Potencias del feminismo: actualidad del movimiento de mujeres en México

Entrevista con Cintia Martínez y Victoria Tapia

 

Para C., la más humana

 



Hace algunos años empecé a pensar en Antígona al preguntarme qué había pasado con aquellos esfuerzos feministas por enfrentarse y desafiar al estado. Me pareció que Antígona funcionaba como una contra-figura frente a la tendencia defendida por algunas feministas actuales que buscan el apoyo y la autoridad del estado para poner en práctica objetivos políticos feministas. El legado de desafío de Antígona se diluía en los esfuerzos contemporáneos por reconstruir la oposición política como marco legal y buscar la legitimidad del estado en la adhesión de las demandas feministas.

Judith Butler, El grito de Antígona.

Medios mexicanos ponen en duda la violación de una morra de 17 años pero no dudan que la agresión de un hombre contra un reportero sea un montaje. #NoNosCuidanNosViolan #Insurgentes.

Gabriela González, @GaOrtuno.

 

El grito de Antígona

El viernes 16 de agosto de 2019 tuvo lugar una importante concentración concertada por el pujante movimiento feminista en la Ciudad de México, misma que se replicó en diversos estados de la federación, con el propósito de continuar con la larga jornada de protestas en contra de la violencia vivida por las mujeres en toda la República mexicana. Una coyuntura, particularmente obscena, propició esta suma de esfuerzos. La Procuraduría General de Justicia actuó de manera negligente en su principal labor: la impartición rápida y expedita de justicia. ¿La razón? Cuatro policías fueron acusados de violación por una adolescente de 17 años de edad, los sucesos tuvieron lugar en la Alcaldía de Azcapotzalco. Ernestina Godoy Ramos, titular del organismo judicial, declaró que no había elementos para abrir las carpetas de investigación.

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Cada 2 horas hay un feminicidio en México, cada 60 horas una víctima letal de la violencia resulta ser una menor de edad, niñas de entre 3 y 6 años en su mayoría
Declaración que desencadenó un tropel de contradicciones por parte de los directivos de la dependencia gubernamental, entre las que se acusa al médico legista de no haber aplicado debidamente el protocolo de atención a víctimas de violencia de género. Ante la patente ineficacia de las autoridades, cuyas acciones parecían proteger intencionalmente a los “presuntos” agresores, se plantó un clarísimo “¡Ya basta!” por parte de cientos y aún miles de activistas que respondieron rápidamente a la urgencia de los hechos.

Durante la misma semana, otra adolescente de 16 años acusó al policía que custodia el Museo Archivo de la Fotografía de haberla violado. Las gráficas que diversas investigadoras y estudiosas del tema han circulado por redes sociales son estremecedoras: cada 2 horas hay un feminicidio en México, cada 60 horas una víctima letal de la violencia resulta ser una menor de edad, niñas de entre 3 y 6 años en su mayoría. El mapa nacional de los feminicidios que María Salguero, experta en geofísica, ha elaborado da cuenta gráficamente de la escalada de violencia y de la particular saña con la que los cuerpos de las mujeres son agredidos, violentados y destruidos. Claramente estos niveles de destrucción son análogos a un estado de guerra permanente en contra de las mujeres.

Frente a esta situación de emergencia, la organización metropolitana y de las zonas conurbadas de la ciudad no se hizo esperar. Reunidas en la glorieta de Insurgentes, protestando frente a las oficinas de la Secretaría de Seguridad Pública, las manifestantes externaron políticamente su justa indignación frente a la laxitud de las autoridades locales, quienes, por su parte, se esforzaban por revictimizar a las denunciantes en lugar de resguardar su integridad, como es su mandato constitucional. Las noticias se centraron en las imágenes espectaculares del incendio de la estación de policía y los vidrios rotos de la estación del Metrobús, así como en el evidente montaje de los medios oficiosos en donde un porro agrede a un conductor de televisión –a quien, por cierto, se le invitó a retirarse del lugar dado el carácter separatista de la concentración-. Las pintas de la ahora Ángela de la Independencia testimonian el paso de la digna rabia por la ciudad.

“Mis amigas me cuidan, no los policías”: La protesta por el fallo de la autoridad a las mujeres de la CDMX

La jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, enfrentaba, por primera vez, una crisis de gobernabilidad en la ciudad, que ponía en entredicho el carácter progresista de su gestión. Sus primeras declaraciones, condenando y criminalizando la protesta social que la había llevado al triunfo en las pasadas elecciones, no tardaron en cobrarle factura en los índices de credibilidad. La jefa de gobierno cambió la estrategia: se reunió con feministas institucionales y eminentes, quienes ratificaron su discurso. Pero el descontento en las calles es real, porque quienes están poniendo el cuerpo en esta guerra no se sienten representadas por ese oficialismo neutralizador. Exigen soluciones y las exigen ahora. Tras la potente demostración del viernes 16 de agosto, el gobierno de la CDMX ha comprendido que debe dialogar con las militantes y activistas radicalizadas o no habrá ninguna justicia ni estabilidad gubernamental posible, pues su radicalismo no es ideológico: es una lucha por la supervivencia en un país donde las instituciones resultan ser las principales agresoras impunes de las mujeres mexicanas.

