existe un lugar llamado Cali donde convergen múltiples actores. Por si no lo sabían, Cali es bañada por 7 ríos los cuales fluyen sin mucha prisa. Paradójicamente, es una ciudad donde el tiempo no fluye libremente; tiene deudas históricas, está plegado de nudos desde hace muchas décadas atrás. Es una ciudad llena de habitantes de distintos colores y pensares, de muchos matices, de una búsqueda constante por el reconocimiento y la aceptación. Una ciudad llena de canciones del pacífico y el retumbar de sus marimbas; del sonido de las flautas y los vientos de la resistencia milenaria de pueblos originarios. De la lucha contra minorías elitistas y hegemónicas que perpetúan la injusticia, el cinismo y el gusto por el olvido y la explotación de quiénes no son de su agrado. Cali es un vórtice que ruge hoy como ha debido hacerlo desde hace mucho tiempo y el eco de su fluir turbulento llena a su país y llega al mundo entero.

Fotografía 2. “Primera línea” | Puerto Resistencia, Mayo 08 del 2021 | Tomada por: Crónicas del Viento (@cronicas_del_viento)

Tras el subestimado estallido social, la ciudad ha rebautizado lugares icónicos debido a su gran influencia e importancia para el devenir de la caleñidad. Estos espacios totalmente llenos de emociones y clamor por justicia en sus banderas, se redefinen bajo una consigna colectiva en torno a la lucha y la resistencia del pueblo. Esta consigna enmarca también la figura de la capucha. No importa quién sea que esté detrás de ella; se convierte en sinónimo de fuerza y esperanza; el llamado es a resistir. Para estas personas, el vigor arde como la flama invocada por el molotov, el cual arremete ante la metralla de quienes siguen órdenes, y de quienes disfrutan ejecutarlas. Con rocas, escudos, madera y capucha; el objetivo es unánime y claro, es el todo o nada. Quienes conforman la primera línea llegan todos los días con anhelos, miedos y convicción. Se vive entre las balas y el abismo. Pero esto no es nuevo.

El cambio es ahora. El espíritu, lleno de fulgor, es posible apreciarlo a través de la mirada de quienes habitan el paro, mirada empañada por el miedo en cada punto de resistencia, puesto que en las noches se viven en vela en una ciudad que no aprecia a las estrellas, sino algunas balas sueltas, que impactan, que duelen. Las arremetidas de la fuerza policial son cada vez más sanguinarias, golpean, se burlan, ultrajan, violan, asesinan y desaparecen a cualquier persona que encuentren en el manto de la noche, o bajo la mirada cómplice de medios nacionales durante el día. La primera línea no retrocede aunque la muerte haga parte del paisaje noche tras noche.

La guardia es resistencia, es el aguante del desconcierto de una historia mal contada, es sentirlos justicieros ante el abandono y rechazo del Estado, es entender que son ellas y ellos quienes irán en búsqueda de una verdad, someterán un juicio, y ante todo, respetaran la vida del que sea”

Fotografía 3.“Interludio” | Estación Univalle. Mayo 07, 2021 | Tomada por: Isabella de la Hoz (@red.october9)

El CRIC es la unión y convergencia de muchos gremios; comunidades afro del Cauca y Valle del Cauca, sindicatos, estudiantes, mujeres y hombres, todos bajo una misma imagen, un único respeto hacia la vida. El CRIC es el puente, intermediario y sabedor de las tensiones citadinas, de unión. Son los héroes, en quienes se puede confiar y dan aguante en esta primera línea”

La vida después del impacto se resquebraja. El adiós que no es dicho, pesa. La injusticia y el sadismo contra un ritual de conmemoración es ruin; no les basta arrebatar y humillar memorias, apagar las velas con bolillos, explosiones y tiros. Llegan sin mediar palabra y traen consigo más dolor en una noche de espanto. Igual que la noche anterior. Igual que la noche siguiente.

Pasé de salir en la madrugada a las calles de Bogotá haciendo un paseo nocturno por el barrio, a tener miedo en Cali de salir a la esquina porque alguien de la fuerza pública pudiera atentar contra mi vida, eso provocó lo acontecido en Siloé el 3 de mayo de 2021. Vivía en la fantasía hipócrita de pensar que lo malo solo le ocurría a gente mala, y la muerte de mi primo, Kevin Agudelo, y de muchos jóvenes, me despertó de ella. Ahora vivo intranquilo, inquieto y solo me mantengo a la espera de que los jóvenes que luchan por este país ganen esta guerra que vivimos, tememos y sentimos. No puedo salir a protestar por miedo a no poder volver a casa, no puedo dejar de compartir cosas en redes por miedo a que el nombre de mi primo sea olvidado […].”

