La irresponsabilidad de los pesimistas

#VueltayVuelta, una columna recurrente de Carlos Aguirre en Tercera Vía


La Dra. Nora Ampudia, economista, integrante del SNI, nivel II establece que para crecer necesitamos “optimismo, que se promueva inversión, creación de empleos y con ello ingresos y consumo.”  Tiene razón, ante esta afirmación, podemos entender que la presencia de Carlos Slim en la mañanera fue un mensaje de optimismo para los mercados. La decisión de los gasoductos fue un mensaje directo para los inversionistas de estabilidad y optimismo.

Esta reflexión de la economista y el acto de Slim con AMLO me hace pensar sobre la irresponsabilidad de los pesimistas. Con la ceguera que produce la pérdida del poder, el salir del tablero político y no estar en las reuniones más importantes de donde se toman decisiones hay quienes quieren que al país le vaya mal, porque eso significaría una derrota electoral de AMLO y a su vez que el poder se reconfigure como estaba antes. Desde mi visión, que alguien quiera que al país le vaya mal es una irresponsabilidad moral, social, política e histórica.

A partir de esa irresponsabilidad hay quienes inyectan condiciones de pesimismo que se transfieren a los medios de comunicación y a las portadas y en no pocas ocasiones, al mercado, a los inversionistas, a las empresas. No digo que todo vaya bien, sin embargo quien afirma que estamos en crisis, que pronto estaremos como Venezuela, que “dar dinero a ninis es como tirarlo a la basura”, que va a haber recesión por irresponsabilidad del presidente, que lo mejor es sacar capitales, que no hay condiciones de inversión, entre largos etcétera, están incurriendo en una irresponsabilidad tal que la sociedad debería reclamarle.

No se trata de inclinar la balanza y afirmar que estamos perfectos, se trata de hacer análisis razonables, declaraciones con datos y argumentos y no replicar narrativas fatalistas y pesimistas por likes o por mayores puntos de popularidad o en algunos casos para obtener apoyo para la creación de un nuevo partido político. Se trata de entender la responsabilidad histórica de medios, opinólogos y oposición, no es negociable la rentabilidad electoral frente a la estabilidad de un país. No es negociable la popularidad frente al sistema económico o programas sociales.

Si queremos que México sea un país poco menos desigual, poco menos corrupto, poco menos pobre y poco menos inseguro, que es el puerto final al que debemos ir como sociedad, debemos actuar con responsabilidad, con altura de miras, desde todas las trincheras, con estatura moral y talante democrático, exigir cuentas por los canales que deben ser exigidos, confrontar con la realidad con metodologías y datos que deben ser confrontados, impulsar narrativas congruentes, coherentes, apegadas a la realidad y alejarnos del alarmismo, pesimismo y amarillismo. La elección del 2021 y el registro de un partido político no vale la pena cuando se trata de millones de mexicanos.

Si no nos imaginamos juntos en el futuro, el presente no será sencillo.

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