Entre Escila y Caribdis, frente a la cuestión de si institucionalizarse o permanecer en el movimiento, las visiones encontradas del feminismo mexicano lanzan importantes preguntas políticas que es urgente analizar. Si la visión jurídica ha fracasado, ¿qué otra alternativa queda para enfrentar la violencia? Como Antígonas redivivas, las activistas y militantes claman la memoria de las víctimas del feminicidio y del sistema patriarcal y heteronormativo que se cobra los privilegios con sus cuerpos y con sus vidas. Entonces ardieron juntas y el mundo conoció la furia de las mexicanas, que han dejado claro que estamos frente a un punto de no retorno.

¿Por qué marchan? Porque las matan con saña, las secuestra el Uber y las autoridades las revictimizan

Evidentemente, esto ha colocado al feminismo en el centro del debate político. Pero también nos sitúa ante una cuestión fundamental: son las mujeres quienes deben tener la voz para diseminar, comprender y establecer las líneas de vinculación de sus discursos con el resto de la sociedad.

A ellas -a ustedes- les pertenece el ejercicio de dilucidar los sentidos de las acciones que han protagonizado de manera tan contundente. La escritura y la representación deben hacer patente esta consigna política. Por ello, con la finalidad de entender las coordenadas de este debate, convocamos a dos pensadoras mexicanas que tienen como rasgo distintivo la importante habilidad de combinar el rigor académico con la participación política en movimientos sociales. Conversamos con Cintia Martínez, quien es filósofa e imparte una fundamental asignatura sobre problemas feminismos contemporáneos, y con Victoria Tapia, filósofa e historiadora especializada en la participación de las mujeres dentro de los movimientos revolucionarios en México. Ambas brillantes egresadas de la UNAM. Juntas elaboran importantes análisis y pronósticos que pueden ayudarnos a comprender cuáles son las implicaciones y los principales derroteros del feminismo en México, así como la relevancia política que tiene a nivel global.

  1. Feminismo y movimientos sociales: la larga duración

¿Qué escenario hizo posible que el feminismo tuviera una presencia tan potente y estuviera en el centro del debate político y social? ¿Qué relación tiene con la violencia contra las mujeres? En el caso particular de México: mientras un gobierno que se plantea progresista ha iniciado su gestión, notamos que el problema de género y la atención a esta violencia ha brillado por su ausencia. En su opinión, ¿cuál es la interacción entre la política feminista y la izquierda en el poder?

Cintia Martínez: El feminismo es un movimiento que se caracterizaba por acompañar a otros movimientos sociales. En México, el feminismo acompañó a luchas como la Revolución Mexicana, en otros países como EU, acompañó a los chicanos o al Movimiento por los Derechos Civiles y de ahí agreguemos un largo etcétera. Sin embargo, desde 2015 se ha visto cierto surgimiento de un feminismo global que se piensa en torno a sí mismo, que no acompaña a nadie, yo atribuyo esto a la difícil situación por la que estamos pasando las mujeres a nivel mundial y en especial en México, y, de alguna manera, a que hay una nueva generación de chicas que ya no pueden confiar en que regresaran con vida a casa, si van a la escuela, a pasear, o incluso a la tienda de la esquina.

Entonces, yo recuerdo que antes, en mis años de  licenciatura, cuando se mencionaba feminismo, éste se reconocía obsoleto e incluso ridículo (excepto por la claridad de algunas profesoras que siempre han sido visionarias al respecto y a las que siempre tenemos presentes), porque después de los años noventa, con esta ola de oenegización o de institucionalización del feminismo, se creía que aquello a lo que podíamos aspirar, ya lo habíamos ganado: podíamos trabajar y ganar dinero, votar, tener puestos de poder. Yo no atribuiría el resurgimiento del feminismo a la izquierda, ni al triunfo de López Obrador, prefiero pensarlo como un fenómeno global que tiene que ver con la crisis del neoliberalismo contemporáneo que, en palabras de muchas feministas marxistas, tiene que ver con que las mujeres racializadas son las que –diría Roswitta Scholz- están soportando la crisis y son las que tienen que gestionar la crisis. Entonces, es muy interesante porque desde hace tres o cuatro años que se están dando los paros de mujeres el movimiento está cobrando una fuerza inusitada y se ha vuelto el foco de atención de la política progresista, de la política de izquierdas. Y lo que a mí me sorprende mucho es que hay una izquierda que estaba muy acostumbrada a no tomarlo en cuenta, porque toda la teorización de izquierda, o al menos en su mayoría, ha hecho caso omiso a la cuestión femenina. Entonces, cuando de repente viene toda esta crisis en donde las mujeres se vuelven protagónicas, hay pocos recursos explicativos para dar cuenta de los hechos, creo que eso genera una fobia grande hacia toda esta movilización, de inicio es algo que no se puede entender fácilmente.

Lo que yo creo es que la movilización en las calles está adquiriendo un ritmo veloz (hablo, por mi contacto con las alumnas de licenciatura –ahorita nos dirá Viqui su experiencia también-). Ha sido sorprendente para mí ver a chicas que tienen clarísimo qué no quieren, qué sí quieren, qué merecen, qué identifican como violencia. Yo no soy mucho mayor que ellas, tengo 10, 15 años más que ellas y yo recuerdo que en mi generación mirar con los ojos que ellas ven, era imposible.

