De la acción individual a las decisiones colectivas inteligentes

Ante la crisis climática, la deriva democrática o las amenazas a la paz mundial, se ha desarrollado un debate teórico sobre si las personas pueden asumir compromisos de forma individual que sean realmente significativos para preservar bienes públicos como el clima, la democracia o la paz mundial.

El origen del debate se remonta a 1965, cuando el economista y sociólogo norteamericano Mancur Olson (1932-1998) planteó en su libro La lógica de la acción colectiva: bienes públicos y la teoría de grupos (1965) que los individuos actuarían colectivamente solo para conseguir bienes privados y no públicos.

Esta teoría de la acción colectiva ha dominado el pensamiento económico desde entonces, pero ahora un grupo de economistas de Alemania la ha desmontado con un experimento social que determinó que un tercio de las personas están dispuestas a contribuir individualmente a la protección del clima, de la democracia o de la paz mundial.

Experimento de laboratorio

Este grupo de economistas, pertenecientes a la Universidad de Magdeburgo (capital del estado federado de Sajonia-Anhalt), desarrolló el mayor experimento de laboratorio realizado en investigación económica experimental con la finalidad de verificar la teoría de Olson.

Vincularon a cuatro laboratorios universitarios a través de Internet para reunir a grandes grupos en un entorno virtual en condiciones de laboratorio que debían abordar más de 5.000 temas diferentes.

Su conclusión fue sorprendente: las personas, ya formen parte de grupos grandes o pequeños, están dispuestas a asumir compromisos individuales para preservar bienes públicos como el clima, la democracia o la paz mundial. Siempre y cuando ese compromiso tenga un reconocimiento social.

Eso significa que las personas valoran su compromiso con el bien público no tanto por su impacto real, como social: “Mi cooperación ayuda a los demás, y la cooperación de los demás me beneficia”.

El factor egoísta de la cooperación

Entre otras cosas, este nuevo enfoque en la investigación económica aportaría que la solución a los problemas ambientales depende de manera crucial de si los beneficios del comportamiento ecológico individual son suficientemente conocidos por el público.Sin embargo, este proyecto experimental a gran escala también ha demostrado que incluso bajo las condiciones ideales de un laboratorio, depender únicamente de la cooperación voluntaria de los individuos solo conduce a una solución parcial para los problemas que benefician al bien común.

Volar o no en avión, usar o no bolsas de plástico

El director de esta investigación, Joachim Weimann, apunta que renunciar a los viajes en avión en el interior de Europa no aporta nada a la solución de la crisis climática porque existen mecanismos de compensación de la huella ecológica del tráfico aéreo.

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Alude también, por ejemplo, a la batalla contra el plástico. Destaca que la fabricación de una bolsa de papel requiere mucho más recursos que los necesarios para fabricar una bolsa de plástico. Asimismo, señala que de los residuos plásticos que hay en los océanos, sólo el 0,3% es de origen europeo.

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Añade que resolver el problema del plástico plantea grandes inversiones para instalar sistemas de reciclaje en los países asiáticos, pero que esa actuación no es políticamente rentable porque la gente se siente mejor si usa una bolsa de papel, en vez de una de plástico. No se siente vinculada a que sus impuestos se destinen a invertir en reciclajes asiáticos.

Decisiones colectivas inteligentes

Lo que se necesita, según Weimann, son decisiones colectivas inteligentes. Lo que el individuo podría hacer: confrontar a los políticos con estas demandas. “Hacer una política climática sólida, por ejemplo, expandiendo el comercio de emisiones o introduciendo un impuesto al CO2. Tomar medidas sobre los plásticos sensatas abordando la raíz del problema”.

Estos ejemplos reflejan el nuevo enfoque que demanda la solución de los graves problemas colectivos, como el clima, la democracia o la paz mundial, según la nueva investigación que cuestiona la visión del compromiso personal con la sociedad establecida hace más de 50 años.

Lo más relevante, destaca Weimann, es que un tercio de los participantes se mostraron dispuestos a cooperar indvidualmente por bienes públicos si había suficiente notoriedad social de su compromiso.

Y es aquí donde se encuentra la oportunidad: “Treinta por ciento de apoyo: en los sistemas democráticos, esta es una base indispensable para decisiones racionales, colectivas (es decir, políticas)”, concluye Weimann.

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