Con Ada Colau, la Filla del Guinardó

Recordo aquella nit maig

Primavera republicana,

Aquells que no érem ningú

Vam guanyar por primera vegada.

Hace cuatro años ya de que Ada Colau ganara la elección para la Alcaldía de Barcelona. Me propongo abordar en este texto mi propia experiencia de aquella victoria que a muchas y a muchos nos llenó el corazón de esperanza. Como dice la canción que en esta campaña acompaña la travesía por la reelección de Ada, ver como aquells que no érem nigú, vam guanyar por primera vegada –Aquellos que no éramos nadie, vamos a ganar por primera vez-, marcó tan profundamente mi vida que al día de hoy me genera la necesidad de escribir acerca de esta elección en Barcelona.

Desde que llegué a Barcelona, allá por finales de 2014, era imposible no enterarse quién era Ada Colau. La ahora alcaldesa de Barcelona era un símbolo de las mejores luchas populares. Su activismo en la PAH –Plataforma de Afectados por la Hipoteca-, la había puesto en el mapa no solo de la ciudad, sino también de España entera y de la propia Europa. Ada, junto con miles de personas, había formado un movimiento muy poderoso en defensa del derecho a la vivienda, derecho que sufría un embate tremendo después de una enorme crisis financiera producto de una burbuja inmobiliaria que reventaría en 2008. Mientras los grandes bancos eran rescatados con sumas ingentes de dinero –para el rescate bancario, el estado español destinó más de 60,000 millones de euros-, las familias, asfixiadas por las deudas, eran expulsadas por el impago de la mismas y, si perder el hogar ya de por sí era trágico, las mismas familias estaban obligadas a pagar la deuda contraída. Miles familias sin hogar y con una deuda a sus espaldas y unos bancos rescatados con dinero público dibujaban perfectamente las prioridades de la clase política española. En el neoliberalismo, primero están los grandes negocios antes que los derechos de la gente.

La PAH se convirtió rápidamente en uno de los movimientos populares más importantes de la península ibérica. Si el estado había salido al rescate de los grandes bancos, de los grandes negocios, la misma gente saldría a defenderse a sí misma y su vehículo más potente era aquella plataforma de la que la propia Ada se convirtió en una pieza clave. Su compromiso con la causa la llevó a arriesgar su propia integridad. Puso su cuerpo -junto con muchísimas personas más-, en varias ocasiones para tratar de impedir –muchas veces con éxito- la ejecución de los desahucios por parte de la policía. Su incuestionable compromiso con la causa y su tremenda valentía le llevaron a asumir la vocería de la plataforma. En 2013, invitada a comparecer en el Congreso de los Diputados, visiblemente emocionada, llamó criminal a un “experto” representante de entidades financieras que acababa de decir que la legislación española era “estupenda”, cuando se registraban suicidios de personas a las cuales, dicha “estupenda” legislación, les dejaba en total desprotección. Ada tenía claro que la “estupenda” ley lo era para los grandes capitales en contra de la gente.

Pero Ada no era solamente la PAH, aunque ciertamente fuese su activismo en dicha plataforma lo que la haría un personaje público de primer orden. La historia de Ada se completa cuando se dice que desde joven participó en movimientos políticos que reivindicaban el derecho a la vivienda como V de Vivienda en 2006, experiencia que sin duda sería fundamental para la articulación de la propia PAH en 2009.

Así, Ada representaba a la calle, a la gente sencilla y común que se oponía a la forma en la cual se organizaba la vida bajo los dictados de los grandes capitales y sus personeros de la clase política.

Si no se puede explicar la actualidad política de España sin hablar de la crisis del 2008, tampoco se puede hacerlo sin hablar del 15M del 2011, el movimiento de los indignados. Aquella masiva movilización que daba cuenta del descontento por el estado de las cosas en aquel momento, abrió un marco de posibilidad para la articulación de nuevas fuerzas políticas ante el desgaste de las viejas que la propia movilización popular declaraba que “no les representaban”. Si del 15M, su consecuencia más conocida es PODEMOS, hay que agregar que también fue el marco que permitió que en Barcelona, como en muchas otras partes de España, se organizaran grupos de ciudadanos para pelear por el poder institucional e intentar hacer cambios desde dicha trinchera.

La lectura que alentaba a la organización municipal, aunque no era nueva, cobraba vigor en este contexto. Ahí aparece Ada. La sagaz y valiente activista dio un paso al frente y asumió, con todos sus costos, ser cabeza de un proyecto que se conoció como Barcelona en Comú que buscaría gobernar la ciudad condal. Dar el salto del activismo a la política institucional no ha sido fácil, como la propia Ada, y otros activistas como Xavi Domènech han reconocido.