Me parece que es un buen momento para intentar comprender que está detrás de esta toma de la palabra y de la tendencia casi inmediata a desacreditarla.

Yo creo que ahí cambiar de foco y preguntarnos qué caracteriza a estas nuevas protagonistas, ¿en qué sentido se distinguen de otros sujetos políticos -sindicatos, EZLN, autodefensas, etc.-? Lo primero que diría es que estas nuevas actoras dan importancia enorme al testimonio. Se vuelve el testimonio criterio de verdad, podemos verlo en el Yo sí te creo,  el MeToo, en el tendedero del acoso, en los scraches. Me parece que es un buen momento para intentar comprender que está detrás de esta toma de la palabra y de la tendencia casi inmediata a desacreditarla. Ese tema de creer en quien usualmente no tiene acceso a la palabra, nos deja ver cómo ciertas condiciones marginales abren espacios antes no alumbrados. Entonces yo creo que ese ha sido el frente muy interesante: ellas no tienen duda de que su palabra cuenta, porque la situación las ha llevado a un momento en que es lo único que tienen para compartir la situación de riesgo en el que viven. Y la otra cosa es lo que veo en ellas es una confianza grande en imitar ciertos momentos de la historia del feminismo, hay un interés por mirar atrás. A mí me sorprende mucho que las chicas en clase llegan con los textos clásicos del feminismo leídos, tienen  desacuerdos, se toman en serio sus propias opiniones. Recuerdo mis años de licenciatura en los que si no había un hombre lidereando la discusión, la discusión era poco respetable. Yo creo que es hora de dejar de verlas como activistas enojadas y  es hora de reconocer que la marcha es una de las muchas cosas que hacen; la mayoría de estas chicas están activas en varios sitios, en procesos de acompañamiento a víctimas de violencia, buscando a desaparecidas, están en procesos colectivos de denuncia, están haciendo fanzines, están armando stand-ups, están cocinando vegano, están armando espacios para chicas, etc. Entonces creo que el feminismo de generaciones anteriores, quizá ha mirado los momentos más incómodos de estas jóvenes –pienso en los daños colaterales que generó el MeToo– y por supuesto que es un fenómeno difícil de entender desde sensibilidades otras a las sensibilidades que estas chicas tienen, pero las invitaría a que miren más allá de eso y recuerden aquellos momentos en que sus rebeldías fueron incomprendidas.

Victoria Tapia: Yo coincido, por ejemplo, en lo que comenta Cintia acerca de que no es que las mujeres no hayan protagonizado la historia; no se les ha dado voz, pero siempre han estado presentes en todos los movimientos. Y sí es una buena pregunta: ¿por qué ahora están a la cabeza? Que finalmente, a mí me parece que ese es una de los motivos por los cuales se invalida. Creo que en gran medida hay tanto discurso de odio en contra del movimiento feminista porque es la primera vez que las mujeres lo comandan. No se va a aceptar que no sean hombres los que lo protagonicen. Creo que históricamente ese es un cambio importante. A mí particularmente me parece que el movimiento llega porque hay una guerra en México.

El inicio de la llamada guerra contra el narcotráfico nos llevó a una violencia yo creo que nunca antes vista. A veces en mis clases lo que platico con mis alumnos es que yo fui de las primeras generaciones que escuchábamos de descabezados y nos sentíamos horrorizados, y hoy es una realidad muy cotidiana: pueden colgar cadáveres debajo de un puente donde un señor prepara unos tacos. Entonces yo creo que, finalmente, es una violencia que se vive en el país, que ya son más de veinte años de estarla padeciendo y de que, finalmente, el cuerpo de la mujer está en el centro del conflicto. Incluso en medio de lo que nos dijo el Congreso Nacional Indígena: hay que luchar porque el cuerpo de las mujeres no vuelva a ser objeto de venganza, porque incluso entre los hombres las mujeres quedan en medio.

Y vemos que los feminicidios comenzaron a ser mucho más crueles, mucho más terribles. No sólo eran venganzas entre las parejas, sino venganzas entre hombres que utilizan los cuerpos de esas mujeres. En un clima así, tenía que haber reacción. Yo no sé hasta qué punto se es consciente de cómo los movimientos sociales fueron enseñándonos a organizarnos. Concretamente yo pienso en el 2001: yo tenía 16 años cuando llegó el EZLN a la Universidad y escuchar a la comandanta Ramona diciendo que ella padecía una triple discriminación: por ser mujer, por ser indígena, pobre. Yo sé que estudié filosofía por esa frase. ¡Como abrieron camino las zapatistas! Yo, por ejemplo, estuve en los últimos meses de la huelga de la UNAM. No precisamente como activista en el CGH. En realidad yo no sabía lo que pasaba, yo tenía 14 años. Pero a los 14 años estábamos en asambleas de 8 horas discutiendo el camino de la Universidad. Entonces yo creo que hubo un momento coyuntural que, a lo mejor en su tiempo no supimos ver, pero que estaba determinando nuestro camino hacia el activismo. Porque la realidad es que sí hay ahorita una generación de mujeres muy jóvenes que están entre los 15 y los 25 años, que son dinamita; pero también está una parte bien reaccionaria de esa misma generación, de estas niñas que estudiaron la primaria en sexenios del PAN, en sexenios donde dejó de haber educación sexual. Entonces, yo creo que eso es interesante: nosotras empezamos a aprender a organizarnos, a reclamar nuestros lugares porque también las condiciones político-sociales lo fueron permitiendo. Y empezamos a ver, por ejemplo, que nuestras voces eran calladas, pero entre iguales no: empezamos a organizarnos en colectivas.

