Vamos a debatir la idea de reelección

El periodista Enrique Toussaint escribió acertadamente que hemos dejado los debates de fondo solo en a favor o en contra del presidente, y ese es el caso del debate de la reelección. Una discusión que por cierto, es evidente que beneficia al presidente.

Esto lo han dejado muy claro los expertos en comunicación como Lakoff que cuando escribió “No pienses en un elefante” lo escribió pensando en estrategias de comunicación como la de AMLO, que nos enmarca en la discusión de la reelección repitiendo constantemente el tema pero de la mejor manera posible para él. Por supuesto él desconociendo su voluntad de reelegirse y utilizando la figura retórica de la paralipsis, que no es otra cosa que decir sin decir, evadir un tema pero siempre traerlo a la mesa: para muestra el botón de la carta antireelección donde se prueba la intención de esta estrategia. El marco está puesto, los analistas, la comentocracia y las mesas de debate abundan en la materia. Esta idea la profundiza más Luis Espino en Letras LIbres.

Sin embargo, quedarnos con esa idea de que es voluntad de AMLO de que hablemos de reelección y la tengamos en el debate porque desea reelegirse no es más que seguir en la narrativa de amigo-enemigo a la que nos ha orillado el presidente; o estás a favor de la reelección o en contra. No hemos empezado a debatir sobre una reforma política que no se enfoque en lo electoral, esa prueba ya la tenemos superada, sino en mecanismos de rendición de cuentas, en construcción de la democracia fuera de las elecciones.

Quizá para esa discusión necesitemos discutir la reelección como se hizo en la reforma 2014 a nivel legislativo y ejecutivo municipal, y discutir también la reelección de la figura presidencial. La discusión se ha quedado en niveles absurdos sobre que la revocación de mandato en 2021 es el primer paso para la reelección indefinida del presidente. Si construimos debates parlamentarios sanos, con ciencia y con datos quizá podamos descubrir que la reelección inmediata en el poder ejecutivo es sano para la democracia, que la revocación de mandato solicitada por la ciudadanía no por el gobernante es sana también y que eso no significa irnos a Venezuela o Cuba.

Si la oposición se asumiera en el papel histórico que tiene de construir opciones rumbo a las elecciones intermedias, elecciones locales y la grande de 2024, aunque AMLO se postulara para reelegirse estaríamos hablando de una democracia sana. Hoy no estamos ante ese escenario discursivo, estamos discutiendo sobre si con la ocurrencia del señor presidente por la mañana, ese día dormiremos como en Venezuela o como en Finlandia, o porque en una dependencia decidieron eliminar una frase demócrata de hace 109 años ya estamos cerca de Cuba.

Cuando Madero se pronunció por el sufragio efectivo, Porfirio Díaz era un promotor de la esclavitud, no había instituciones electorales confiables, no había oposición institucionalizada, medios de comunicación libres y masivos, universidades públicas y privadas de libre pensamiento e investigación. Bajo ese contexto era fundamental terminar la época de la reelección, porque no existía la oportunidad de emitir un sufragio libre.

Hoy los debates deben ser otros; ¿Acortar el periodo presidencial?, ¿ampliar el rango de edad para emitir un voto?, ¿reelección presidencial inmediata?, ¿democracia interna en los partidos?, ¿mecanismos de rendición de cuentas para que ciudadanos puedan solicitar la revocación de mandato?, ¿mecanismos de participación ciudadana?, ¿hacer las consultas populares más accesibles?, ¿candidaturas independientes mixtas?, ¿voto familiar?

Hace unos meses hay quienes anhelaban que Obama pudiera reelegirse por su tercer período consecutivo en lugar de Trump o que hubiera existido la revocación de mandato en el período de EPN.

Todo depende del matiz, por eso es mejor llevar las discusiones a la vuelta y vuelta, con calma y debate serio.


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