Las letras, desde el Sexto Piso

Por Emmanuel Medina / TW: @emmanuelmedina

La voluntad de trasgredir de una editorial se adivina desde su logotipo: un humanoide se tira al vacío desde un rascacielos, como la imagen que da identidad a Sexto Piso, casa editorial mexicana, con apenas diecisiete años de fundación, con las velitas recién apagadas de su delirante pastel de letras y trinchera única para los autores más “avant-garde” de la literatura mundial.

Su delirante logo suicida es un claro guiño a todos aquellos escritores que, intoxicados de vida y letras, decidieron matarse como la tortuosa Virgina Woolf, que se llenó de piedras los bolsillos para hundirse en un río en 1941; o el violento Ernest Hemingway que se dió un tiro, veinte años después: la voluntad de vivir rendida ante la bruma intoxicante que brinda la escritura.

Una neblina tan adictiva como los títulos que publican, año con año, de creadores que rayan en el delirio, la provocación o la clara confrontación con lectores que huyen de la comodidad: aquellos que son capaces de entrar en los apuntes del cantautor australiano, Nick Cave, escritos en bolsas de mareo en un avión; o los cuentos retorcidos del mexicano Carlos Velázquez, que retratan una fantasía que, juega peligrosamente,, a superar la realidad de un país, bizarro y sangriento, como el que dirige el también delirante Andrés Manuel.

En la editorial Sexto Piso parece valer todo para sus jóvenes editores que, con un pie en España y otro en la Ciudad de México, apuestan a trasladar a nuestro idioma aquellos escritores o artistas gráficos que, ni por asomo, podrían codearse en otras editoriales con las andanzas pueriles del youtubero Luisito Comunica, la cursilería innata de Ángeles Mastretta o los panfletos ideológicos de Mario Vargas Llosa.

Antes bien, en su prosa deliciosa o gráfica amoral, saltan, desde varias latitudes, autores y artistas que dejan huella imperecedera para quien navega en sus cuidadas ediciones;

1.“Por Una Canción, Cien Canciones”, de Liao Yiwu: desde la remota y misteriosa China -y también peligrosa, por el virus Corona que está exportando, en estos días, al aterrado planeta-, Sexto Piso entrega estas memorias de un joven poeta chino, encerrado en una cárcel inhóspita en la que parece no debería estar. Un relato biográfico, estremecedor y sutil,  sobre la represión que se vive, aún en pleno siglo 21, en un país tan tecnificado y la esperanza de sobrevivir, para narrar, lo bello que es vivir.

2.“Sexo: A Eso Sabe la Reina”, de Jis: el monero tapatío, José Ignacio Solórzano, reconocido por su estilo retorcido e hilarante, en sus publicaciones diarias como “Otro Día” o de la mano de su compadre Trino, publica un catálogo de gran formato que apela a la imaginación erotizada del lector, con sólo tinta china y lubricidad a manos llenas. Un libro que, en cartones silenciosos y gráfica explicita, puede ser aún más perturbador que el Pornhub, sin perder un ápice de humor y elegancia.

3.“Agujeros Negros y Ondas Gravitacionales: Una Mirada Profunda al Universo”, de Gerardo Herrera Corral: la ciencia y su danza cósmica encuentra en este ensayo, apto para eruditos y neófitos, un relato único sobre los grandes enigmas de toda la negrura que nos rodea. Escrito, de manera precisa y accesible, por el líder del equipo mexicano del proyecto del Colisionador de Hadrones, es la conjunción perfecta de matemática universal y filosofía humana.

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4.“La Juguetería Mágica”, de Ángela Carter: la definición de esta fábula, de aires góticos en pleno final del siglo pasado, es casi imposible. ¿Qué es, realmente? Un cuento sublime, una atrevida novela de crecimiento personal, una radiografía de un Londres olvidado o una ensoñación, de aromas macabros, que nos revela a unas de las grandes autoras inglesas del siglo 20.

5. “Declaración de las Canciones Oscuras”, de Luis Felipe Fabre: con el cadaver incorrupto del místico Fray Juan de la Cruz como “leitmotiv”, Fabre construye un misterio, envuelto en aromas de incienso delirante y atmósferas del siglo 16, en una apuesta arriesgada para la escritura contemporánea. Con la mira puesta en la elegancia barroca y el sentido del absurdo bien afilado, las páginas de esta novela se traspasan de una originalidad inquietante, y donde, además, la poesía juega un rol protagónico.

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