Nosotras empezamos a aprender a organizarnos, a reclamar nuestros lugares porque también las condiciones político-sociales lo fueron permitiendo

Cuando estás en un lugar en donde todas están acostumbradas a no alzar la voz, hay momentos de silencio donde se dice mucho y todas tenemos experiencias. El feminismo es la única ideología que te atraviesa la carne. No hay nada de lo que se hable en él que no hayas sentido de alguna manera, sufrido de alguna manera. Entonces vamos viendo ese camino. A veces me pregunto: bueno, ¿mi generación qué hizo para que ahora nuestras alumnas estén en la calle siendo dinamita? Pues también porque estamos nosotras en el aula. Y fuimos metiendo gradualmente también nuestras ideas y tratamos de organizarlas. Por ejemplo, yo nunca he conocido –a lo mejor estoy muy limitada en mis redes-, pero nunca he conocido a alguien que sólo teorice el feminismo. Es una ideología de acción y de organización. Y de una organización que nunca antes se ha visto, porque es una organización mucho más ligada a la colectividad, a la cooperatividad, y no tanto al protagonismo. No voy a idealizar, no voy a decir que todo es como una comuna y comparten el pan; también tenemos el patriarcado bien metido en nuestra cabeza. El proceso de deconstrucción no es agradable. Y tampoco vamos a decir “bueno, no somos buenas, somos malas”, pero sí creo que estamos replanteando la organización. Entonces no es sólo que encabeces la agenda sino que también los medios y los modos.

Normalmente la izquierda sólo se solidariza con muchos movimientos sociales, pero creo que por eso también nosotras no sólo estamos peleando con los sectores más reaccionarios sino con la misma izquierda. (Risas) Pero, pues ni modo, no creo que haya camino atrás; ya no veo camino atrás de hecho. Cuando empiezan las movilizaciones, lo que pasa es que esa chamaca que está prendiéndole fuego al lugar… Su mejor amiga no volvió, a su mamá la mataron… Creo que, en ese aspecto, sí puedo entender la furia de las chicas, la ira frente a un Estado que ya desapareció. Entonces, a mí me llama mucho la atención, por ejemplo, cuando veo a estas chicas encapuchadas que ponen el cuerpo, que van protegiendo a los contingentes y son… Lo voy a decir con esta palabra, pero orita lo voy a explicar: son muy violentas cuando alguien se trata de meter al contingente, son muy violentas cuando alguien quiere tomar fotos de quienes están haciendo las intervenciones de los espacios. Las veo muy rudas a las chicas y de repente cuando volteas y les dices “se acaba de romper el lacito”, dicen “¡Oh no! ¡Qué tonta soy, no traje unas tijeras!” Se vuelven unas pequeñas, unas chiquitas, una bebé que necesita que las abraces y le digas “lo estás haciendo chido”. A mí eso es algo que me impacta muchísimo de esas chicas: que cuando tienen que poner el cuerpo, como las mujeres de Atenco ¿no? Dicen: “¡Oye, es que soy barricada!”. Y cuando están con su compañera son como una nubecita. Y le dices “Lo hiciste bien, te agradezco mucho que estés cuidándonos”. Si bien es cierto que es un activismo bien empírico, también es cierto que no es gente que le falte teoría. Es que creo que está quedándose corta la teoría con lo que ellas sienten, con lo que ellas viven.

 

  1. Hiatos del feminismo: derivas del movimiento de mujeres en México

Hay un ruido insoportable, estamos en la esquina más ruidosa del planeta. Pero logro preguntarles, aprovechando el desenvolvimiento y su admirable conocimiento de la situación: ¿Cuáles son las diferencias que pueden percibir entre un feminismo más académico y el trabajo de la militancia? ¿A qué se debe esta –por momentos- sordera de la academia ante la violencia vivida en el cuerpo, en carne viva, de las feministas urbanas? Han hablado de una suerte de estado de guerra, una impunidad estructural de un Estado que se representa a sí mismo mientras protege a la policía; hay, incluso, una opacidad del poder judicial, de los jueces que no están haciendo su trabajo, que no están aplicando los protocolos. ¿Cómo describir el surgimiento de la digna rabia?

 

M.: Algo que me faltó contestar de la pregunta anterior: en varios estados hicieron la misma manifestación el viernes y lo que hay que mencionar es que no todos los gobernadores están teniendo la reacción de Sheinbaum. En el caso de Chihuahua algunas compañeras están reportando que comenzaba la apertura de carpetas para las mujeres que protestaron. Lo que hay que mirar ahora es el riesgo en el que están las chicas de diversos estados, para entender la marcha.

