La trasgresión, el reggaetón y Ocesa: una charla con Julián Woodside

Texto y fotos: Yair Hernández

 

Una voz experta al opinar sobre los procesos, fenómenos y expresiones musicales que existen en el país es la de Julián Woodside; por años este investigador, crítico y académico mexicano ha diseccionado los sucesos sonoros que nos rodean a través de artículos expuestos en diversas revistas y libros.

Un fanzine en la universidad: ahí fue la primera vez que Julián vio su nombre plasmado como responsable de varios párrafos relacionados con lo sonoro. Ahí también descubrió y externó que muchos de los contenidos que se manejan en los medios musicales nacionales son réplicas de lo que sale en revistas como NME o Alternative Press.

Por eso se puede afirmar que desde joven, en esos años mozos cursando la carrera de Comunicación social en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) plantel Xochimilco, Jarret Julián Woodside Woods (Ciudad de México, 1982) desarrolló una postura crítica que lo ha vuelto una fuente experta en temas relacionados con el sonido, la identidad y los medios de comunicación.

Estos criterios – siempre investigados y argumentados –  han llevado al también maestro en Historia Cultural a ser pluma en medios como Switch, Warp Magazine, Indie Rocks!, Marvin y DJ Concept; a ejercer la docencia en instituciones como la  Universidad del Claustro de Sor Juana y el Centro de Estudios en Ciencias de la Comunicación; a investigar para las agencias BMC Innovation y LEXIA Investigación Cualitativa; y a dictar ponencias y formar parte de paneles relacionados con aspectos sonoros, semióticos y culturales.

Entonces, resulta interesante sumergirse en las opiniones y panoramas sobre temas actuales del que ahora ha dejado – momentáneamente – los artículos periodísticos para priorizar un doctorado en Literatura Comparada y una investigación que pretende volverse un libro.

 

Algo tan cotidiano que obviamos

Actualmente Julián está inmerso en una investigación sobre la historia del videoclip en México. La chispa de este proyecto le llegó durante una de sus clases en el Claustro: Hermenéutica de la imagen y lo sonoro. Ahí les pedía a los alumnos que llevaran ejemplo de comerciales, cortometrajes o videoclips mexicanos para analizar. Entonces, en una de esas sesiones, un estudiante le dijo: ‘No había pensado que hubiera tantos videoclips en México’. Julián tampoco lo había pensado y decidió hacerlo.

Poco después de esa chispa, su tutor de la licenciatura, Lauro Zavala, lo invitó a colaborar en un libro colectivo sobre cine musical latinoamericano, pero en lugar de hacer un estudio de caso Woodside pidió escribir sobre la historia del videoclip en el país. Pronto se dio cuenta que el material daba  para hacer un libro.

“El objetivo fue buscar quiénes fueron los pioneros del videoclip en México como industria”
“Ha sido difícil entrevistar a los directores, hay algunos como Fernando Eimbcke que nunca responden. Y, sobre todo, rastrear quiénes han hecho tal videoclip; la primera etapa de empezar a rastrear fue complicada pero de ahí el objetivo fue buscar quiénes fueron los pioneros del videoclip en México como industria y quiénes fueron los artistas que hicieron los primeros videoclips, que terminaron siendo Juan Gabriel y José José”, revela el investigador desde su departamento en la colonia Narvarte.

Básica, de Luisa Almaguer; Luz Verde, de Madame Récamier; Vicio, de Baltazar; Wide Open, de The Chemical Brothers; Smack my bitch up, de The Prodigy; Behind the sun, de los Red Hot Chilli Peppers; y el mediometraje Revés, de Café Tacuba, son vídeos del gusto de Julián que ha revalorizado a partir de su investigación: “Es algo tan cotidiano que obviamos. El videoclip nos marcó a nosotros como generación durísimo. De repente pensamos que la época de oro del videoclip ya paso cuando en realidad esta es la verdadera época de oro del videoclip: ya no hay censura, se están explorando nuevas formas creativas, temas de género y otras cosas que en los 90 eran difíciles que pasaran”.

“De repente hay vídeos de artistas pop que no pelamos en su momento y resultaron ser pioneros en el uso de animación por computadora o cosas así; el director que hizo el vídeo Azúcar amargo, de Fey es de los pocos que hizo animación por computadora en los noventa. Ha sido bonito ver con otros ojos ciertos videoclips que tal vez por la cultura visual que tenemos no nos fijamos tanto en lo técnico”.

