¿Y si pensamos en una democracia no electoral?

#VueltayVuelta es una columna de Carlos Aguirre en Tercera Vía


Una de las máximas deficiencias de la discusión pública en nuestro país es que en todo momento y en todo lugar, pensamos en la democracia como un mecanismo electoral y bajo ese concepto el gobierno entrante se ha refugiado: ¿no vieron los millones de votos?, ya ganamos, relájense. Y múltiples expresiones del estilo, como si la democracia electoral fuera lo único que nos define. Tampoco lo es ni la representativa ni la participativa. Es difícil pensarlo así, en un país donde aún caminamos hacia la consolidación de la democracia.

Lo analiza bien Amparo Casar en Nexos, la política social de la 4T está plagada de asistencialismo y está diseñada para pensar en las elecciones de 2021 y 2024. Sí, tiene razón, pero también hay razón en que la desigualdad y pobreza en nuestro país necesita soluciones inmediatas, prontas y expeditas. Entonces el debate no debería ser si asistencialismo o no, sino uno más profundo que eso. ¿El asistencialismo es necesario?, ¿con contralorías ciudadanas podemos frenar el uso político de los programas sociales?, ¿cómo empoderamos a la ciudadanía para que un programa social no los presione para participar en la vida electoral?, ¿qué política social necesitamos para reducir la desigualdad y la pobreza?

Es complejo, necesitamos liderazgos políticos, culturales y académicos que dejen de pensar en las elecciones: ahí está el principal reto. Es complejo que los actores políticos saquen de su cabeza la siguiente campaña, en nuestro país es su naturaleza, la política se ha convertido en la conquista del poder, solo por conquistarlo. Olvidar la democracia electoral significaría para estos actores, olvidar quizá, su ascenso en la carrera política, enfocarse en construir una democracia eficiente, con contrapesos, controlada y que sobre todo aumente la calidad de vida de las personas es un sacrificio que necesita demócratas.

Pensemos en los líderes políticos, académicos o sociales que pudieran dejar de pensar en la siguiente elección para en realidad construir una democracia más sólida y un país más justo. Todos los que me vienen a la cabeza con ese liderazgo, aparecen en las preferencias para la siguiente elección, saturan sus redes sociales con sus actividades cotidianas y su mente se encuentra en la campaña. En política, dicen los simplistas, todo es sobre las campañas.

¿Qué modelo político debemos diseñar?, ¿qué hay que modificar? La gran batalla es cultural, no normativa ni jurídica. No mediática ni de likes. Paradójicamente, quienes afirman que la 4T es un evidente gatopardismo, donde cambió todo y todo siguió igual no se descubren igual a la oposición de antes, no se descubren como opción diferente y posible, no se descubren frescos y se descubren solamente pensando en la siguiente elección igual que el gobierno en turno, ellos también son gatopardismo.

El país no se puede permitir una clase política y gobernante con esos objetivos tan pequeños.


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