Sobre la pregunta que haces me la he estado preguntando hace tiempo, porque estoy entre dos generaciones y tengo cierta distancia respecto a ambas. Y yo me encuentro frecuentemente en medio de la disputa o el no encuentro entre el feminismo urbano y el feminismo que conocemos de antaño, lo que reconozco en primer lugar es la diferencia generacional, sin duda. ¿Cómo entiendo este desencuentro entre generaciones? Primero, es de reconocerse el aporte que muchas de las feministas, activistas, académicas o institucionales han hecho a la integración de una agenda de género en el país. Pero después de los años noventa creo que hubo algo así como cierta incorporación normalizada del tema. Las recientes movilizaciones dejan ver que es necesario reformular el feminismo.

Algo que veo claro en este que podemos llamar nuevo feminismo es la horizontalidad en la que se organiza, quizá son las redes las que lo han permitido.  Por supuesto esto se puede ligar, creo, con el interés colectivo por el derrocamiento del PRI y sus modos, que en el imaginario colectivo nos remite a la jerarquía, a la verticalidad. Veo ahora un esfuerzo por otros modos de hacer política que creo que está acompañada por la intención de tejer red, de hacer redes de apoyo. A mí me ha tocado que me pregunten a quién recomiendo para que la entrevisten, yo pregunto a mis alumnas quién quiere ser entrevistada y ellas dicen: todas o nadie. Y esto lo he visto en el activismo, pero también en cierto activismo académico. Por ejemplo, la red de filósofas colombianas, es un ejemplo de activismo académico, ahí nadie paga cuota, todas participan, no hay directivas, etc. Creo que lo anterior deja ver que en lugar de pensar en batalla entre generaciones podemos pensar en que cada generación ha hecho lo que mejor pudo con los recursos a la mano.

Veo que para estas jóvenes feministas es posible vivir en un mundo no masculino, en un mundo en el que el hombre no funge como criterio de verdad ni de validación política, tampoco de deseo.
Otra cosa que creo que es bien importante en este nuevo feminismo es el separatismo. El separatismo es indispensable para entender estos nuevos momentos. Yo creo que es un recurso, una estrategia por defender. Yo creo que el feminismo de antaño establecía una relación más estrecha con los hombres. Por ejemplo, en algunas charlas que escuché de feministas de la generación del 68, escuché siempre la mención constante de los intelectuales de la época. Había una necesidad de interlocución y trabajo conjunto con el sexo masculino. Creo que las fuertes críticas que la teoría queer protagonizó en los años 90 permitieron que ahora se pueda con más naturalidad pensar en un mundo más allá de la heteronormatividad o incluso de la interacción con lo masculino. Pienso en que el separatismo actual coincide con una fuerte práctica por el amor entre mujeres, la lesbiandad como recurso de resistencia. Entonces veo que para estas jóvenes feministas es posible vivir en un mundo no masculino, en un mundo en el que el hombre no funge como criterio de verdad ni de validación política, tampoco de deseo. En marchas, por ejemplo, ¡hay que ver con qué ferocidad se resguardan los espacios! Creo que es una metáfora de con qué ferocidad están construyendo y, por supuesto, resguardando los límites del espacio como un colectivo y armando un mundo a partir de eso. A mí eso me parece muy interesante.

Otra cosa por la que no veo más compatibilidad entre generaciones es justo que la generación anterior tiene una distancia muy clara ante las cuestiones transgénero. Por ejemplo, en el Congreso Iberoamericano de Filosofía, ese punto se ha vuelto muy incómodo. Porque de pronto a muchas feministas de generaciones anteriores el tema les parece no sé si molesto o incomprensible, no lo logro entender bien todavía.

 

T.: Retomando este punto de por qué ya es tan distinto, como dice Cintia, concretamente en esta mesa estamos a la mitad entre esta gente joven que está en las calles poniendo el cuerpo y nuestras profesoras, quienes están detrás de que nosotras pudiéramos tener acceso a ciertos espacios de la formación académica. Yo sí creo que es muy importante tener claro que esta generación de feministas está formada en muchas áreas muy distintas incluso que las humanidades. Concretamente pienso en las redes sociales que han permitido que, no sé… A veces pensamos que el feminismo ocurre sólo en las humanidades, pero gracias a las redes sociales se democratiza un poco más la discusión. No sé si es un poco más que en las discusiones ya veo a mi tía que ya tiene feis tratando de entender que está pasando con mis alumnas que apenas están en preparatoria y que todavía no saben qué van a hacer, o si van a hacer o no. A una chica que es veterinaria, a una chica que tiene un negocio. Vienen de distintas realidades.