 

Lo más transgresor es dar una opinión

“Hay personas que se las dan de muy transgresoras en el punk, en el noise y el arte sonoro, pero en realidad están reproduciendo formas de hace 30 años”, piensa Woodside.

Para él lo trasgresor en un contexto nacional (enfocado en lo musical) es “aventarse a dar una opinión no por quedar bien sino porque se cree; en países como México donde el desentonar con la opinión pública genera incomodidad, eso es trasgresor. En su momento El Komander y el Movimiento Alterado, si bien era una apología a la violencia, reflexionaba y era un comentario sobre cómo se vivía la violencia en México. Y terminaba siendo más trasgresor que bandas de rock preocupadas por salir bien en equis foro”.

“Mucho del trap y del reggaetón para los rockeros termina siendo trasgresor; está removiendo muchas cuestiones morales que terminan siendo formas de expresión trasgresoras a pesar de que son populares”.

Ahondando en el reggaetón y su repercusión actual en la sociedad mexicana, para el académico es un tema que tiene que ver con cierto arribismo y clasismo por parte de la clase media y la clase enfocada al fomento de la industria: “El reggaetón es un estilo musical que materializa y potencia esta identidad latinoamericana desde lo musical y a mucha gente le genera rechazo.  Pero, ¿qué valores están potenciando? Yo creo que son: la liberación, eso de pasarla bien, temas que tienen que ver con la sexualidad y, hasta cierto punto, la trasgresión y la rebeldía. ¿Dime qué bandas de rock que no reproduzcan clichés de hace diez años están diciendo algo con lo que digas ‘Me identifico con este discurso’? El rock se volvió muy intelectual de alguna manera. El pop dejó de ser divertido; está siendo muy meloso, demasiado nostálgico”.

El reggaetón ha enfrentado la crítica de ser sexista y misógino. Julián lo exime de este señalamiento argumentando que “los géneros musicales no son sexistas; los artistas y el público son los sexistas. Entonces, hay sexismo en el rock, en el punk, en la electrónica, en el pop, en todos estos ámbitos como en el reggaetón y la banda. Hay que dejar de tener este cliché de que el reggaetón es misógino y escuchar las letras, de qué está hablando. ¿Por qué Despacito tuvo tanto éxito? Porque es una canción para pasártela bien con una sugerencia de sexualidad. Creo que va por ahí: que están apelando a sensibilidades, intereses, estéticas y valores contemporáneos”.

 

Hay que documentar lo que está pasando

Es innegable que diversos factores – clasismo, centralismo, racismo, corrupción y nepotismo, por mencionar algunos–  ocasionan que muchas expresiones culturales que se desarrollan en la República no tengan gran resonancia.

“Todo está completamente centralizado y hay tanto que documentas lo que tienes cerca y no ves lo que tienes en otros estados”
Para el actual colaborador de la revista callejera Mi Valedor y del blog La Zona Sucia, esto se potencia en una ciudad como la Ciudad de México donde “todo está completamente centralizado y hay tanto que documentas lo que tienes cerca y no ves lo que tienes en otros estados. Entonces, ponte a pensar como público: si ves los medios y no te dicen lo que hay local, que en la otra cuadra hay un toquín que te puede interesar, estás a la expectativa de artistas de otras latitudes. Eso genera que haya poca documentación tanto histórica como contemporánea”.

“Es eso; es una falta de documentación, de preparación; cosas que hacen que como periodista no tengas una rigurosidad y termines hablando de lo que te gusta y no te gusta sin una postura crítica. O hablas de lo que pasa en otros países porque tienes más información que de lo de acá, por eso le das más prioridad a lo que tú sí sabes. Me di cuenta de eso cuando empezaba a escribir en varias revistas: que no conocía mi fuente”.

Pero la postura de Woodside ante el periodismo musical que se ejerce en el país no es pesimista. De hecho encuentra valiosas las plumas de gente como David Cortés, Natalia Cano, Ricardo Pineda, Enrique Blanc y Erich Mendoza. “Creo que desde el boom de los blogs ha habido gente más especializada en géneros locales, se ha permitido más la documentación, pero falta generar reportajes mucho más ricos que se salgan de lo anecdóticos y generen fuentes, documentación”.

