OJ Simpson y la posverdad

El documental OJ: Made in America fue galardonado en los Oscares y hay que celebrarlo. La entrega del premio, además, reconoce no sólo a un documental del canal deportivo ESPN, sino un nuevo modelo de hacer televisión: se trata de un producto que dura casi ocho horas y que por tanto, sólo pudo ser expuesto en pequeñas entregas. Por otro lado, una de las series más vistas en los últimos meses es American Crime Story: The People vs OJ Simpson.

Ambas producciones exponen desde diferentes perspectivas el que para muchos críticos ha sido el juicio más mediático de la historia: el asesinato de Nicole Brown, ex esposa de OJ Simpson, y Ron Goldman, su amigo. Simpson fue un jugador de futbol americano egocéntrico y muy lejano de la lucha contra el racismo, un hombre millonario, encerrado en su riqueza, que vivía en barrios donde los blancos millonarios eran sus vecinos.


En el juicio, Simpson se declaró inocente varias veces, pero se presentaron pruebas contundentes de su culpabilidad: rastros de sangre en su camioneta llevaban a su mansión, sus coartadas no coincidían, testigos lo inciminaban y tenía un antecedente de violencia doméstica en contra de Brown.

Sin embargo, su Dream Team de abogados, como lo llamó la prensa, comandados por Shapiro, Cochran y su gran amigo Robert Kardashian, llevaron la estrategia jurídica a lo emocional, donde las pruebas de ADN, la evidencia empírica y los constantes incidentes de violencia marital no importaron para que el jurado declarase a Simpson inocente.

La estrategia fue sencilla. Apelaron al racismo, se denunció a la policía de los Ángeles, se dijo que todo era un plan para inculpar a Simpson por el simple hecho de ser negro y el equipo de abogados del ex jugador de la NFL construyó esa narrativa más emotiva que racional. Mientras que el Estado ordenaba sus argumentos apegados a la verdad, hechos y evidencias, nada pudieron hacer para evitar la absolución de Simpson.

La posverdad es ese fenómeno que hace tomar decisiones a partir de motivaciones emocionales y personales, mas no con argumentos razonables, comprobables y científicos. La posverdad es esa alternativa a la realidad que ha permitido que Trump haya llegado a la presidencia sin un proyecto de nación serio, pero sí con un discurso emocional. Aunque esta fue la palabra del año, según El País, en 2016, OJ Simpson puede ser de sus principales referentes desde 1995. Su caso se convirtió en una lucha contra el racismo cuando ni siquiera él era simpatizante de esa consigna, ya que, según reportan ambas producciones cinematográficas y diversas fuentes periodísticas, era todo lo contrario a un ferviente convencido de luchar contra el racismo.

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Simpson fue absuelto porque se construyó una historia alrededor de él, de persecusión racial, no porque se haya descubierto la verdad sobre el asesinato; incluso Robert Kardashian terminó su amistad con Simpson porque la duda lo mataba: si no fue OJ Simpson, ¿Quién? La respuesta es: nadie. OJ Simpson es el asesino, perdonado por un discurso emocional que convenció a un jurado de origen afroamericano.

Para la tranquilidad de los que perseguimos la verdad, meses después una corte civil encontró culpable a OJ Simpson de ambos asesinatos y lo obligó a pagar una multimillonaria indemnización. A veces la verdad triunfa y se hace justicia, otras se construye alrededor de una verdad alternativa y provoca injusticia para muchos, eso es lo más grave de la posverdad: las víctimas colaterales.

En la actualidad OJ se encuentra pagando una condena por robo y secuestro en un hotel de las Vegas desde 2008 y en octubre de 2017 podría optar por libertad condicional. Por su parte, ha declarado que escribirá un libro donde expondrá la verdad (Mejor dicho, su verdad alternativa o posverdad).


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