A pesar de que aquí ha habido agresiones, no se compara con lo que están pasando las chicas en los otros estados
Entonces eso hace que sea muy distinto: tenemos otras lecturas, tenemos otras experiencias y otras formaciones. Un aspecto que también consideraría que es importante es que, en gran medida, ha podido haber más movilidad en el centro porque también es una ciudad más progresista. Creo que las feministas de los otros estados la tienen mucho más difícil, creo que para ellas es mucho más complicado. A pesar de que aquí ha habido agresiones, no se compara con lo que están pasando las chicas en los otros estados. Yo pienso que cuando uno hace una estancia de investigación en otro estado del bajío, pues no te pueden ver en una mesa comiendo sola porque te preguntan por qué una mujer está comiendo sola. Si eso incomoda, no me quiero imaginar por qué una mujer habría de tener un aerosol en la mano y reclamar que no la violen. Creo que ellas sí la tienen todavía mucho más complicada por un asunto de mentalidad. Eso a mí me preocupa.

Tú nos habías comentado que por qué el Estado se está quedando corto, ¿no? O sea, finalmente la movilización fue contra la policía. A lo que me refiero es a que la policía son los escudos que ponen al mismo pueblo: el policía golpea al mismo pueblo. No necesito decir aquí lo despreciable que a muchos nos parece esa actividad, precisamente porque se supone que es uno de nosotros. A mí me parece que es el paso intermedio. Justo me parece que hay mucha violencia contra las mujeres porque viene del Estado, pero que el medio o el instrumento es el policía. Entonces veo muy complicado que se pueda construir un puente entre las mujeres y el Estado, cuando en medio está esa barrera. Una barrera que pica, una barrera que mata, que viola impunemente. Hay que recordar que pasó en Atenco: no sólo viola impunemente, viola por instrucción. Entonces, mientras no se solucione ese intermediario, mientras lo sigan usando, en realidad pueden tomar muchas medidas pero no están viendo la raíz de la violencia que es la institución. Por eso creo que cuando se abre el diálogo cualquier medida va a parecer moderada y para muchos grupos feministas que ya están pidiendo cambios radicales, con absoluta y justificada razón, sentarse a la mesa no es suficiente. Y el acuerdo político no va a ser suficiente porque la lógica del Estado no ha cambiado, y no se ve que vaya a cambiar. Entonces, no creo que el movimiento se vaya a detener. Siento que estamos estancadas. A lo mejor podríamos entrar a un estado de estancamiento en donde vamos a ver quién puede más, ¿no?

 

  1. Fortunas del feminismo: las vías posibles

Desde su perspectiva ¿cuáles son algunas alternativas políticas? Hay una reunión de la jefa de gobierno con activistas que, de alguna manera, han protagonizado la marcha y que cuentan con un notable y respetable trabajo que las respalda. Al parecer han logrado ciertos acuerdos, tras la primera reunión con “las notables”, en una nueva convocatoria que, aunque directa, parece ser más “representativa” que la anterior (si bien, se han planteado críticas por la ausencia de madres de jóvenes víctimas del feminicidio).

Sin embargo, de manera general, el escenario no parece tan adverso como pudimos imaginarlo: no hay un escenario de desgaste por la liberación de presas políticas, no se abrieron carpetas de investigación contra activistas de la marcha del viernes pasado y, en fin, está la propuesta de Claudia Sheinbaum de que sean las activistas quienes impartan talleres a la policía y sensibilicen en cuestiones de género. En su opinión, ¿cuáles son las salidas políticas al presente impasse que mencionaba Victoria?

 

M.: Se me ocurren unas cosas. Alicia Hopkins, una amiga de hace tiempo, sugirió algo que me parece interesante, ella dijo que este es un buen momento para cuestionar la intromisión de la Guardia Nacional. Porque vimos ya lo que ha empezado a suceder cuando se emplea la Guardia Nacional en el país y su implementación a propósito de las negociaciones con Trump y la amenaza que hubo sobre los aranceles y la decisión de Ebrard de mandar a la Guardia para garantizar que la migración se frene. Pero, a la vez, ha sido un doble mensaje porque la Guardia Nacional aparece también como aquel mecanismo que frenará la violencia que ha generado el narcotráfico. Yo creo que el primer punto que podríamos empezar a articular es algo como lo siguiente: las mujeres no creemos que la policía ni la guardia nacional nos van a resguardar, el caso de estos cuatro policías nos puede servir como estandarte para sostener lo anterior. Esa ya sería una demanda, no sólo relevante para el feminismo, sino para todos, para todas y todos.

Y el segundo punto a mencionar es que hay que poner sobre la mesa la alianza que ha fortalecido López Obrador con los evangelistas, porque hay una genealogía –Griselda Gutiérrez lo ha hecho en el Iberoamericano muy atinadamente- de cómo es que los gobiernos de izquierda se han relacionado sistemáticamente con líderes evangélicos y cómo es que cuando eso ha girado a la derecha por x, y o z, eso se ha vuelto una persecución sin más hacia las mujeres, hacia la comunidad trans, hacia la comunidad homosexual. El caso de Brasil con Bolsonaro es preocupante porque hay varias activistas feministas amenazadas de muerte. Yo creo que también, si hay alguna demanda clara y concreta que formular es que no queremos alianzas con evangelistas. Se trata de frentes muy conservadores que echarían atrás lo logrado por años de lucha.

