Política generosa: Del Toro e Iglesias

La política en teoría es colectiva, generosa, humana y busca el bien común. Cargada de sentimiento y cariño. No debería sorprendernos cuando las y los políticos actúan desde esa bandera, pero la verdad es que la política ha caído en un espiral de degradación afectada por perseguir intereses particulares antes que colectivos que es raro cuando las y los actores se mueven con generosidad y dignidad.

Para muestra dos casos; Pablo Iglesias e Ismael del Toro, con sus grandes matices de diferencias, los dos muestran que la política se puede hacer desde lo personal, lo generoso, desde lo humano y lo digno. 

Pablo Iglesias, Vicepresidente en España, renunció parcialmente a la carrera por ser presidente de gobierno, manifestando su apoyo a Yolanda Díaz para que ella fuera la candidata de la izquierda el gobierno:


“La gente de Podemos, la gente de Izquierda Unida, la gente de En Común Podem, la gente de izquierdas de este país, tenemos que animar y que apoyar a Yolanda para que, si así lo decide ella y si así lo quiere la militancia de nuestras organizaciones, sea la candidata de Unidas Podemos en las próximas elecciones generales y la primera mujer en ser presidenta del Gobierno de España”,

Por su parte Iglesias, reconoce que la elección de Madrid es una elección fundamental en el proceso político de España, que debe ponerse un freno a la derecha de la capital y por eso apuesta por ese elección. Desde la lectura fácil, esa que le gusta al círculo rojo en México, esa pareciera una decisión errónea: cómo renunciar a la vicepresidencia y a la posible candidatura presidencial por un espacio menor en lo local. Pero la apuesta estratégica es generosa; frenar a la derecha en Madrid podría significar, frenarla en todo el país. Nadie hizo algo similar en USA, en Texas, en Brasil o en Reino Unido, esos movimientos crecen desde elecciones locales. La apuesta de Iglesias es generosa; además no se pone primero sino que afirma que con la idea de ganar la elección podría incluso ceder su candidatura en Madrid.

Así lo reporta La Vanguardia:

“En unas elecciones que el vicepresidente entiende decisivas, “hay otro deber político y ético que nos impone la historia a todos los que somos madrileños y de izquierdas”, que es la unidad de lo que denomina la izquierda transformadora, de ahí que haya anunciado que ofrecerá a Más Madrid concurrir en una única lista. Iglesias se ofrece a liderarla, pero en caso de que Mónica García, la candidata de Más Madrid, considere que ella puede encabezar la lista con más garantías, propone unas primarias conjuntas entre las bases de Podemos, Más Madrid e IU. En caso de que García resultase la más votada, Iglesias se ofrece a incorporarse a su lista por detrás de la candidata de la formación liderada por Íñigo Errejón.”

Las reacciones de la oposición no decepcionaron, todo fue desde la lectura fácil, polarizadora y sin matices. La derecha en Madrid se pronunció desde la arena electoral: “como vamos arriba en las encuestas tuvo que renunciar el vicepresidente” y otros especulan sobre una ruptura. 

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En México, el alcalde de Guadalajara, Ismael del Toro, renunció a la posibilidad de reelegirse aludiendo a un problema personal. No hay más generosidad que entregar algo que duele soltar por alguien, eso va en una de las definiciones de amor. Sin embargo, el círculo rojo local y nacional fue a la fácil sin escrúpulos: “va abajo en las encuestas”, “es sentimentalismo”, “lo bajaron” y las especulaciones se hicieron volar, especular sobre algo tan delicado como la salud de una persona es de un bajísimo nivel. Algunos otros mostraron solidaridad y apoyo. 

Es tan poco común ver la generosidad en la política que nos cuesta digerirla, analizarla, matizarla y entenderla. No importa si simpatizas o no, si no somos capaces en la política de reconocer la generosidad, no seremos capaces de resignificar el espacio público y ese es un gran problema.

No solo se trata de las y los actores políticos, sino de los medios de comunicación y del círculo rojo de opinión, sus análisis vinculan todo a grilla, donde no hay espacio para la generosidad, gestas, estética, apuestas, hazañas o sentimientos y si en política no se puede sentir, pues entonces dejó de ser una actividad para humanos y comenzó a ser una actividad para seres deshumanizados. 


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