“Un medio debería tener una postura más transversal en ese sentido pero entender que no se trata de un adoctrinamiento”

Ante el cuestionamiento de qué deben realizar los medios para no volverse obsoletos y obtener una valía general, no solo de nicho, Julián cree que deben “reconocer que en el mainstream está el reggaetón pero que también tuviera espacios para el metal, la electrónica y generar esos vínculos; que tuviera a J Balvin en portada y decirle: ‘¿Te gustaba el punk? Platícame de eso’. Vincular. O a una Paty Cantú que puede ser hiper mainstream pero resulta que va a Coachella, le gusta esa música. Hay elementos valiosos que se están dejando que permitirían expandir el alcance a otro público. Un medio debería tener una postura más transversal en ese sentido pero entender que no se trata de un adoctrinamiento; no es decir: ‘Esto es bueno y esto es malo’. Hay que documentar lo que está pasando, no lo que quisiéramos que pasara”.

 

Conceptos

Ante ciertos conceptos, Julián da su definición:

 

Pop en México

“Por un lado es una práctica de una industria mainstream con una estética particular vinculada a ciertas radiodifusoras y televisoras. Por otro lado, pop entendido como lo popular: Caifanes, Juanga, El Recodo, Belanova, Paulina Rubio y Luis Miguel. Todo eso que nos hace, que es parte de la cultura popular y con lo que crecimos. Que tiene que ver también con el Chavo del 8 y la Hora marcada. Toda esta industria del entretenimiento que nos conforma pero que al momento de detenernos a pensar sobre eso, lo menospreciamos y lo vemos como algo chafa cuando en realidad es algo que está más inmerso en nosotros de lo que creemos”.

 

Ocesa

“Diría El enemigo pero entre comillas porque también es la contraparte: nos ha permitido vivir muchas situaciones musicales que de otra forma no viviríamos: el mismo Vive Latino – que es una construcción identitaria – u otras producciones de calidad internacional. Pero al mismo tiempo ha caído en prácticas monopólicas, temas de sabotaje que no se han documentado. Ocesa es un monstruo que podría ser un mal necesario para modernizar pero hoy en día tampoco entienden que se están disparando en el pie de muchas formas; que por querer acaparar demasiado están bloqueando otras dinámicas, están bloqueando a otros promotores”.

 

Machismo en el entorno musical nacional

“Algo sumamente preocupante que seguimos sin comprender, sin dimensionar. Es interesante ver como se les hace menos reconocimiento a las periodistas mujeres, por ejemplo: Natalia Cano, Olivia Luna y, con todos los pesares que podría tener, Patricia Peñaloza. Hay mucha gente que ahí está… Zazil Collins, Claudia Jiménez; tengo miedo de que se me olviden nombres valiosos pero hay muchas mujeres que no se les reconoce, que ya en la práctica están a la sombra de otros. Que los foros, carteles de festivales, manejos editoriales y contenidos terminan siendo clubes de Toby; es preocupante que del primer Vive al pasado Vive haya en proporción menos mujeres participando. Que en casos de violencia de género como lo de Los Explosivos, los editores de los medios dijeron: ‘Estos son chismes’. Y no, es parte de un problema de la industria que no ha sido abordado. Ese tema y el de la corrupción. Que no digo que nadie se atreva a decirlo pero el ruido es más en redes sociales que en artículos periodísticos”.

 

Caifanes

“Es mi banda favorita y un fenómeno muy interesante porque es una banda no tan divertida como lo podría ser Maldita Vecindad u otros artistas, pero, por el manejo mediático y lo que representaron en su momento, consolidó algo sumamente cabrón; no he ido a un solo concierto en mi vida donde la gente cante cada palabra de cada canción como ocurrió con Caifanes cuando se reunieron para el Vive Latino. Eso lo guardo en la memoria. Es una banda que quiero muchísimo, que musicalmente creo no hemos dimensionado todo lo que propuso y evolucionó, pero ahorita creo que han sido muy egoístas, que podrían darle espacio a nuevas bandas. O sea, que sigan haciendo ese ruido, capitalizándolo, pero deberían revalorarse e incluso darle espacio a bandas emergentes como para generar ese vínculo que en su momento el mismo Saúl (vocalista de Caifanes) me lo dijo: la industria tiene que ver de manera transversal. Ellos, que tienen todo el poder para hacerlo, no lo están haciendo”.

 

Para consultar el trabajo de Julián Woodside: http://julianwoodside.com/


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