Y otra cosa que para mí es muy interesante, y que se enfatizó en la reunión con Sheinbaum el domingo, es que muchas de las chicas que estuvieron ahí –no he hablado con todas, pero con las que he hablado- se sienten muy contentas de haber logrado que Sheinbaum se haya disculpado; dijeron que quieren participar de estas mesas que no están mediadas por otras figuras de otras generaciones y eso me parece súper valioso y es un paso grande que esta situación haya llegado a un límite en el cual el gobierno haya cambiado la estrategia. Me parece maravilloso. Sin embargo, yo temo que esto se vuelva maquillaje. Recuerdo una conversación que Gabriela Rodríguez, encargada de la Secretaría de Mujeres, tuvo con varias de nosotras en la Facultad de Filosofía el semestre pasado. Ella comentó las iniciativas de Sheinabum en materia de violencia de género, éstas se reducían a iluminar las áreas afuera de los metros y que haya una campaña para incluir a mujeres feministas en los MP y esas son cosas valiosas, la cuales agradecemos, también agradecemos que no se hayan levantado carpetas de investigación -aquí en el DF, nadamás-. Pero asuntos como la trata y los vínculos que ésta tiene con las delegaciones de la ciudad, asuntos como el tráfico de órganos, asuntos como la pornografía infantil, es decir asuntos más delicados, eso son se mencionaron, porque evidentemente son poco manejables. A mí lo que me da mucha desconfianza es que nos tranquilicemos pensando que este problema, que es sistemático, se va a calmar con algunas puntadas superficiales. Porque el problema es mundial, es de una escala mayor: la cuestión de la crisis ecológica, la cuestión de la crisis neoliberal, la crisis que viene fuerte: la recesión en puerta. Lo que estamos viviendo es efecto de una situación general que quizá sea más fácil abordar con la conciencia de que no vamos a poder resolverlo. Hacer demandas específicas y reconocer la imposibilidad de frenar la violencia, incluso si se cumplieran esas demandas, nos deja en una posición alerta y no victoriosa.

 

T.: Yo honestamente soy muy pesimista. El mayor de mis pesimismos radica en que la Guardia Nacional tiene una aceptación popular inmensa. Ningún estado se quiere echar el costo político de no aceptarla, repuntó en cada una de las cámaras de los estados. Creo que hay todavía mucha idealización del ejército mexicano. Sólo basta hablar con las comunidades para saber que donde hay resistencia, hay dos líneas: o echas al ejército que mata y viola, o echas al crimen organizado que mata y viola. Y esto no es sólo narcotráfico, son las trasnacionales, es lucha por el territorio. Por eso veo tan difícil que de verdad se quiera hacer algo, porque entre las instituciones, el Estado y quienes están resistiendo, pues en medio están las mujeres, y por eso también la violencia está tan exacerbada hacia ellas. Por eso, si me preguntan cuál es una salida política, todo lo vería como pequeños paliativos, como pequeñas suturas para algo que está a punto de caerse. Siento que le estamos cociendo un poquito a una pierna que ya se calló.

Por eso pienso que soy más escéptica. Ahora, la pregunta me sacude porque es un poco como este meme de “no pensé que llegaríamos tan lejos” (risas). ¿Ahora qué hacemos? ¿Cuál sería la solución? Cuando es algo tan estructural y que definitivamente el feminismo es minoría, para luchar con algo tan fuerte como este sistema capitalista, patriarcal, neoliberal. Sé que vamos a resistir, sé que estamos resistiendo. Silvia Federici es la que la lo dice: mientras más resistas, más violencia va a haber, porque sólo hay violencia para los que resisten. Por eso veo un poco complicado lo de las salidas políticas. Honestamente yo creo más bien en la acción de la colectividad para resistir a la Guardia, para resistir al narco-Estado, para resistir a las trasnacionales, para tratar de apoyar a los defensores del territorio y del primer territorio que es el cuerpo, ¿no? Yo más bien veo la opción por ahí. Creo que un ejercicio interesante que estamos siguiendo es que no sólo se está demandando a las instituciones, a la jefa de gobierno que salga y diga que todo… Que se equivocó al hablar. Porque no fue que se disculpara por lo que dijo, sino que fue así de “ay sí, fue un error, un malentendido semántico”. Por otra parte, la otra línea que me parece bien efectiva –que estamos intentando- es denunciar a los medios. Creo que también es una acción política, decirle a Ciro Gómez Leyva, a Joaquín López Dóriga, decirles a las empresas que son unos mentirosos, que montan sus escenas. ¡Yo estuve ahí con lo del reportero! ¡Fuimos de las que le pedimos que se fueran; se le pidió claramente que se fuera, que no tenía que estar ahí! La escena fue tan bien montada y todo el mundo habla de eso. Como acción política creo que también es por ahí.

