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Sobre el libro ‘Rumbo al exilio final’, de Bárbara Jacobs

El pasado 22 de agosto de 2019, como parte de las actividades de bienvenida al nuevo semestre de las licenciaturas en Letras y en Escritura Creativa de la Universidad de Guadalajara, se presentó el libro Rumbo al exilio final de Bárbara Jacobs, que Rayuela, diseño editorial editó en su tradicional celebración del Día Mundial del Libro 2019. La presentación estuvo a cargo de dos estudiantes: Berenice González Godínez, de Letras Hispánicas, y Óscar Emmanuel Esqueda, de Escritura Creativa.

Presentamos aquí el texto que Berenice realizó para la ocasión.


El oficio de escribir, el oficio de leer

María Berenice González Godínez

Ahora escribo con la mirada total, despejada, que está en el ánimo de quien se prepara a partir, con la libertad en la forma que está en el ánimo de quien se despide. Comoquiera que sea, he escrito cada página de esta autobiografía intelectual fehacientemente “con sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”.

Rumbo al exilio final, Bárbara Jacobs

 

Escribir una biografía es un trabajo complejo que implica investigar y conocer lo mejor posible el entorno en el que se desarrolló una persona, pero escribir una autobiografía quizá resulte aún más complicado, porque se debe indagar en los recuerdos y en las sensaciones que perviven de las experiencias. Como testigos constantes de la vida nos acostumbramos a observar lo que hacen los demás, incluso nos volvemos críticos y jueces de las acciones ajenas. Sin embargo, hablar de nosotros mismos, sumergirnos en nuestra intimidad y nuestra mente, requiere un acto de valentía. Sí, un acto que implica aceptación de nuestro pasado, reflexión de nuestro presente y reconocimiento del proceso que nos ha llevado a convertirnos en quienes somos.

Precisamente este es el ejercicio que Bárbara Jacobs hace en Rumbo al exilio final (2019), autobiografía intelectual —como ella misma la define— en la que registra los datos más sobresalientes de su formación literaria. Sin embargo, ser escritor no es sólo encerrarse para poner palabras en el papel hasta agotarse; la formación literaria siempre irá de la mano con los deseos, los miedos, las personas, los lugares. Así es como en esta autobiografía la autora nos habla de su proceso creativo, pero también nos revela sus experiencias, nos presenta a sus personas más allegadas y sobre todo, nos invita a ver que escribir significa leer, porque detrás de la creación hay un sinnúmero de lecturas y referencias culturales. Por algo apunta Jacobs que este libro conforma “un tributo al oficio de escribir aunque, quizá con un reconocimiento aún mayor, al oficio de leer” (117).

En cuanto a la estructura, el libro está conformado por un preludio, un epílogo y 33 capítulos breves, los cuales están completamente hilados y con una perfecta secuencia narrativa. De acuerdo a las temáticas, la obra puede dividirse en cuatro partes: 1) Infancia (presentación de sus padres y abuelos); 2) Inicios en la escritura y la lectura (anécdotas de sus primeras lecturas, de su relación con amigas de la primaria y sus anhelos de adolescencia); 3) Juventud y adultez (primeras publicaciones, lecturas que se convirtieron en su influencia, desarrollo profesional en la escritura y personas con las que convivió), y 4) Reflexión con perspectiva hacia el pasado, donde presenta lo que ha vivido hasta la actualidad.

Cabe decir que cada parte es importante, incluso reafirmo lo que ella misma señala: “Es posible que por tratarse de un texto escrito de un solo aliento, al presente trabajo no le sobre nada” (118), pues precisamente no sobra nada, cada sección es novedosa, no hay repeticiones. No obstante, me gustaría resaltar que tanto el preludio como el epílogo son fundamentales, porque en ellos la autora revela y explica el contexto de la creación del libro y cómo se concibe a sí misma en este momento.

Con este libro, tenemos una cercanía fehaciente con la vida de Bárbara Jacobs y su realidad, misma que no está recreada, sino presentada de una manera sumamente literaria. Es decir, que no por ser una autobiografía, los hechos están acomodados cronológicamente y de una manera monótona. Al contrario, Jacobs demuestra creatividad, tanto, que abre el libro contando la ocasión en la que su padre le enseñó a lavarse las manos. Su autobiografía fue una manera diferente de contar su vida, quizá una forma más cercana y directa:

En forma de diario, de cuento, de novela, de ensayo, de artículo, de carta, de entrevista, de comentario, siempre, desde que cumplí 12 años de edad —hoy hace 69— he contado cómo empecé a leer, cuándo empecé a escribir, qué lecturas y qué personas y qué experiencias me guiaron en la aventura y en el camino; cuáles y quiénes me siguen guiando hasta el día de hoy, cuando me dispongo a contarlo todo otra vez, de otro modo, ya no con la visión de quien empieza a viajar, sino con la visión de quien terminó el viaje (7).