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La incursión de Ada a la política institucional desconcertó a mucha gente de todos los bandos. Se le criticó desde el activismo y desde los grandes medios de comunicación que, como en la gran mayoría de los países –si no es que en todos-, tienen como labor ser los defensores de los intereses de sus accionistas. Sin embargo la candidatura tiró para adelante.

Barcelona en Comú tenía en Ada una poderosa figura popular además de contar con destacados apoyos y la militancia de mentes brillantes como Gerardo Pisarello, posteriormente primer teniente de alcalde, y Jaume Assens, un defensor incansable de los Derechos Humanos, entre muchísimas personas más que se comprometieron con la candidatura.

Después de una campaña intensa, Ada ganó la elección. Yo también recuerdo aquella nit de maig –aquella noche de mayo-. Me tocó asistir al acto de celebración de la victoria de Ada. Ahí me encontré a algunos de mis profesores de Filosofía Política de la Universitat de Barcelona y a cientos de personas que celebraban que, en efecto, los de abajo, los no poderosos, los siempre olvidados del sistema, habían ganado el gobierno de la ciudad. Ada les representaba y la esperanza de que otra forma de hacer la política, enfocada en la gente y no en los capitales, era posible.

Gobernar Barcelona no ha sido fácil. Como se puede imaginar, gestionar desde un Ayuntamiento la ciudad, con todos los límites que tienen los consistorios, es una tarea titánica. Sabemos que las ciudades no son burbujas o islotes cuya determinación de lo que pasa ahí se encuentra exclusivamente en manos de su ayuntamiento, ni mucho menos. Una ciudad global como Barcelona es un punto de intersección de dinámicas propias, locales, diríamos, y otras que le exceden, tanto autonómicas como estatales y globales.

La gestión de Ada se ha complicado más si le sumamos la dinámica independentista que prácticamente absorbe la agenda política tanto de Catalunya como de España. Y si esto no fuera poco, lidiar con los grandes intereses económicos, algunos de ellos transnacionales, ha hecho que sea una verdadera odisea sacar adelante los intereses de los ciudadanos y ciudadanas de Barcelona.

A pesar de las cosas descritas que dibujan un panorama de enormes limitaciones, no se le puede regatear en nada los esfuerzos del Ayuntamiento comandado por Ada para mejorar la vida de la gente. Tanto su propuesta de brindar servicios odontológicos gratuitos como hacer una funeraria pública, hasta los esfuerzos por aumentar el parque de vivienda pública y su lucha contra los pisos turísticos y la especulación inmobiliaria que tanto afectan a la ciudadanía barcelonina, demuestran que su compromiso con la gente es inobjetable a pesar de los errores cometidos.

Este domingo Barcelona vota por quien será su alcalde durante los próximos cuatro años. Ada, la filla de Ginardò –hija del barrio popular de Guinardó-, se vuelve a presentar para, una vez más, asumir el reto de dirigir la ciudad en la que nació. La figura de Ada ha generado, de nueva cuenta, expectativas favorables y el apoyo afuera de la propia ciudad –personalidades como David Harvey, Judith Butler, Naomi Klein, Richard Sennett, Saskia Sassen, Toni Negri, Vandana Shiva, Noam Chomsky, Owen Jones, Janis Varoufakis, Susan George, entre otras-, mientras que en la ciudad la contienda se presenta contra el candidato de ERC –Esquerra Republicana de Catalunya-, el independentista Ernest Maragall.

La elección en Barcelona, aunque pueda pensarse como un suceso local de un impacto muy limitado, es importante más allá de la propia capital catalana. La figura de Ada, aunque naturalmente desgastada por el ejercicio del poder, sigue siendo un poderoso símbolo de la transformación necesaria de la política y con ella, del mundo entero. Que vuelva a ganar una de nosotras, es decir, una persona de la calle, del barrio, que ponga en el centro la vida, los intereses de los más, de la gente, se vuelve una necesidad en un mundo donde el capitalismo neoliberal se ha mostrado en todo su esplendor como máquina de destrucción masiva.

Yo espero que este domingo Barcelona pueda darnos la alegría que hace cuatro años muchos y muchas sentimos cuando vimos que, aquella activista que ponía el corazón, la cabeza y el cuerpo para defender los derechos de la gente, sería la próxima alcaldesa de Barcelona. En este mundo donde los grandes capitales solo aspiran a acrecentarse cada vez más aun en contra de la vida misma, que alguien como nosotras, de los “ningú”, vuelva a gobernar una ciudad como Barcelona poniendo en el centro a la gente, es una necesidad para renovar la esperanza, para dar aliento a muchísimas personas de todo el mundo que luchan por hacer posible otra forma de vivir la vida, por cambiar al mundo. Mis ojos, como sé que los ojos de tantas personas, voltearán a ver que pasa en Barcelona. Mi corazón está con Ada y con Barcelona en Comú, con aquella voz de los abajo. Ojalá gane la Filla del Guinardo. Lo necesitamos.

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