Sankara, Compaoré y el golpe de Estado en Burkina Faso

Hacia 1957, Jean Rouch, padre del cinema vérité, filmó un pequeño documental sobre los funerales del rey de los mossi en lo que se conocía entonces como el Alto Volta, justo un año antes de convertirse en una colonia autónoma dentro de la llamada Comunidad Francesa. Es destacable una escena del mismo, donde el sucesor del rey aparece montado en el famélico caballo real ataviado con un enorme traje de algodón blanco que apenas le permite moverse y necesita que los asistentes le ayuden a sostenerse. Treinta años más tarde, el presidente de la ahora llamada República de Burkina Faso -bautizada por él mismo como la patria de los hombres integros-, el capitán Thomas Sankara, pronunció un célebre discurso entorno a la deuda externa del continente en la cumbre de la Organización de la Unidad Africana de 1987.

Sankara habló orgulloso en dicho momento del mismo algodón burkinabé que vistió al rey Mossi, y con el cual tanto él como su comitiva estaban vestidos, diciendo: “ni un sólo hilo en nuestra ropa viene de Europa o de los Estados Unidos”. En la Burkina Faso de Sankara, un joven militar que había llegado al poder por medio de un golpe de Estado apoyado popularmente en 1983, la producción de algodón era suficiente para vestir desde campesinos hasta burócratas y al propio presidente. Su reconocida reforma agraria había logrado la autosuficiencia alimentaria en menos de cuatro años, y había reforestado la región con más de diez millones de árboles del Sahel para combatir la creciente desertificación. Todo ello fue alcanzado en un territorio inhóspito, con pocos recursos naturales y sin salida al mar, que había dependido de la ayuda económica de sus vecinos y de la antigua potencia colonial hasta hacía poco.

La Burkina Faso de 2015, es muy parecida a la de 1982, antes de que Sankara llegará al poder. El país es hoy una cleptocracia ejemplar, resultado del retroceso que sufrió durante los 27 años que duró el mandato de Blaise Compaoré, quien sucedió a Sankara luego de protagonizar un violento golpe de Estado que acabó con la vida del “Che Guevara africano”.

Compaoré corrió la misma suerte que todos sus antecesores y fue removido por una revuelta popular en octubre de 2014, cuyos efectos han sido suspendidos por un golpe de Estado protagonizado en días recientes por guardias presidenciales al mando del general Gilbert Diendere, fieles al antiguo régimen dictatorial y que según un informe del gobierno transicional constituyen un “ejército dentro del ejército”.

Las calles de Ouagadougou vuelven a arder en menos de un año; a menos de un mes de las muy anticipadas elecciones presidenciales, los burkinabé exigen la capitulación inmediata de los líderes del golpe. La figura de Sankara parece regresar en espíritu. El ultimátum lo dan ahora ellos, y no los “hombres duros” que nunca debieron llegar ahí. Ya lo dijo Sankara: “Un soldado sin ninguna instrucción ideológica o política es un criminal en potencia”.


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