En Rumbo al exilio final, Bárbara Jacobs consigue llevarnos con agilidad por cada página, pues con lenguaje sencillo cuenta su transitar a través de la literatura y de sus actividades dentro de ella. Consigue enlazar lo que hacía o escribía con los acontecimientos personales. En cada frase la autora expresa sus sueños, sus fracasos y también lo que planea realizar en el futuro. Hay un fluir de conciencia increíble que nos permite conocer aspectos íntimos intelectuales de la escritora. En todo esto radica la riqueza creativa de Jacobs, dado que no hace que su texto sea una mera exposición de eventos, sino una selección de aquellos que la marcaron; es un ir y venir entre el pasado y el presente, es una narración que de pronto nos hace pensar que se trata de una novela, de una prosa poética o de un ensayo literario.

Bárbara Jacobs demuestra su habilidad con el lenguaje y con la organización de la narración, pero también de la temporalidad, elemento interesante en la autobiografía, pues la autora se detiene a recordar aspectos de su infancia y los llega a relacionar con otras etapas de su vida. De igual forma, Jacobs nos hace saber que los grandes temas y los elementos más importantes de la vida a veces están en la cotidianidad. Así es como presenta ciertos libros, lugares y objetos que significan una parte importante de sus recuerdos. Similar a las magdalenas de En busca del tiempo perdido de Proust, Jacobs reafirma que en la realidad ciertamente existen objetos que desencadenan una serie de memorias, sólo es necesario detenerse a pensarlas y comprender por qué fueron esenciales en la vida.

Al leer una autobiografía es confirmar frase de que “cada mente es un mundo”, pues realmente en cada persona existe un universo lleno de simbolismo y conocimiento particular. En el caso del libro de Bárbara Jacobs, visualizamos la mente de una escritora que tiene la facultad de observar, reflexionar, leer, escribir y ser honesta consigo misma y con los lectores. Hecho que se demuestra cuando expone sus debilidades, tal como su dificultad para asimilarse completamente como poeta, sólo por mencionar un ejemplo.          Como lo señalé antes, la escritora considera su autobiografía intelectual un tributo al oficio de leer y escribir, por ello es tan rescatable que haga referencia a las lecturas que la han acompañado en su transitar y que de una u otra manera, algunas se han convertido en sus influencias al momento de escribir. Entre los autores que menciona encontramos a Cervantes, Bob Dylan, E. E. Cummings, Henry David Thoreau, Gibrán Khalil Gibran, J. D. Salinger, Truman Capote, Jorge Luis Borges, Leonard Cohen, Julio Cortázar, Séneca, Idries Shah, Teitaro Suzuki, Bertrand Russell, Ouspensky, Gurdjieff, Maurice Nicoll, Katherine Mansfield y Virginia Woolf. Todos ellos son voces que resuenan en la vida de la autora y que están hilados con alguna persona o situación que atravesó por su camino.

La autobiografía es un texto que nos hace comprender que detrás de un escritor hay un ser humano y no un dios. Es como dijo Nicanor Parra, “El poeta es un hombre como todos”. Efectivamente, Jacobs deja ver que la escritura y la lectura llegaron poco a poco a través de su familia, de sus amigos, de sus lecturas, y que su carrera comenzó con ilusiones, pero también con tropiezos que la hicieron disfrutar más cada una de sus publicaciones, porque tener libros no es aumentar el ego, más bien es amar en serio a la literatura, con todo y sus golpes.

Jacobs se muestra como coleccionista de historias, de cintas, de libros, de música. Nos habla de sus identidades simultáneas: médico, escritora, bailarina y revela sus anhelos de querer ser las tres cosas, pero conforme avanza, cuenta cómo parece que todo se puso en su lugar para ser escritora. Hace mención de sus actividades como traductora y profesora, reflexiona acerca de los idiomas y de su cercanía con el español, el inglés, el francés y el árabe. Incluso la escritora también alude brevemente a la religión y la política; trata muchos temas, pero siempre está la reflexión de su propia personalidad al lado de los libros.