Mientras más resistas, más violencia va a haber, porque sólo hay violencia para los que resisten
Creo que estamos tratando de cubrir todos los frentes porque de todos llueve, pero sentarse… Yo admiro mucho a las mujeres que se sentaron y al menos hicieron que se reconociera que hay errores, que son fáciles de corregir, de remendar. ¡Pero es que tener un Ministerio Público medianamente bien, con buenas instalaciones, que tenga sillas en vez de cubetas para sentarse no sólo implica que se va a hacer justicia para las mujeres sino para cualquier persona! ¡Lo que se está pidiendo es algo tan básico! Yo la propuesta política que tendría es que arreglen el Ministerio Público, el contacto directo con la gente. Pero de verdad, uno va al Ministerio Público y es horrible, tratas con Satanás pues. Y si es violentísimo, pues es mucho más violentísimo para una mujer, ¿no? Y podemos hacer miles de protocolos, pero si el MP que está ahí es un desalmado, impune… No sé hasta qué punto esto pueda cambiar, el acceso a la justicia lo veo complicado cuando este clima de impunidad hace que la gente diga: enhorabuena, una Guardia Nacional.

 

  1. Seguir trabajando

Luego de los puntos tan importantes que han planteado y de sus perspectivas políticas tan sugerentes, ¿cuáles serían sus reflexiones finales? ¿Con qué les gustaría concluir? ¿Qué perspectivas a futuro pueden plantearnos? Luego de meditarlo un poco, Victoria agrega:

 

T.: Insisto en seguir trabajando en las redes de apoyo, en el ejercicio constante del trabajo con las mujeres, escuchar sus experiencias, tener mucha paciencia. Honestamente a estas alturas no quiero tener que educar a alguien que no sea una mujer, ¿no? Me refiero a que, por educar entiendo darle las herramientas para trabajar con la violencia que están viviendo las más jóvenes. [¡No sé qué hubiera hecho si hubiera tenido una adolescencia como la que está viviendo ahorita la generación a la que le dejamos esta porquería! Hay que seguir trabajando en esto, seguir trabajando acciones. Tenemos que seguir con ejercicios académicos, tenemos que seguir con el activismo hasta donde nos den las redes. Que ellas sepan que vamos a salir a las calles por ellas. Yo ahorita estoy tratando de diseñar un ejercicio en el que vayan mujeres intelectuales a hablar con mis adolescentes para que vean que hay mujeres en las ciencias, que hay mujeres en las humanidades, que hay posibilidades. Que sí les va a tocar picar piedra, pues sí. Aún la gente más joven se sorprendería de ver que a sus sueños los han cortado, ¿no? Entonces hay que seguir trabajando, por lo que a mí me corresponde y porque no hay posibilidad de parar ya. Pero honestamente yo veo mi camino más por las colectivas.

Ante el consenso que exclama “¡esas no son formas!”, empiezan a sonar voces que dicen “¡qué flojera escuchar a la gente que dice que ‘esas no son formas’!”.

M.: Yo creo que lo que pasó el lunes anterior, toda esta semana y la brillantina rosa, han generado un point de capiton: es decir, han articulado un montón de actos y de sucesos anteriores que no se vislumbraban tan claros como ahora, y eso es muy interesante porque fenómenos como el scrache, como el MeToo, como el Yo sí te creo, como los tendederos, en donde eran absolutamente mal vistas las chicas involucradas y había un halo de criminalización con estas acciones, de repente han sido antecedente de este cambio de percepción del movimiento feminista. Yo creo que ahora un evento como este, es decir, una violación perpetrada por policías permitió, que el feminismo se desplazara a otro lugar y eso se vuelve bien importante, es una coyuntura muy interesante, porque se pudo crear una simpatía con el feminismo frente al mal estatal, representado por la policía. Lo cual no significa que el mal sea el Estado, esa sería una simplificación errónea, pero la situación al menos permitió que “cierto” discurso mediático viera con un poco más de aceptación los reclamos de las chicas. Eso ha permitido que las protestas sean mejor recibidas. Entonces fue muy interesante porque en esas redes yo vi a personas que antes eran muy críticas con el feminismo, que empezaron a acceder, poco a poco, y a ser empáticos con él. Ante el consenso que exclama “¡esas no son formas!”, empiezan a sonar voces que dicen “¡qué flojera escuchar a la gente que dice que ‘esas no son formas’!”. Y ese cambio en la subjetividad de la generalidad es afortunado y tiene que ver con este incidente en particular y la relación con la policía. Yo creo que eso está detrás de que Sheinbaum y sus asesoras hayan rectificado y hayan decido abrir negociaciones y no levantar carpetas. El viernes se salió a protestar con los ánimos muy encendidos, creo que la semana anterior a ese viernes, es decir del lunes, cuando la brillantina y Orta, se sintió una aceptación colectiva de la protesta, ante eso los medios de comunicación empezaron claramente a criminalizar. Esa estrategia ya la sabemos. Pero a mí, lo que me está gustando es que la gente está tomando cierta distancia crítica.

 

Las palabras de Cintia resuenan en el aire, pues el domingo 25 de agosto de 2019 tuvo lugar una asamblea feminista que promete dar continuidad política a la digna rabia vertida en la Ciudad de México la semana pasada. Mientras la organización continúa, las pintas –que el patrimonialismo oficial ha querido borrar cuanto antes- permanecen reclamando justicia. Al respecto, ha sido notorio que una colectiva de mujeres especialistas en restauración haya hecho público su posicionamiento de conservar las pintas hasta que las demandas de justicia hayan sido atendidas. Signo de que las mujeres de México se agruparán políticamente hasta que la dignidad se vuelva costumbre.

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