La perseverancia no disminuyó, a pulso, la ciudad se consolida como la capital colombiana de resistencia. La Cali que baila contra las injusticias; se une en cantos y en murales. En acrobacias usando telas desde árboles, danzas, plantones y asambleas; Cali empieza a tender puentes entre su calles y estos actores se aferran a sus semejantes contra la tiranía.

Fotografía 4. “En las calles somos más” | Puerto Resistencia. Mayo 04, 2021 | Tomada por: @kathleenriascos – Resistencia Antirracista(@resistencia_antirracista)

Por medio de la empatía y el reconocimiento del otro surge un contrapeso al gran presupuesto del establecimiento; se gesta el florecimiento del poder popular. Las ayudas entre vecinos cercanos y lejanos. Las donaciones, medicinas y alimentos, fluyen a través de la ciudad por medio de voluntarios quienes nutren los espacios. Al mismo tiempo las ollas se llenan de comunidad. El compartir se llena de historias, de risas, de anécdotas de otros tiempos, de admiración y de orgullo por luchar sobre lo que se considera correcto. También, se añora a la vida en cada ingrediente, sabor y olor; respiran lucha y se alimentan de las ganas de construir un futuro diferente.

“Las ollas populares son espacios donde se baja la tensión, donde se siente bien, se cuidan los unos de los otros, la mayoría de las ollas está compuesto por mujeres; madres, abuelas, tías, novias, mujeres que aguardan por la vida de su familiar que está frente al cañón, allá en primera línea. En estos espacios se busca una paz ante la zozobra, se hacen alimentos para el cuerpo y el alma. Es la olla un corazón profundamente popular y una conciencia política del momento, en que se reconocen la división de clases, la situación de pobreza sistemática, la falta de oportunidades. Aquí se habla de todo alrededor del fuego, personas de diferentes edades pero que comúnmente tenemos un mismo llamado. Sonrisas, son historias y anécdotas, son las caídas amorosas de las doñas, el explicarles la tendencias del amor moderno, es un espacio de escucha, y conocimiento, de sentirnos en sociedad y hacer sociedad […].”

Fotografía 5. “Compañeros han caído, pero no nos vencerán” | Cali, La Sucursal del Cielo, Mayo 01, 2021 | Tomada por: Juliana Figueroa Suárez (@julianafigueroas)

Además del fuerte acople entre habitantes de la ciudad, en Cali, llega la minga indígena, la cual está conformada por los pueblos originarios, quienes históricamente fueron degradados por los conquistadores, quienes emplearon sus cruces, espejos y armas para deplorar la vida y cultura de quienes habitan con amor las tierras de esta nación. Algunas veces cuesta creer que al pasar tantos años aún esté aquel veneno, estigmas de pretender ser “raza superior” por tener una mezcla distinta en la ola del mestizaje. En las escuelas ignoran la verdadera historia, y en las memorias, que por décadas es menos retentiva, se desconoce aún más el proceder ancestral de los territorios.

Para mí, la minga y el poder contar con los cabildos indígenas (CRIC) en el Paro Nacional es sinónimo de protección y orden, es sentirme parte de una lucha colectiva, un abrazo que acompaña el frío de la noche cuando se está en primera línea, cuando se pelea hombro a hombro bajo la misma bandera […].”

Desde el pasado miércoles 28 de abril la ciudad de Cali no volvió ni volverá a ser la misma, el estallido social tiene múltiples dimensiones. Estatuas que enaltecen el yugo opresor y racista del ayer y del hoy han caído, la cátedra de dignidad Misak y demás comunidades indígenas se dicta en las calles, en cada marcha, en cada punto de resistencia. El hambre por hacer historia y no pedir permiso ha permeado a todo un país, aún hay mucho por contar, aprender, resignificar. Aún hay mucho por construir bajo la colectividad y el aguante de las personas, bajo el grito de justicia, aún queda mucho por soñar. Porque la Cali es y seguirá siendo, la Sucursal del Cielo.