Y entre todos los hechos presentados, Bárbara Jacobs enseña uno de los valores que a mi parecer, es de los más importantes: la gratitud. La autora señala a las personas que la han apoyado desde sus inicios, porque todos somos el resultado de la suma de muchas personas que van agregando elementos a nuestra existencia. La autora agradece a las editoriales, a los críticos, a los escritores, a sus amigos, a su familia, a sus compañeros de vida: Augusto Monterroso y Vicente Rojo. A todos ellos siempre los tiene presentes y a cada uno le da las gracias, pero también los describe de tal forma que parecieran personajes de una novela y que como lectores nos permite acercarnos un poco más a la personalidad de cada nombre que aparece. Basta citar el siguiente fragmento:

Los dos hombres con los que he vivido, Augusto Monterroso, de quien soy viuda, y Vicente Rojo, con quien vivo desde que Monterroso murió, han sido, son, quienes, cada uno a su manera, me liberaron del secuestro en el que estaba atrapada […] Monterroso me llevó al mundo a través de los libros, de los viajes, de su amplia, inagotable, sociabilidad […] Mientras Monterroso me llevó al mundo, Vicente propició que yo fuera al mundo por mí misma (84-85).

Foto: Vicente Rojo Cama

Identificamos la cercanía con la escritora, pero también comprendemos un poco más a Augusto Monterroso y Vicente Rojo, personajes relevantes del mundo literario. El libro de Bárbara Jacobs se convierte en un entramado de personajes reconocidos que la apoyaron o que se cruzaron en su vida, como Arnaldo Orfila, Julio Pliego, Coral Bracho, Federico Campbell, Julio Cortázar, Jaime Moreno Villarreal, Juan Villoro, Julio Labastida, son algunos nombres que hace mención.

Rumbo al exilio final pareciera una despedida, tal como su nombre lo indica; cada nota y expresión es nostálgica, pero también serena. Es un libro que recomendaría porque nos invita a conocer un género poco usual en la actualidad, pero sobre todo porque es un acercamiento a la experiencia de una escritora con una trayectoria respetable. Por ello, conocer sus vivencias es sumergirnos en el pensamiento humano, en las circunstancias por las que se atraviesa cuando se vive por y para la literatura. Es saber que nada es gratis ni sencillo, que hay caídas y desilusiones.

Este libro es reflexión pura acerca de la escritura y la lectura, la calificaría como la poética de Bárbara Jacobs, porque además de compartir su opinión directa acerca de la literatura, también nos revela que siempre ha hablado de ella en todo lo que hace, sea el género que sea. La autora nos hace ver que los libros no son solamente para gastar el tiempo, sino que son fundamentales para quien desea hacerlos parte de su vida. Es conocer la historia de una autora que estuvo rodeada de grandes personalidades desde pequeña y también es saber que la lucha por estar en el lugar que se desea, se puede cumplir. La escritora nos ha regalado sus vivencias en esta obra, con total confianza las comparte a sus lectores, abre su mente y externa por lo que ha pasado.

Con total seguridad digo que es un libro necesario para quienes vamos comenzando en las letras y la escritura, porque es percatarnos de que el camino es complejo, pero las oportunidades se van dado paulatinamente. Basta ser perseverantes y apasionados. Leer Rumbo al exilio final es sumamente placentero, pues no sólo está lleno de imágenes bellas que transmiten y conmueven, sino también está impregnado de espacios, por ejemplo en más de una ocasión podemos recorrer la Ciudad de México por medio de descripciones. Esta obra me dejó muchos aprendizajes, pero sobre todo me permitió comprender que detrás de cada libro que llega a nuestras manos, hay una historia que parte del proceso creativo y se extiende hasta el diálogo con los editores y el contacto con los lectores.

Para terminar, quisiera cerrar con la siguiente frase, que desde mi perspectiva, engloba lo que Bárbara Jacobs nos cuenta a lo largo de su libro y que además nos hace conocer su propia perspectiva de su trabajo y su existir:

Leer, escribir, son mis mejores maneras de estar en el mundo, de comunicarme conmigo misma y con los demás. De lo que se sigue que la literatura es cada vez más toda mi vida y mi vida es cada vez más pura literatura (93).

 

Ficha Bibliográfica

Bárbara Jacobs

Rumbo al exilio final

128 páginas

Rayuela (ISBN 978-607-9456-33-7)

Colección Día Mundial del Libro

Guadalajara, Jalisco, México

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Sobre María Berenice González Godínez:

Berenice González Godínez (Guadalajara, 1996), cursa el noveno semestre de la licenciatura en Letras Hispánicas de la Universidad de Guadalajara. Recientemente ganó el IX Concurso Luvina Joven, en la categoría de cuento, y en 2015 obtuvo el tercer lugar en el I Concurso estatal Microcuento GDLee. Ha publicado en las antologías de poesía Siglema 575, Di lo que quieres decir (2016, 2017, 2018) en Puerto Rico y en la revista Ahuehuete del Seminario de Cultura Mexicana (2015).


 

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