Los excesos en la discusión de Medina Mora

El ministro Medina Mora nunca debió de ser ministro, su nombramiento, su trayectoria y sus sentencias así lo dicen. Esto lo repiten figuras públicas de la 4T y fuera de ella. Lo confirman quienes votaron a favor de aceptar su renuncia. Sin embargo, como afirmó Clemente Castañeda, nadie presentó solicitud de juicio político, para que las irregularidades fueran por el cauce que garantiza la Constitución. 

El presidente dice que es el primero de los ministros irregulares y que faltan varios. Si así lo afirma, uno esperaría que el proceso de juicio político iniciara en los próximos días. Sin embargo, no parece ser así. 

Sobre la justificación y presentación de las causas de fuerza mayor que se desconocen y que ni el presidente ni una amplia mayoría en el Senado cree necesario conocerlas para iniciar el proceso de selección de nuevo ministro; en México es natural que no se expliquen esas motivaciones. No nos es natural la rendición de cuentas ni la transparencia, no solo en la vida política sino en la vida privada. Esto explica el porqué en una renuncia tan escandalosa se desconocen los motivos y razones y aún así se sigue adelante como si no se hubiera sacudido uno de los poderes en nuestro país o que algunos digan que no son necesarias las justificaciones porque es evidente que lo persiguen instituciones internacionales. Para esto, la misma Corte puede emitir acciones para mejorar los mecanismos de rendición de cuentas existentes. 

El ministro Arturo Zaldívar es el hombre en el Estado mexicano más importante del momento, si bien no es el presidente de la República si es el presidente de un poder que es necesario en la 4ta Transformación para equilibrar las fuerzas. Su excesiva explicación y exposición mediática no es estratégica, se equivoca el ministro en dar entrevistas con los voceros del régimen, en confrontarse en Twitter con algunos académicos y en tomarse personal la defensa del Poder Judicial desde esa trinchera, el ministro Zaldívar debe tener la mira más alta, como hombre de Estado y defender la independencia judicial, el contrapeso constitucional, a través de las acciones y no de las argumentaciones, nadie ha visto al presidente del Supremo estadounidense tuitear en medio de las crisis. Ese actuar podría resultar contraproducente para el objetivo que seguro el ministro busca: que el Poder Judicial salga fortalecido de esta. 

La más reciente edición de la Revista Proceso presenta la trayectoria de Medina Mora y es notorio la relación que tuvo el ahora ex ministro con la elección de 2006, a través de la operación de diversas acciones como el video escándalo. Ante eso, parece ser que las grandes caídas de la élite: Collado, Robles y Medina Mora tienen algo en común: el 2006. 

Ojalá que el pacto no sea de impunidad, que la acción no sea una venganza, que el Ejecutivo no haya presionado al ministro, que la renuncia no sea en vano, que la exposición de Zaldívar no debilite, que la rendición de cuentas en México fuera una obligación, que el juicio político fuera una herramienta de equilibrio de poderes, que no se vuelva a repetir un perfil como el de Medina Mora en la Suprema Corte y que la elección del sucesor o sucesora sea digna. Todo esto por el bien de la democracia mexicana. 

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